La conversación sobre sostenibilidad en el sector de la construcción no es nueva, pero se ha intensificado en las últimas décadas ante la crisis climática global. Cada vez más se escucha hablar de las certificaciones sustentables o, específicamente, de las certificaciones de edificación sostenible. Sin embargo, sigue la duda de:
¿Qué son las certificaciones de edificación sostenible?
Son herramientas de evaluación que permiten medir y verificar el desempeño ambiental de un edificio en distintas etapas de su ciclo de vida: desde el diseño y la construcción, hasta su operación y mantenimiento.
Cada certificación establece sus criterios, tanto técnicos como metodológicos, para evaluar el desempeño y el impacto ambiental de cada edificio. Esto busca promover prácticas constructivas más responsables con el medio ambiente, más saludables para los ocupantes y más eficientes en el uso de recursos naturales y económicos.
Buscando en la Historia, ¿cómo iniciaron las certificaciones de edificación sostenible?
Surgieron como una respuesta a la preocupación sobre el impacto ambiental que aumentó a raíz de eventos catastróficos a nivel mundial.
Linea de tiempo – Elaboración propia
En los 60´s surgieron las primeras preocupaciones ambientales con la publicación de Primavera Silenciosa, de Rachel Carson. Esta publicación alertaba sobre el impacto de los pesticidas en el medio ambiente.
En 1986 ocurrió el desastre de Chernóbil en Ucrania, un accidente nuclear que liberó radiación masiva. Esto mostró los riesgos de la energía mal gestionada y aumentó la presión para establecer regulaciones ambientales y promover el uso de energías más seguras. Como resultado, en 1987 surgió el Informe Brundtland, también conocido como Nuestro futuro común. Fue elaborado por una comisión de las Naciones Unidad y presentado por la entonces primera minitra de Noruega, Gro Harlem Brundtland.
Estos antecedentes sentaron las bases para que, en 1990, surgiera el primer sistema de evaluación ambiental para edificios: BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Method) desarrollado por la organización BRE Global de Reino Unido.
En 1998, el U.S. Green Building Council lanzó el sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design). Este sistema se convirtió en un referente mundial en certificaciones de edificación sustentable.
Para la década de los 2000´s se dio un impulso global a las regulaciones de impacto ambiental. En 2005 entro en vigor el Protocolo de Kioto, el primer acuerdo internacional que estableció metas obligatorias de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para países desarrollados. Diez años después, en el 2015, se firmó el Acuerdo de París, en el que mas de 190 países se comprometieron formalmente a limitar el calentamiento global. Para lograrlo, debían implementar planes concretos de reducción de emisiones, con el objetivo de no superar los 1.5 °C.
Con el tiempo surgieron certificaciones como EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies) o WELL, cuyo enfoque va más allá del ahorro de energía. Estas se centran también el el bienestar general de los ocupantes.
¿Para qué aplicar una certificación?
Aspectos que intervienen en una edificación sustentable – Fuente: Arqdaily
Más allá del reconocimiento que ofrecen, las certificaciones funcionan como una guía estructurada para tomar decisiones sustentables en cada etapa del ciclo de vida del edificio. Desde la elección del sitio y los materiales, hasta el diseño de los sistemas de agua y energía, una certificación permite evaluar de manera integral el impacto de nuestras decisiones como arquitectos, desarrolladores o administradores de inmuebles.
En mi experiencia como consultora, uno de los principales beneficios de aplicar una certificación es que obliga a los equipos a tener conversaciones que muchas veces no se tendrían de otra manera. Por ejemplo:
¿Realmente necesitamos tanto estacionamiento?
¿Cómo optimizamos el diseño para aprovechar la luz natural?
¿Estamos considerando el costo de operación a largo plazo y no solo el costo inicial?
Además, en un contexto donde las regulaciones ambientales se están endureciendo y los inversionistas valoran cada vez más los activos sostenibles, las certificaciones se han convertido también en una herramienta estratégica de mercado.
Bibliografía
Carson, R. (1962). Silent spring. Houghton Mifflin.
