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Tag: Aprendizaje

  • Proyecto socioambiental planea tu plato y cuida al planeta

    Proyecto socioambiental planea tu plato y cuida al planeta

    Reseña del proyecto de titulación de Charlotte Brum Bezié. Generación 2023. Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente.

    Contexto y problema socioambiental

    En un mundo donde 800 millones de personas padecen hambre y 2 mil millones sufren desnutrición (FAO, 2022), la pérdida y el desperdicio de alimentos aparece como una contradicción alarmante, ya que se estima que más del 30% de los alimentos producidos en México se pierden o se desechan en las distintas etapas de la cadena alimentaria (FAO, 2019). Esta situación no sólo pone de manifiesto la crisis y que existe un panorama de ineficiencia sistémica sino también de profundas desigualdades sociales, económicas y ambientales.

    El desperdicio ocurre desde la producción rural y agrícola hasta el consumo en el hogar, y tiene múltiples causas: pérdidas debidas al clima, fallas en la infraestructura, exigencias estéticas excesivas o malas prácticas de consumo como las compras por impulso o el almacenamiento deficiente de los alimentos. En una vertiente social, se agrava la crisis ecológica y si el desperdicio alimentario fuera un país sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero (GEI), solo detrás de Estados Unidos y China (FAO, 2007).

    Lai, O. (2021, 22 de noviembre). Food waste stages [Traducción propia]. Earth.org.
    *Captura de pantalla del canal de difusión bye bye food waste de @noseaswaste
    Champions 12.3. (2014). Las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la pérdida y el desperdicio de alimentos se acercan a los niveles del transporte por carretera [Infografía, traducción propia]. Instituto de Recursos Mundiales y PNUMA.

    La propuesta del proyecto

    “Planifica tu plato y cuida al planeta” es una propuesta educativa de carácter digital. El propósito es cambiar la relación cotidiana con la alimentación de una forma práctica, fácil y sostenible, que está destinada a la comunidad de “ecoamixes” que forma parte de la cuenta @noseaswaste de Instagram y que pretende fomentar la creación de contextos que ayuden a combatir el desperdicio alimentario desde los hogares.

    Por medio de contenidos compartidos en las distintas redes sociales y desde el canal de difusión de estas prácticas, bye bye food waste, se proponen acciones concretas como planificar la compra semanal, optimizar el uso de los ingredientes, conservar adecuadamente los alimentos o incluir el compostaje en la rutina doméstica. Estos contenidos —reels, publicaciones, stories o materiales cocreados con personas expertas— están enfocados en acompañar y motivar el cambio desde lo cotidiano.

    Más que información, propone generar experiencias de aprendizaje que defienden la cocina como un lugar donde cuidar, transformar y desplegar la creatividad. Desde una perspectiva sistémica, colaborativa y comprometida, propone una cultura alimentaria vinculada con el respeto por los ingredientes, la alimentación y el planeta a través del conocimiento formando en comunidad.

    Imagen. Collage del sueño en común. Fuente: Elaboración propia (2024)

    Objetivos específicos

    • Potenciar la elaboración consciente de las compras y de los alimentos,  mediante el diseño de menús semanales, la elección de los ingredientes de temporada y la elaboración de las listas de compra. Esto pretende prevenir las compras impulsivas y los excesos de cantidad.
    • Impulsar las habilidades prácticas para la correcta y adecuada elaboración y almacenamientos de los alimentos. Esto puede mejorar la conservación,  desinfección y compostaje, para evitar el desperdicio de productos alimenticios y reducir la generación de residuos orgánicos.
    • Aumentar la elaboración casera de los alimentos, desde la utilización de ingredientes frescos y de temporada  así como el aprovechamiento de  los restos. Así se evitaría el desperdicio de ingredientes, fomentando el espacio creativo y el disfrute en la cocina.
    • Mejorar la relación de las personas con la comida, incluyendo la alimentación consciente, para enlazar el acto de comer con el autocuidado, el bienestar emocional y el cuidado de los recursos naturales.

    Teoría de cambio o propuesta sistémica

    “Planea tu plato y cuida al planeta” es una invitación a repensar la forma en que nos relacionamos con los alimentos. Más que una campaña, es un esfuerzo por cambiar hábitos desde lo cotidiano, con especial enfoque en la comunidad digital que se identifica como “ecoamixes”. La propuesta no busca soluciones rápidas, sino sembrar poco a poco una nueva forma de ver, preparar y aprovechar la comida, con el objetivo de evitar que tanta termine en la basura.

