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Tag: Educación

  • Herramientas para la autonomía: talleres de carpintería para mujeres en la UMA

    Reapropiar el hacer como acto de cuidado

    En un contexto donde los oficios, las herramientas y los saberes técnicos han sido históricamente asociados a lo masculino, abrir espacios para que las mujeres se apropien del hacer manual se vuelve un acto profundamente político.
    Los talleres de herramientas de carpintería dirigidos a mujeres en la Universidad del Medio Ambiente (UMA) surgen desde esa convicción: la de generar espacios seguros donde aprender a usar herramientas no sea solo una capacitación técnica, sino una experiencia de transformación personal y colectiva.

    A través del uso de herramientas manuales y eléctricas, estos talleres buscan cuestionar los roles de género que han limitado la participación de las mujeres en actividades de construcción, reparación y autogestión, y abrir la posibilidad de nuevas narrativas sobre nuestras capacidades, nuestros cuerpos y nuestra relación con el territorio.

    Flyer Taller – Elaborado por Maxime Scagnetti

    Del miedo a la autonomía: diseñar espacios seguros para aprender

    Los talleres no parten de la idea de “enseñar a usar herramientas” de manera neutral. Su diseño responde a barreras reales identificadas por mujeres de la comunidad UMA y de Valle de Bravo: el miedo, la sensación de no ser capaces, la falta de conocimiento técnico y la creencia de no tener la fuerza suficiente.

    A partir de encuestas previas y procesos de escucha activa, el equipo facilitador diseñó experiencias pedagógicas con enfoque de género, donde la reflexión colectiva sobre estereotipos y narrativas limitantes es tan importante como la práctica misma. Antes de encender una máquina o tomar un taladro, se abre un espacio para nombrar aquello que nos dijeron —explícita o implícitamente— sobre lo que “no era para nosotras”.

    Así, el taller comienza mucho antes del primer corte: empieza en el cuerpo, en la palabra compartida y en el reconocimiento de que aprender implica también desaprender.

    Aprender haciendo, acompañadas

    A lo largo de distintas ediciones realizadas en el Campus UMA y en otros espacios de la región, mujeres de entre 16 y 54 años se han reunido para experimentar con herramientas como taladros, atornilladores, serruchos, lijadoras y sierras de inglete. En algunos talleres, la construcción colectiva de un objeto funciona como pretexto; en otros, el énfasis está en conocer y manipular las herramientas sin la presión de “producir”.

    Dinámicas como El bazar de herramientas permiten vincular lo técnico con lo biográfico: cada herramienta evoca recuerdos, historias familiares o experiencias pasadas marcadas por la exclusión o la dependencia. Al poner estas historias en común, el grupo resignifica el vínculo con los objetos y con el aprendizaje.

    El acompañamiento cercano de facilitadoras mujeres —carpinteras, talleristas, docentes y vecinas de la comunidad— resulta clave para generar confianza. No se trata de demostrar destreza, sino de habilitar la experimentación, el error y el aprendizaje colectivo. Poco a poco, el miedo se transforma en curiosidad; la duda, en seguridad; y las herramientas dejan de sentirse ajenas para convertirse en aliadas.

    Taller de uso de herramientas en Odisea – Foto: Lavinia Negrete

    Comunidad, redes y saberes compartidos

    Más allá de las habilidades técnicas adquiridas, uno de los principales resultados de los talleres es la creación de redes de apoyo y comunidad. El trabajo en parejas, la observación mutua y el acompañamiento constante fortalecen la confianza individual y colectiva.

    Durante los talleres emergen micromachismos interiorizados —frases como “nunca pensé que pudiera hacer esto” o “creí que no tenía la fuerza”— que son abordados y resignificados de manera colectiva. Nombrarlos permite desactivarlos y reconocer que esas creencias no son individuales, sino construidas socialmente.

    La participación de mujeres de distintas trayectorias, así como la incorporación de actoras locales con experiencia en oficios, fortalece el arraigo territorial del proceso y abre posibilidades para seguir explorando oficios tradicionalmente masculinizados desde una mirada crítica, comunitaria y situada.

    Herramientas para la vida cotidiana

    Las impresiones de las participantes reflejan el impacto profundo de estos espacios. Más allá de aprender a usar un taladro o una sierra, las mujeres expresan una sensación de empoderamiento y entusiasmo por seguir utilizando las herramientas en su vida cotidiana.