BRE Group. (s.f.). BREEAM: Sustainable Building Certification. https://breeam.com/
Escrito por Ana Giselle Parada Rabell (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sostenible, generación 2025)Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
Conociendo a los Umanos surge con el objetivo de acercarnos un poco más a la vida de los docentes y comunidad UMA. Es interesante descubrir los caminos que han recorrido: ¿Cuál fue esa senda que atravesaron para estar hoy en día aquí? ¿Cómo ha sido esa búsqueda del propósito? ¿Qué viene en adelante para cada una/uno y para la UMA?
En esta segunda edición de Conociendo a los UMAnos, tuve la oportunidad de tener una charla virtual muy interesante con el Arquitecto Luis Fernando Guerrero Baca, referente en el campo de la arquitectura con tierra. Su carisma, entusiasmo y, sobre todo, su pasión por compartir el conocimiento hacen que conversar con él sea una experiencia emocionante y reflexiva.
Primeros encuentros con la tierra
Luis Fernando fue uno de nuestros profesores del taller de tierra del primer semestre de la maestría en arquitectura sostenible de la UMA. Aunque el tiempo compartido fue corto, alcanzamos a realizar pruebas para identificar la composición de diferentes tierras, fabricar adobes, completar parte de un muro en bahareque y reparar unas bancas utilizando la técnica del cob.
Para contextualizar parte de su trayectoria, comparto un apartado tomado del libro que escribió junto a Alejandra Caballero: Experiencias de Bioconstrucción. Conceptos generales y visiones desde México (2021), con algunos datos actualizados a la fecha:
“Arquitecto, Maestro en Restauración Arquitectónica y Doctor en Diseño con especialidad en Conservación y Restauración del Patrimonio Construido. Desde 1998, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt con Nivel III. Ha realizado investigaciones sobre tipología arquitectónica, teoría de la conservación del patrimonio, sistemas constructivos tradicionales y edificación sostenible con tierra, ha escrito más de 250 artículos en publicaciones mexicanas y extranjeras, ha impartido más de 350 conferencias, cursos y talleres sobre estos temas en instituciones académicas alrededor del mundo. Escritor y editor de varios libros. Desde 1987 ha sido profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. Es miembro del Área de Investigación en Conservación y Reutilización del Patrimonio Edificado. Es consultor internacional para el Comité de Patrimonio Mundial de UNESCO, miembro de la Red Iberoamericana PROTERRA, y representante en la UAM-Xochimilco de la Cátedra UNESCO de Arquitecturas de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible.”
Foto del grupo con Luis Fernando Guerrero Baca. Fuente: Adriana Córdoba
¿Podrías contarnos un poco sobre tu juventud, dónde estudiaste? ¿Qué te motivó a enfocarte en la arquitectura en tierra? ¿Hay alguna experiencia personal o cultural que influyó en esta decisión?
Desde niño siempre quise ser arqueólogo, pero mis papás decían que eso no era rentable, que tenía que estudiar algo “serio”. Me cambié a ingeniería química y a los dos años salí corriendo de la carrera. Siempre me han gustado las cosas artísticas, así que me cambié a Arquitectura, sin saber mucho. No tenía ningún contexto familiar en la arquitectura, además empezaba con “Arq”, como Arqueología.
Estudié en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. A finales de los setentas y comienzos de los ochentas llegaron varios profesores sudamericanos exiliados: chilenos, uruguayos, algunos brasileros y muchos argentinos. Entre ellos, tres venían huyendo de Argentina porque promovían el uso de la tierra como material constructivo. Hoy nos suena increíble, pero en los ochenta la gente podía ir a la cárcel por proponer la lectura del libro Arquitectura para los pobres de Hassan Fathy. Eran vistos como comunistas, sin necesariamente ser militantes.
Comencé a llevarme bien con ellos sin saber nada sobre construcción con tierra. Lo triste es que fuimos solo cuatro estudiantes los que nos interesamos por estos temas. Yo les seguí los pasos y los tuve tres trimestres seguidos. Estamos hablando de 1982 y había muy poca información sobre estos temas en México. Así que comenzamos a salir de Ciudad de México para hacer registros en los pueblos cercanos. Estuvimos en la exposición itinerante de CRAterre sobre la obra de Hassan Fathy, consultábamos la bibliografía que nos compartían… y así me fui adentrando en este mundo.