    La idea nace de experiencias que han funcionado en otros contextos y que, además, están respaldadas por estudios. Puede ser parte de algo muy simple pero poderoso: cuando la gente recibe información clara y útil —ya sea a través de redes sociales, como en Instagram, o por canales como “bye bye food waste”—, es más fácil que se anime a probar cosas nuevas, como hacer su propio compostaje, armar un pequeño huerto, organizar mejor sus comidas o aprender a conservar los alimentos de forma más eficiente.

    Lo que proponen iniciativas como @hagamos_composta o la campaña británica Love Food Hate Waste no es algo lejano ni complicado. Al contrario, muestran que pequeños cambios, hechos con intención, pueden marcar la diferencia. Y que sí, cada persona, desde su cocina, tiene el poder de generar un impacto positivo en el planeta.

    Cuando una persona empieza a tomar conciencia del impacto que tiene lo que come y lo que tira, eso se vuelve un punto de partida para cambiar costumbres. No es algo que pase de la noche a la mañana, pero sí se nota cuando ves ejemplos como @antojista o @cerosobras. Ellas enseñan, sin complicaciones, de manera sencilla y hasta creativa para sacarle provecho a los ingredientes y a lo que normalmente acabaría en la basura.

    Y así, sin darse cuenta, la gente empieza a hacer cambios en su día a día: planean mejor lo que van a comprar, eligen productos de temporada, cocinan con lo que ya tienen en casa y hasta se animan a separar sus residuos para hacer composta. Son hábitos que, con el tiempo, hacen una diferencia real.

    Gracias a eso, se desperdicia menos comida, se contaminan menos los suelos y el aire, y se cuidan recursos que ya no sobran, como el agua. Según la FAO, tirar comida representa entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, así que sí, cada acción cuenta.

    Cocina, comunidad y transformación desde lo personal

    Pero lo más valioso es que este cambio también toca lo personal. Comer con más conciencia no solo mejora nuestra salud física, también nos hace sentir más conectados con lo que comemos, con quienes cocinamos y con quienes compartimos la mesa. De acuerdo con Nelson (2017), esto va más allá del plato: mejora nuestra relación con la comida y con quienes nos rodean.

    Lo interesante es que esto no se queda en lo individual. Cuando alguien comparte lo que aprende y lo que va aplicando, empieza a formar parte de una red que inspira, que contagia. Así se construye una cultura colectiva basada en el cuidado, en ser creativas y en estar más conectadas entre nosotras.

    Detrás del proyecto hay un mapa que ayuda a entender por qué tiramos tanta comida: desde la presión por seguir dietas estrictas, hasta el ritmo acelerado con el que vivimos o el simple hecho de no tener tiempo para pensar en lo que comemos. Para darle forma a esta iniciativa, también se sumaron mujeres expertas en nutrición, cocina, psicología, composta, comunicación y educación. No están solo como consultoras: crean contenido, facilitan talleres, acompañan el proceso. Gracias a ellas, este esfuerzo no se queda estático. Se adapta, crece y sigue aprendiendo con cada paso.

    Resultados y aprendizajes adquiridos: evidencias de la transformación

    El impacto a partir de la puesta en marcha de esta comunidad de aprendizaje se evidencia en resultados concretos:

    • Un creciente interés en los temas abordados se refleja en el incremento significativo que se ha observado en la participación de la comunidad a través de comentarios, “me gusta”, mensajes directos y contenido compartido.
    • Diversas integrantes de la comunidad han comenzado a compartir sus propias recetas, consejos y reflexiones sobre alimentación consciente. De esta manera, muestran una real apropiación de los aprendizajes y una activa transformación de sus hábitos.

    Etapas siguientes

    Estén atentos mediante Instagram a los siguientes proyectos de Charlotte, donde se darán a conocer avances, contenidos educativos y modos nuevos de participar en esta comunidad que quiere cuidar el planeta, reconectar con la comida y con ellas mismas <3.

    Las opiniones expresadas en este artículo son de  exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del  Medio Ambiente.