    “Usar el taladro sin miedo, máquinas cortadoras… soy capaz de trabajar con madera.”
    “Poner las manos a experimentar en un espacio con otras mujeres rompe con creencias limitantes.”

    Los talleres confirman que la autonomía no se construye solo desde el discurso, sino desde la práctica acompañada, el cuidado mutuo y la confianza en nuestras propias capacidades.

    Taller de uso de herramientas en UMA – Foto: Adriana Cordoba

    Tejer autonomía desde el hacer

    Los talleres de herramientas para mujeres en la UMA son una apuesta por una educación situada, con enfoque de género y profundamente humana. Son espacios donde el aprendizaje técnico se entrelaza con la reflexión crítica, donde el cuerpo aprende tanto como la mente, y donde el hacer se convierte en una forma de cuidado y de resistencia.

    En un mundo que fragmenta y excluye, reapropiarnos de las herramientas es también una manera de tejer autonomía, comunidad y futuros más justos.

    Continuar aprendiendo juntas

    Como parte de este proceso que sigue creciendo, y en coherencia con la apuesta por la autonomía, el aprendizaje colectivo y el arraigo territorial, en febrero y marzo de 2026 se realizará un taller de carpintería básica, en colaboración con Fondo Alternativa A.C., en La Escuelita de Los Álamos.

    El taller se desarrollará en cuatro sesiones de dos horas, y propone un espacio de aprendizaje práctico y acompañado para profundizar en el uso de herramientas manuales y eléctricas. Más que un curso técnico, será una invitación a seguir cuestionando los estereotipos de género ligados al hacer, fortalecer redes entre mujeres y continuar tejiendo autonomía desde lo cotidiano.

    Próximamente se compartirá la información para la convocatoria e inscripciones.

    Escrito por Maxime Scagnetti (estudiante de la Maestría en Proyectos Socioambientales, generación 2025) Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

  • Cambio Climático: De una Idea Abstracta a nuestra Realidad Cotidiana

    A menudo percibimos el cambio climático como un concepto lejano, una gráfica en un libro de texto o un debate técnico en conferencias internacionales. Sin embargo, esa desconexión se rompe bruscamente cuando experimentamos la falta de agua, inundaciones extremas o incendios forestales. Lo cierto es que no estamos ante un ciclo natural más de la Tierra; estamos viviendo un capítulo histórico escrito por la actividad humana desde hace más de un siglo.

    Un fenómeno acelerado por nuestra forma de vida

    Desde el siglo XIX, nuestra dependencia de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo ha liberado gases que actúan como una “manta” sobre el planeta, atrapando el calor (United Nations, s.f.). Hoy, los niveles de dióxido de carbono son los más altos en los últimos 650,000 años, impulsados principalmente por la quema de combustibles y la producción de cemento (IPCC, 2007).

    A diferencia de las glaciaciones del pasado, que tardaron milenios en desarrollarse, el calentamiento actual ocurre en décadas. Esta velocidad sin precedentes ha elevado la temperatura de la superficie casi un grado, acercándonos a un punto de no retorno (NASA Ciencia, s.f.).

    Evidencias que no podemos ignorar

    El impacto es visible y devastador:

    • Océanos en crisis: Absorben el calor extra, volviéndose más ácidos y destruyendo ecosistemas como el Gran Arrecife de Coral, que ha perdido la mitad de su vitalidad (NASA Ciencia, s.f.; Sostenibilidad.com, s.f.).
    • Deshielo y nivel del mar: Las capas de hielo en la Antártida y Groenlandia pierden miles de millones de toneladas de masa, elevando el nivel del mar a un ritmo de 3.7 mm por año (NASA Ciencia, s.f.; Sostenibilidad.com, s.f.).
    • Refugiados climáticos: Lugares como Venecia, Miami e islas del Pacífico enfrentan la amenaza de quedar bajo el agua, forzando a miles de personas a abandonar sus hogares (Sostenibilidad.com, s.f.).

    El caso de México y la desigualdad social

    México es particularmente vulnerable debido a su geografía. En los últimos 50 años, su temperatura promedio subió 0.85°C, y se estima que el rendimiento de cultivos vitales como el maíz podría caer un 40% para finales de siglo (SEMARNAT, 2021).

    Esta crisis no afecta a todos por igual. El cambio climático profundiza la desigualdad, golpeando con más fuerza a las poblaciones pobres que carecen de recursos para adaptarse. Esto genera un aumento en enfermedades, desnutrición y problemas de salud mental derivados de la migración forzada (Pardo Buendía, 2007).