Formación autodidacta y colaboración internacional
Al terminar la carrera, quise especializarme en construcción con tierra, pero descubrí que no había nada específico en las universidades. Lo más cercano era la maestría en restauración de monumentos del INAH. Esto fue en 1985, justo cuando ocurrió el terremoto en la Ciudad de México, lo que cambió mucho el panorama. Trabajamos intensamente en el Centro Histórico, aprendimos muchísimo y nos dimos cuenta de que carecíamos de datos: estábamos empezando desde cero a entender la construcción con tierra.
Seguí mi formación de manera autodidacta, preguntándole a la gente, viajando por el país, pero lo que encontré fue que aquellos interesados en el tema, estábamos muy desconectados. Oía algo de Alejandra Caballero, pero no nos conocíamos. Fue hasta el 2011 que esto sucedió y desde entonces sigo colaborando con ella en sus talleres en Tlaxco.
Yo veía que la construcción con tierra se realizaba de forma muy aislada. Desde mi puesto como profesor en la universidad, me fui conectando con el Instituto de Antropología. Paradójicamente, terminé colaborando con varios arqueólogos, así que volví a mi sueño infantil. Hoy no ejerzo como arquitecto; me dedico a la docencia, investigación y documentación. Me buscan mucho para asesorar restauraciones, no porque sepa mucho, sino porque somos pocos quienes trabajamos estos temas.
En 1999 tomé un curso que organizó CRAterre con el Instituto Getty en Perú. Fue una experiencia única, porque entré en contacto con colegas de varios países. Ahí descubrí que no estaba solo, y encontré el potencial del trabajo en red.
Taller de Construcción con tierra en la UMA. Fuente: Adriana Córdoba.
¿Qué opinas sobre las tecnologías como la impresión 3D con tierra?
La verdad es que tengo sentimientos encontrados, ya que se contradice la lógica natural del trabajo con la tierra. Es una estrategia pensada para la automatización que obviamente genera dependencia de la tecnología y soluciones estandarizadas, lo que es opuesto a la libertad que ofrece la tierra como material constructivo. Es importante avanzar en la disminución del esfuerzo de algunas etapas de la construcción, pero no podemos dejar todo el trabajo a las máquinas porque, además de hacernos dependientes, se mercantiliza y precariza la actividad humana, se desintegra la colaboración comunitaria y se agudizan las diferencias económicas entre las sociedades que tienen acceso a las tecnologías y las que no lo tienen.
¿Qué identificas como ventajas o desventajas del uso de tierra en la construcción?
Mucha gente desconoce las ventajas que tiene la construcción con tierra: la condición higrotérmica apropiada que tienen estos materiales. Es claro que falta información, faltan estudios, para entender y dimensionar sus potencial y limitaciones a fin de no idealizarlo. Hay regiones en México donde las personas viven en casas de tierra muy bien, sin necesidad de aires acondicionados, gracias a los espesores de muro, que dan confort.
Cuestiones como el uso de los recursos locales, el ser un material 100% reciclable y tener tantos milenios de experiencia constructiva, son rasgos que muchas personas no valoran. Ven la construcción en tierra como algo complejo, con la percepción de que lo que está hecho con cemento es lo que funciona, y que la tierra es insalubre, insegura y reflejo de pocos recursos económicos.
¿Cómo ves la evolución de la arquitectura en tierra en México?
El desarrollo constructivo y los procesos académicos relacionados con el uso de la tierra son muy heterogéneos. Hay universidades como el ITESO, en Guadalajara, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Universidad Autónoma de Baja California que mantienen interés y enseñan sobre el tema, pero hay otras instituciones como el Instituto Politécnico Nacional, la UAM o la UNAM, la universidad más grande del país, en las que no se habla sobre el uso de la tierra como material constructivo. Sigue habiendo mucho desinterés, a pesar de que, paradójicamente, comienza a haber mucha demanda.
¿Hay algún proyecto o iniciativa en la que hayas trabajado en construcción con tierra que destaques como un proyecto bien ejecutado?
Me está dando mucho gusto lo que está pasando en Guatemala. Me invitaron desde hace ya cuatro años a colaborar en la exploración, y al mismo tiempo, consolidación de lo que iba apareciendo en Kaminaljuyú, una ciudad que debería estar en la lista de Patrimonio Mundial. Es un sitio fuera de serie, construido con diferentes técnicas de tierra por una cultura vinculada a los Mayas, que se desarrolló en lo que ahora es la ciudad capital de Guatemala.