  • Pensamiento visual, una alternativa de aprendizaje

    Pensamiento visual, una alternativa de aprendizaje

    Una reflexión sobre neurodiversidad en mi paso por la Universidad del Medio Ambiente, UMA

    A lo largo de mi proceso de aprendizaje en la UMA, he atravesado por  un profundo reconocimiento de identidad, además me ha hecho entender las diversas formas sobre cómo percibo, proceso y estructuro la información. Un descubrimiento clave estas últimas semanas, después de dos intensos semestres asistiendo a los talleres presenciales,  ha sido  darme cuenta de que pienso y aprendo en imágenes, lo que ha implicado un cambio radical en la forma en que entiendo el mundo, un quiebre con las ideas y métodos previos. Esto me lleva a adoptar una nueva perspectiva  reconfortante ante los desafíos y adaptaciones en un mundo diseñado principalmente para el procesamiento verbal y auditivo.

    Principio del Pensamiento Visual:

    El pensamiento visual es un rasgo que se observa en muchas personas neurodivergentes, por lo que no es exclusivo del autismo. Se trata de procesar la información principalmente a través de imágenes mentales en lugar de palabras o conceptos abstractos. Temple Grandin (1995), una de las voces más reconocidas en autismo, ha reflexionado extensamente sobre esto en su libro Thinking in Pictures. Grandin describe cómo su mente funciona como un catálogo de imágenes detalladas que le permite visualizar soluciones a problemas de manera única.

    Diferenciadores neurodiversos: 

    • Procesamiento visual en lugar de verbal

    Muchas personas neurodivergentes piensan en imágenes antes que en palabras. Cuando escuchan una palabra o idea, evocan una serie de imágenes mentales relacionadas en lugar de conceptualizar con lenguaje interno.  Ejemplo: Si se dice “gato”, una persona neurotípica puede pensar en el concepto abstracto de la palabra gato, mientras que alguien con pensamiento en imágenes podría visualizar un gato específico que ha visto antes, con detalles como su color, textura y comportamiento.

    • Memoria visual (fotográfica) detallada

    La memoria de las personas con pensamiento en imágenes suele ser más vívida y detallada. Pueden recordar lugares, rostros o patrones con una precisión impresionante.  Esto puede facilitar habilidades en áreas como diseño, ingeniería, mecánica, arte o cualquier campo donde la visualización sea clave.

    • Dificultades con conceptos abstractos

    Mientras que algunas personas autistas sobresalen en pensamiento visual, pueden tener dificultades con ideas abstractas o lenguaje figurado. Ejemplo: Frases como “se me fue el avión” pueden interpretarse literalmente, ya que no generan una imagen clara en la mente.

    • Solución de problemas no lineal

    En lugar de seguir una línea de pensamiento secuencial o lógica tradicional, las personas con pensamiento en imágenes pueden “ver” múltiples soluciones a la vez. Pueden construir modelos mentales de problemas y soluciones sin necesidad de escribirlas o describirlas verbalmente.

    Un ejemplo práctico alineado a mi experiencia en la Maestría de Proyectos Socioambientales:

    Ahora que me enfrento al reto de diseñar un espacio comunitario sostenible, mi proceso de pensamiento sigue un camino distinto al de quienes estructuran sus ideas a través de palabras y conceptos abstractos. En lugar de eso, mi mente opera como un lienzo donde las imágenes y esquemas tridimensionales toman forma de inmediato. Antes de poder escribir una sola palabra, mi mente ya había construido una representación visual del espacio, imaginando la disposición de jardines, áreas de descanso y puntos clave para la interacción social. No solo veo los elementos por separado, sino que percibo cómo se podrían interconectar en un sistema dinámico y armónico.

    Este enfoque visual, en la mayoría de las ocasiones, no sólo me permite la comunicación de la idea de otra manera, sino que me permite detectar mejoras, prever problemas de distribución y encontrar soluciones de manera más intuitiva. Al plasmar el diseño en imágenes, puedo comparar patrones con experiencias previas y realizar ajustes de forma casi instantánea. Es un proceso similar que puedo asociar a mi forma de aprender a tocar un instrumento de percusión: al observar videos de ejecución, mi cerebro capta los patrones de movimiento y ritmo de manera más efectiva que si simplemente leyera una partitura técnica. Así como el aprendizaje musical se interioriza mediante la observación y la repetición visual de secuencias, el diseño de un espacio se me facilita cuando lo construyo desde la imaginación gráfica y la experimentación mental.