La arqueóloga Barbara Arroyo me invita como restaurador de lo que va apareciendo, porque la arquitectura en tierra tiene esta condición que, al excavar, se comienza a desintegrar. Así que hemos experimentado varias técnicas de consolidación, reintegración, relleno de grietas y he aprendido muchísimo de estos edificios tan bien hechos con tierra.
¿Qué sugerirías para la facultad de arquitectura de la UMA a futuro?
Espero que se dedique más tiempo práctico a la valoración de la construcción con tierra. Yo veo que en otras asignaturas que toman, le dedican muchas horas a la parte teórica, pero el tiempo destinado a la práctica es muy corto. Entre las cosas que más valoro de la tierra es que es un material que te permite aprender haciendo, despegándote un poco del computador.
Adicionalmente, pienso que en la docencia de la construcción con tierra se confía demasiado en la perspectiva de CRAterre. Es como un manual del que no se salen y siento que se pierde de vista todo lo que en nuestros países tenemos para explorar y experimentar. La visión de CRAterre resultó muy pedagógica en su momento, y qué bueno que hubo generaciones que aprendieron desde esa perspectiva, pero tenemos una riqueza casi infinita en nuestros países que estamos desperdiciando por depender de una estructura excesivamente metodológica, cuando la realidad nos rebasa por todos lados por su riqueza y diversidad.
Construyendo el bahareque Fuente: Adriana Córdoba
¿Qué le sugerirías a una arquitecta o arquitecto que ya se gradúa y quiere comenzar a acercarse al mundo de la tierra?
Lo primero sería la participación en talleres. Lo que uno aprende usando las manos lo memoriza el cuerpo completo. De nada sirve ver o leer sobre arquitectura con tierra si no metes las manos y los pies al barro. Gran parte consiste en desarrollar la capacidad de reconocer con los sentidos el material.
En la edificación con tierra no todo se puede planear. Casi todo es imprevisto, en especial en la restauración del patrimonio construido. Es urgente desarrollar el interés por aprender de los edificios viejos. No hay una tierra perfecta, sino que cada sociedad aprendió a mejorar su calidad en función de lo que les ofrecía la naturaleza localmente y, sobre todo, de sus necesidades reales. No deberíamos tenerles miedo a los errores. Echando a perder se aprende. Con la tierra, los errores no cuestan tanto.
Las experiencias y reflexiones de Luis Fernando Guerrero nos muestran que la construcción con tierra va más allá de la técnica: es una forma de reconectar con la cultura, la comunidad y el entorno. Su compromiso con la transferencia de saberes y la investigación nos invita a valorar y respetar estos conocimientos para construir un futuro más consciente.
Me siento muy agradecida por este espacio y emocionada por haber tenido esta oportunidad. Esperamos continuar conociendo más UMAnos.
Referencias:
Caballero, A., & Guerrero, L. F. (2021). Experiencias de bioconstrucción: Conceptos generales y visiones desde México. Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
CRAterre. (s.f.). Centre international de la construction en terre. Recuperado de https://craterre.org
Seminario Iberoamericano de Arquitectura y Construcción con Tierra (SIACOT). (s.f.). Red PROTERRA. Recuperado de https://redproterra.org/siacot
Escrito por Adriana Córdoba Jurado (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sostenible, generación 2025)Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
Ciudad esponja es una propuesta urgente y regenerativa frente a la crisis hídrica actual. Nos invita a reconciliarnos con el agua a través de soluciones basadas en la naturaleza, integrando el paisaje en el corazón de la planificación urbana. Este modelo promueve ciudades resilientes que captan, infiltran, almacenan y reutilizan el agua, restaurando así el ciclo hidrológico que muchas urbes han perdido. Más que una técnica, es una nueva relación con el territorio: una invitación a rediseñar nuestros asentamientos desde la sensibilidad ecológica y la memoria del agua.
Agua: memoria planetaria y desafío urbano
El planeta Tierra podría llamarse, como propone Jeremy Rifkin, el “planeta Agua”. Esta idea no es solo simbólica: más del 70% de su superficie está cubierta por agua, y toda forma de vida depende de ella para existir. A lo largo de la historia, el agua ha moldeado territorios, alimentado civilizaciones y definido la relación entre los seres humanos y su entorno. Su presencia no solo es vital, también ha sido culturalmente significativa, reverenciada en muchas cosmovisiones como un ser con espíritu (Rifkin, 2002).
Sin embargo, en la era industrial, muchas ciudades rompieron ese lazo. Ríos fueron canalizados, humedales rellenos, cuencas pavimentadas. Esto no solo borró el paisaje hídrico original, sino también la memoria colectiva del agua como elemento vital.Un caso emblemático es el de la Ciudad de México, cuya transformación de un sistema lacustre a una metrópoli desecada ha generado profundos desequilibrios sociales, ecológicos e infraestructurales. La desecación del Lago de Texcoco, el entubamiento de ríos y el crecimiento urbano desordenado han hecho de esta ciudad un territorio hídrico profundamente vulnerable .Las consecuencias son evidentes: en muchas urbes, la escasez y el exceso de agua conviven de forma contradictoria, generando vulnerabilidad climática y social. (Castañón, Rojas & Hernández, 2022, p. 11)
La paradoja del agua en CDMX. Fuente: De Urbanisten 2016
Ciudad esponja: una solución basada en la naturaleza
La ciudad esponja responde a la crisis hídrica con una visión que recupera los procesos naturales: en lugar de rechazar el agua, la integra, permitiendo su absorción, infiltración, purificación y reutilización (Yu, 2016).
Para lograrlo, combina vegetación, suelos permeables, cuerpos de agua abiertos y sistemas urbanos diseñados para trabajar con el ciclo del agua. Este enfoque, conocido como solución basada en la naturaleza (SBN), se aleja de la infraestructura gris tradicional y apuesta por sistemas vivos y resilientes (ONU Medio Ambiente, 2020).
Visión Ciudad Esponja. Fuente: De Urbanisten
Turenscape: pioneros del enfoque territorial y regenerativo
El estudio chino Turenscape, fundado por Kongjian Yu, es uno de los referentes mundiales del enfoque ciudad esponja. Su metodología se basa en leer primero el territorio desde tres escalas: macro (cuenca), meso (tejido urbano) y micro (espacio público). Esto permite diseñar intervenciones coherentes con el sistema natural (Turenscape, 2020).
Un ejemplo emblemático es el parque Qunli Stormwater Wetland en Harbin, China. Allí, una antigua zona inundable fue transformada en un espacio público resiliente capaz de retener agua de lluvia, regenerar biodiversidad y ofrecer valor social y ecológico. La intervención no solo protege contra inundaciones, sino que ha devuelto identidad al territorio y bienestar a sus habitantes (Yu, 2016).
Harbin Qunli Stormwater Park. Fuente: Turenscape
Beneficios de una ciudad esponja
Más allá de la gestión hídrica, una ciudad esponja trae múltiples beneficios: mejora la calidad del aire, regula el microclima, aumenta la biodiversidad urbana y ofrece espacios de encuentro y bienestar.
Desde el punto de vista social, genera seguridad hídrica, equidad en el acceso al espacio público y promueve la justicia ambiental. Y desde lo económico, reduce costos en infraestructura tradicional, alivia el sistema de drenaje y mitiga daños por eventos extremos (WWF, 2021).
Un llamado a imaginar futuros porosos
En un mundo marcado por el cambio climático, el rediseño de nuestras ciudades no puede posponerse. El modelo de ciudad esponja nos muestra que es posible convivir con el agua, no desde el control, sino desde la adaptación.
Reimaginar las ciudades como esponjas es, en el fondo, una forma de recuperar nuestra relación con el paisaje, con la memoria del lugar y con nosotros mismos. Es también una invitación a crear futuros habitables, resilientes y profundamente humanos.
REFERENCIAS:
ONU Medio Ambiente. (2020). *Soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del agua*. Recuperado de https://www.unep.org/es Rifkin, J. (2002). *El siglo de la biotecnología*. Ediciones Paidós. Turenscape. (2020). *Sponge City Concept*. Recuperado de https://www.turenscape.com WWF. (2021). *Ciudades naturales: soluciones basadas en la naturaleza para un futuro urbano resiliente*. WWF Reporte Global. Yu, K. (2016). *The Art of Survival: Recovering Landscape Architecture*. China Architecture & Building Press.