    Redescubriendo mi Forma de Aprender a Través de la Música

    Mi experiencia personal se enriqueció cuando, en la UMA, en el eje de Agencia de cambio, dentro del laboratorio de desarrollo autodirigido de habilidades, me embarqué en el aprendizaje del steel drum, un instrumento armónico musical de percusión. El aprendizaje clave que observé de mi manera de aprender  fue el asimilar que los patrones melódicos me resultaban más sencillos al ver videos de personas tocando el instrumento, en lugar de seguir instrucciones verbales o partituras. Este descubrimiento a su vez, evocó recuerdos de mi infancia, cuando aprendí a tocar el tambor de la banda de guerra sin instrucción formal y sin pertenecer a la banda de guerra, simplemente observando los ensayos de la banda y replicando los movimientos durante mis tiempos libres en la escuela.

    Este descubrimiento me llevó a una profunda reflexión: ¿cuántos de nosotros habremos tenido que abandonar nuestra forma natural de aprender y comprender el mundo, esa que empleamos en la infancia? Sospecho que la mayoría. Alison Gopnik, en su obra “El Bebé Filosófico” (2009), aborda precisamente esta capacidad innata de los niños. Gopnik sostiene que “los niños son pensadores visuales naturales. Construyen imágenes mentales que les permiten dar sentido al mundo y resolver problemas intuitivamente”.

    Esta afirmación de Gopnik resonó en mí con fuerza. Me llevó a considerar que, a medida que crecemos, quizás perdamos o suprimimos esta habilidad fundamental. La educación tradicional, con su énfasis en el pensamiento lineal y lógico, podría estar contribuyendo a esta pérdida. Al alejarnos del pensamiento visual, ¿acaso estaremos renunciando a una herramienta poderosa para la creatividad y la resolución de problemas?.

    El Reto de Traducir Información en Imágenes

    Aunque el pensamiento visual ofrece ciertas ventajas, también presenta desafíos en entornos donde predomina el aprendizaje verbal y escrito. Escuchar largas explicaciones o leer textos extensos sin apoyos gráficos demanda un esfuerzo adicional para transformar esa información en imágenes mentales. Por ello, he estado en la búsqueda de adoptar estrategias más visuales como la creación de esquemas, mapas conceptuales, el uso de diagramas y la búsqueda de videos explicativos para hacer la información más accesible a mi forma de procesarla.

    Perspectiva de los Tipos de Inteligencias y el Pensamiento Visual

    La teoría de las inteligencias múltiples, propuesta por Howard Gardner (1994), revolucionó nuestra comprensión de las capacidades humanas al desafiar la concepción tradicional de la inteligencia como una habilidad única y generalizada. Según Gardner, no existe una sola manera de ser “inteligente”. En cambio, cada individuo puede desarrollar múltiples tipos de inteligencia, como la lingüística, lógico-matemática, musical, intrapersonal, interpersonal, naturalista, y kinestésico-espacial, entre otras.

    El pensamiento visual  no solo se refiere a la capacidad de ver imágenes en la mente, sino a la habilidad de organizar, transformar y comprender la información a través de imágenes. Esta forma de cognición permite a quienes piensan visualmente no solo recordar detalles con gran precisión, sino también resolver problemas de manera creativa y conectar ideas que a menudo permanecen dispersas en formatos verbales o abstractos.

    Avanzando hacia enfoques más inclusivos

    Dentro del contexto académico, agradezco a la UMA el interés de adaptar los entornos de aprendizaje para que se reconozca y fomente una diversidad de estilos cognitivos. A medida que la educación avanza hacia enfoques más inclusivos, resulta fundamental que más educadores consideren las distintas formas de aprender y comprendan que, al igual que las inteligencias múltiples, no todos los estudiantes procesamos la información de la misma manera. Mientras que algunos pueden destacar en el análisis lógico de problemas complejos, otros podemos comprender los mismos conceptos de manera más efectiva cuando se nos presentan a través de representaciones visuales o actividades kinestésicas. En este sentido, las estrategias pedagógicas deben ser tan diversas como los tipos de inteligencia para que cada estudiante pueda aprender de manera eficaz y alineada con sus fortalezas cognitivas.