Escrito por Maxime Scagnetti (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sustentable, generación 2025 Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
El Humedal, Tour virtual. Recuperado el 25 de abril de 2025, de https://elhumedal.org/tour
En proyectos actuales de arquitectura, cada vez hay más interés por integrar sistemas relacionados con el agua. Su disponibilidad, uso y retorno se han vuelto temas urgentes para lograr un bienestar colectivo.
Los biofiltros han sido una de las soluciones más inspiradoras con las que me he encontrado. Esto se debe a que no solamente atienden el tema del agua por separado. También, desde un profundo entendimiento de la naturaleza, permiten sanear aguas residuales de forma accesible, eficiente y sostenible.
¿Qué es un biofiltro?
En términos generales, un biofiltro es un sistema de tratamiento de aguas residuales basado en la naturaleza. Puede diseñarse de diversas maneras, dependiendo del tipo de agua a filtrar y del uso final que se le quiera dar.
A diferencia de los sistemas convencionales, que dependen de maquinaria o procesos químicos, los biofiltros utilizan procesos naturales como la alimentación de microorganismos, la filtración a través de sustratos y el uso de vegetación adaptada.
Alternativas sostenibles: ecotecnologías del agua
Aunque el concepto lleva varios años desarrollándose, la mayoría de las propuestas que han dominado el mercado son filtros comerciales. Sin embargo, estos requieren recursos contaminantes, tienen un impacto ambiental considerable y son costosos.
Para contrarrestar esta situación, surgen las ecotecnologías del agua. Estas se diseñan con materiales naturales, reutilizables (como cubetas) o elementos constructivos de bajo costo. Gracias a esto, es posible construir biofiltros caseros que puedan incorporarse a casi cualquier proyecto arquitectónico.
Tipos de biofiltros de escala doméstica
Existen biofiltros de diferentes tipos y tamaños. Sin embargo, aquí nos enfocamos en los que pueden instalarse en viviendas particulares:
Biojardineras
También conocidas como “lavaderos ecológicos”, tratan aguas grises de lavabos o regaderas mediante flujo subsuperficial. Visualmente parecen jardineras comunes, pero en vez de tierra, usan un lecho filtrante de grava y arena. Sobre él crecen plantas resistentes como platanillo, papiro, juncos o lirios acuáticos.
Humedales construidos
Estos sistemas, más grandes y abiertos, pueden recibir tanto aguas grises como negras. Imitan el funcionamiento de un ecosistema acuático como un estanque o laguna. Para ello, usan plantas acuáticas y sustratos por donde fluye el agua, ya sea superficial o subterráneamente.
Además, son capaces de tratar el agua de una vivienda entera o incluso de comunidades pequeñas.
En consecuencia, estos sistemas no solo limpian el agua. También regeneran el paisaje y fortalecen los lazos entre las personas y su entorno. Esto se logra al involucrar a la comunidad en los procesos de saneamiento y filtración.
¿Cómo funciona un biofiltro?
A continuación, se describen las etapas principales de su funcionamiento:
Captación: se recolectan aguas grises o jabonosas.
Filtrado inicial y trampa de grasas: el agua pasa por capas de piedra, reteniendo sólidos.
Procesos biológicos: microorganismos en el sustrato descomponen compuestos orgánicos.
Absorción vegetal: las plantas absorben nutrientes y contaminantes.
Almacenamiento y uso: el agua tratada se reutiliza para riego o servicios no potables.
Permahabitat. (s. f.). Ecotecnias. Recuperado el 25 de abril de 2025, de https://permahabitat.wixsite.com/permacultura/ecotecniasEscuela Itinerante del Agua, en la sección “Quiénes somos”. Recuperado el 25 de abril de 2025, de https://escuelaitinerantedelagua.org/
Casos reales de implementación
Por ejemplo, la Escuela Itinerante del Agua ha desarrollado procesos comunitarios de diseño y construcción de biofiltros. A través de talleres, promueven la “siembra de agua” como estrategia para enfrentar la crisis hídrica. Su enfoque pedagógico, comunitario y regenerativo ha impactado positivamente a comunidades con acceso limitado al agua potable.
Actualmente, trabajan en la Península de Yucatán. Su objetivo es ayudar a proteger y revitalizar la mayor reserva de agua subterránea del país.
El caso UMA: pedagogía viva
En la Universidad del Medio Ambiente (UMA) también se ha integrado esta tecnología. Por ejemplo, el humedal de tratamiento del campus recibe aguas negras y jabonosas de baños y cocinas.
De manera técnica, está compuesto por filtros, trampas de sólidos y un lecho de plantas como el platanillo. El sistema está oculto en el paisaje y permite que el agua pase por varias etapas de depuración antes de ser reutilizada.
Por otro lado, más allá de su función técnica, este humedal es una herramienta pedagógica viva. Permite a estudiantes, docentes y visitantes observar cómo la naturaleza regenera lo que normalmente consideramos desecho.
El humedal de la UMa – Fuente: Regina Rueda
Conclusiones: una tecnología con urgencia
La distribución de agua potable en México no es equitativa. Por ejemplo, muchas zonas rurales y urbanas carecen tanto de agua limpia como de sistemas adecuados de drenaje.
En estos contextos, implementar biofiltros no solo es viable. También es una forma de empoderar a las personas para cerrar sus propios ciclos del agua.
Además, frente al cambio climático y la contaminación, estas tecnologías representan una forma concreta de actuar desde lo local. Por consiguiente, con creatividad, conocimiento y colaboración, podemos transformar nuestra relación con el agua.
Referencias
Biofiltra. (s.f.). Biofiltros. Recuperado el 25 de abril de 2025, de https://biofiltra.com/
Universidad del Medio Ambiente. (s.f.). Manejo integral del agua en la UMA. UMA México. Recuperado el 25 de abril de 2025, de https://uno.umamexico.com.mx/wp69/manejo-integral-del-agua-en-la-uma/
Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
Entendiendo la resiliencia climática como la capacidad de nuestras ciudades para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático, es fundamental abordar este desafío a través del análisis del entorno natural en donde se proyecta el objeto a construir. Mediante el uso de estrategias de diseño pasivo y enfoques tradicionales del entendimiento del entorno, podemos contribuir de forma eficiente al impacto ambiental construyendo a su vez espacios urbanos innovadores y más sostenibles.
Estrategias de Resiliencia Climática en la Arquitectura
La resiliencia climática se ha convertido en un tema clave en la planificación urbana y el diseño arquitectónico. A medida que las ciudades crecen y los efectos del cambio climático se intensifican, es vital desarrollar enfoques que recuerden y promuevan la adaptación climática y la mitigación de sus impactos. Una de las soluciones más efectivas en este sentido son las estrategias de diseño pasivo, las cuales buscan maximizar el confort térmico y la eficiencia energética de los edificios sin depender de sistemas mecánicos.
OpenAI. (2024). Imagen generada de una terminal con techos verdes y formas curvas [imagen generada por inteligencia artificial]. DALL·E.
Diseño Pasivo: Una Solución Sostenible
El diseño pasivo se basa en aprovechar las condiciones naturales del entorno, como la orientación solar, la ventilación cruzada y el aislamiento térmico, para reducir la demanda energética de las edificaciones. Estas estrategias no solo contribuyen a la resiliencia climática, sino que también hacen que los edificios sean más eficientes y sostenibles.
Arquitectura en Transición: Estrategias para la Resiliencia Climática
Entre las estrategias puntuales más utilizadas en edificios se encuentran:
Aprovechamiento solar pasivo: Utilizar la orientación y geometría del edificio para maximizar la captación de luz natural y calor solar, lo que reduce la dependencia de sistemas de calefacción artificial.
Ventilación natural: Integrar el diseño de aberturas estratégicas y conductos de aire que favorezcan la circulación de viento, permitiendo la refrigeración pasiva sin necesidad de aire acondicionado.
Uso de materiales sostenibles: Emplear materiales de bajo impacto ambiental, como la madera certificada, el bambú, o el concreto reciclado, que no solo reducen la huella de carbono del proyecto, sino que también mejoran el aislamiento térmico y acústico.
Mejora de la envolvente del edificio: Refuerzo de las fachadas y techos con aislantes térmicos para minimizar las pérdidas de calor en invierno y mantener la frescura en verano, lo cual mejora el confort térmico interior y disminuye la necesidad de calefacción y refrigeración mecánica.
El rol del diseño pasivo en la adaptación urbana.
Hablando de arquitectura bioclimática en una escala mayor, las estrategias bioclimáticas que pueden hacer entornos urbanos más sostenibles y resilientes son:
Ciudades compactas:
Densidad media o media-alta, equilibrando espacios construidos y libres.