    Este enfoque inclusivo no solo podría mejorar la experiencia de aprendizaje, sino que también nos prepararía para un mundo que valora las habilidades multifacéticas. La combinación de pensamiento visual y la integración de las inteligencias múltiples pueden ser particularmente poderosas en disciplinas como la sostenibilidad, en la que se requiere creatividad, resolución de problemas complejos y una comprensión holística de los sistemas.

    Ilustraciones del libro: The girl who thought in pictures. Escrito por Julia Finley. Posted by Raising My Little Superheroes

    Reconociendo la Diversidad: Una Analogía entre Personas y Ecosistemas

    La sostenibilidad no solo se aplica a la preservación de los recursos naturales, sino también a la creación de ambientes donde las distintas formas de vida, tanto humana como no humana, puedan coexistir de manera armónica. En el eje académico de sostenibilidad de la UMA, uno de los pilares más importantes que he reconocido es el de la diversidad en los ecosistemas. Aprendemos que la diversidad biológica no es solo un aspecto deseable, sino esencial para la salud y la resiliencia de los ecosistemas. Cada especie cumple una función vital dentro de su entorno y es la interacción entre estas especies la que genera un equilibrio que permite la supervivencia y adaptación frente a desafíos.

    Este principio, que observamos en la naturaleza, también tiene un paralelo en nuestras comunidades y entornos de aprendizaje. Al igual que un ecosistema saludable depende de la diversidad de especies para prosperar, nuestras sociedades y comunidades de aprendizaje pueden florecer aún más cuando reconocemos y valoramos las diferencias individuales. En el contexto educativo, la diversidad cognitiva—es decir, las diferentes formas de pensar, procesar información y abordar problemas—puede ser una riqueza invaluable. Cada mente única aporta una perspectiva diferente que, al ser compartida y combinada con las perspectivas de otros, enriquece el entendimiento colectivo.

    En este sentido, el reconocimiento de la diversidad cognitiva debe ir más allá de un enfoque superficial o inclusivo; debe convertirse en un principio fundamental dentro de nuestras metodologías educativas y de colaboración. Al integrar estas diferencias, no solo enriquecemos nuestro conocimiento, sino que también construimos entornos más inclusivos, resilientes e innovadores.

    Conclusión

    Este viaje de autoconocimiento ha sido crucial no solo en mi formación académica dentro de la UMA, sino también en mi desarrollo personal. Redescubrir mi forma de aprender y comprender el mundo me ha permitido enfrentar de manera más efectiva los desafíos académicos y profesionales, optimizando mi energía y adaptando los métodos de aprendizaje a mi estilo cognitivo. Este proceso no ha sido solo un descubrimiento intelectual, sino también un camino hacia el entendimiento de mi neurodiversidad, lo que me ha permitido acceder a nuevas formas de aprender y conectar.

    Al compartir esta experiencia, invito a todos a reflexionar sobre su propia forma de procesar la información. Así como en los ecosistemas la diversidad biológica es clave para la estabilidad, la resiliencia y el progreso, en los entornos afectivos, educativos y profesionales, tener presente la diversidad cognitiva es esencial para fomentar la innovación y el crecimiento mutuo. Al reconocer nuestras diferencias cognitivas y valorar la forma única en que cada uno de nosotros contribuye al aprendizaje y al desarrollo social, podemos construir entornos más inclusivos, equitativos y enriquecedores, donde todos tengamos la oportunidad de crecer y aportar.

    Este enfoque no solo se limita al ámbito académico; se extiende a la vida familiar, profesional y comunitaria. La integración de diversas perspectivas y habilidades enriquece todos los aspectos de nuestra interacción con el mundo y es, en última instancia, lo que nos permitirá avanzar hacia un futuro más sostenible, justo y colaborativo.

    Referencias:
    • Alison Gopnik (2009). The Philosophical Baby: What Children’s Minds Tell Us About Truth, Love, and the Meaning of Life 
    • Howard Gardner (1994). Estructuras de la Mente. La Teoría de Las Inteligencias Múltiples (2a ed. en español). FCE México.
    • Temple Grandin (1995). Thinking in Pictures https://www.grandin.com/spanish/autismo.pensamiento.visual.html

     

    Por Hector David Arreola Rangel. Generación 2024. Maestría en Proyectos Socioambientales.

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.