Concentración de población para reducir el consumo de suelo.
Proximidad a equipamientos y servicios para todos los ciudadanos.
Promoción de la movilidad sostenible (a pie o en transporte público).
Reducción del impacto ambiental de infraestructuras urbanas (carreteras, alcantarillado, red eléctrica).
Diseño urbano considerando la orientación solar:
Relación adecuada entre la altura de los edificios y su separación.
Favorecer fachadas orientadas al sur o sureste, minimizando las orientadas al oeste.
Promoción de la ventilación cruzada mediante fachadas con huecos en orientaciones opuestas.
Suelos y vialidades sostenibles:
Uso de suelos filtrantes para favorecer la absorción de agua.
Reducción de vías, priorizando conceptos como supermanzanas.
Vegetación y clima urbano:
Abundante vegetación para mitigar el efecto “isla de calor” y purificar el aire.
Uso de especies de hoja caduca para proporcionar sombra en verano y permitir radiación solar en invierno.
Adaptación al terreno:
Evitar construcciones en terrenos con pendientes pronunciadas que requieran grandes movimientos de tierra o muros de contención.
Energías renovables:
Integración de energías renovables en el espacio construido, evitando nuevas afectaciones al suelo.
2OpenAI. (2024). Imagen generada de una terminal de autobuses con techos verdes en medio de una ciudad mexicana. [imagen generada por inteligencia artificial]. DALL·E.
Estructuras Orgánicas en el Diseño.
La humanidad siempre ha sido impulsada por su capacidad creadora, reflejando en sus obras una conexión con las formas de la naturaleza. Por lo tanto, las estructuras y organizaciones que diseñamos pueden considerarse una extensión de los principios orgánicos que gobiernan la vida misma. Estas creaciones artificiales, aunque construidas por el ser humano, están profundamente inspiradas por los patrones y la eficiencia climática de los sistemas vivos.
De manera similar a los cuerpos orgánicos, los espacios arquitectónicos deben funcionar como sistemas interconectados, con cada parte contribuyendo al todo. Entonces, los edificios que siguen esta lógica operan de manera más orgánica, práctica y eficiente, como si fueran organismos en interacción constante con su entorno. Además, en el pasado, algunas máquinas dependían de la acción del ser humano, con un manejo íntimamente ligado a los movimientos y decisiones de las personas.
El concepto de lo “orgánico” en el diseño climático también implica una sensibilidad hacia la forma y función. Aunado a esto, la naturaleza nos enseña que la armonía entre las partes es esencial para la supervivencia. De este modo, aplicar principios orgánicos en el diseño arquitectónico no solo busca una estética fluida y natural, sino también la eficiencia y resiliencia del entorno construido.
Diseño Orgánico, Entendimiento Bioclimático y Resiliente
La fusión entre lo artificial y lo orgánico en el diseño arquitectónico crea espacios que no solo responden a las necesidades humanas, sino que también respetan los principios de la naturaleza. Entonces, al incorporar estrategias pasivas y estructuras orgánicas en el diseño urbano, surge como estrategia para desarrollar ciudades que conviven con su entorno. Estas ciudades combinan lo mejor de las creaciones humanas con la sabiduría de los sistemas vivos.
Por lo tanto, en esta visión de la arquitectura, los edificios funcionan como extensiones del cuerpo humano y del entorno, adaptándose a las necesidades energéticas y climáticas. Aunado a esto, los parques y áreas verdes dentro de las ciudades mexicanas actúan como pulmones orgánicos, conectando lo artificial y lo natural para generar un espacio más resiliente.
Además, al integrar la bioclimática con un diseño inspirado en la naturaleza, los espacios urbanos pueden enfrentar los desafíos climáticos del futuro. Este enfoque no solo promueve la eficiencia, sino que también fomenta una mayor conexión entre el ser humano y su entorno construido.
REFERENCIAS:
Merchant, C. (2023). Utopías orgánicas. En La muerte de la naturaleza. (31,125). Siglo veintiuno editores.
Olgay, V. (2006). Arquitectura y Clima. Gustavo Gili.
Velázquez Flores, G. (2024). Reconversión sustentable de edificios. Universidad Iberoamericana A.C.
Small Kelly, (2020) Acciones Medioambientales en Crear con Conciencia. Gustavo Gili.
Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.