    La lucha contra la desinformación y el miedo

    A pesar de la abrumadora evidencia, durante décadas se han sembrado dudas mediante mitos y noticias falsas (BBC Mundo, 2019). Incluso el miedo ha sido utilizado como herramienta de control social o político, amplificando el pánico para justificar políticas restrictivas en lugar de abordar cambios estructurales (Prensa Freelance, 2024).

    Es vital diferenciar el miedo objetivo, que nos alerta del peligro, del miedo manipulado que nos inmoviliza. La verdadera fortaleza reside en el pensamiento crítico y en buscar información genuina ante la propaganda.

    Hacia un nuevo paradigma

    Estamos en lo que Jan Rotmans llama un “cambio de era”. Actualmente enfrentamos una triple división: social (polarización), ecológica (desconexión de la naturaleza) y personal (deterioro de la salud mental) (Meléndez et al., 2024). La OMS predice que para 2030 los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad, un reflejo directo de nuestro estilo de vida consumista y aislado.

    La solución requiere un nuevo modelo de pensamiento basado en la colaboración y el liderazgo compartido. No se trata solo de mitigar emisiones, sino de sanar nuestra relación con el entorno.

    El poder de la acción individual

    El consumismo es responsable del 60% de las emisiones globales (United Nations, s.f.). Caemos en ciclos de compra innecesaria de tecnología y moda que facturan un costo altísimo al planeta. Sin embargo, el dilema entre “economía o planeta” es falso.

    Como consumidores, tenemos el poder de decisión:

    1. Consumir menos y mejor: Apoyar lo local y responsable.
    2. Reparar y renovar: Dar una segunda oportunidad a lo que ya tenemos.
    3. Inspirar: Nuestras pequeñas acciones diarias pueden transformarse en una fuerza colectiva poderosa (Greenpeace, s.f.).

    El cambio más profundo comienza con nosotros. No somos solo espectadores de la crisis; somos los agentes de cambio capaces de construir un mundo más justo y verde.

    Tomado de la página: México ante el cambio climático
    Tomado de la página: México ante el cambio climático

    Escrito por Ana Hernández, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad.

    Referencias:

    ●  BBC Mundo. (2019, 23 de septiembre). 5 mitos sobre el calentamiento global. BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-49796247

    ●  Greenpeace México. (s. f.). Cómo afecta el consumismo al medio ambiente. Recuperado de https://www.greenpeace.org/mexico/blog/8704/como-afecta-el-consumismo-al-medio-ambiente/

    ●  IPCC. (2007). Cambio climático 2007: Base de ciencia física. Contribución del Grupo de Trabajo I al Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Preguntas Frecuentes. Recuperado de https://archive.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/wg1/es/faq-7-1.html

    ●  Lindsay, R., & Dahlman, L. (2024, 15 de enero). Climate Change: Global Temperature. Climate.gov. Recuperado de https://www.climate.gov/news-features/understanding-climate/climate-change-global-temperature

    ●  Meléndez, Simón, Rico, Alberto. (2024). Una educación que transforma. Experiencias de Educación Transformadora para un mundo de agentes de cambio. Fundación Ashoka. Editorial Cuatro Hojas.

    ●  NASA Ciencia. (s. f.). La evidencia del cambio climático. NASA. Recuperado de https://ciencia.nasa.gov/cambio-climatico/evidencia/

    ●  Pardo Buendía, M. (2007). El impacto social del cambio climático. Panorama Social, (5), 22-35. Recuperado de https://www.funcas.es/wp-content/uploads/Migracion/Articulos/FUNCAS_PS/005art03.pdf

    ●  Prensa Freelance. (2024, 20 de mayo). La manipulación de las masas y el miedo como arma de dominación y sujeción social. Prensa Freelance. Recuperado de https://prensafreelance.ar/la-manipulacion-de-las-masas-y-el-miedo-como-arma-de-dominacion-y-sujecion-social/

    ●  Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (2021). Impactos del cambio climático en México. Gobierno de México. Recuperado de https://cambioclimatico.gob.mx/impactos-del-cambio-climatico-en-mexico/

    ●  Sostenibilidad.com. (s.f.). Lugares en el punto de mira climático: los ecosistemas y ciudades más vulnerables. Recuperado de https://www.sostenibilidad.com/cambio-climatico/lugares-afectados-cambio-climatico/

    ●  U.S. Environmental Protection Agency. (s.f.). Sources of Greenhouse Gas Emissions. EPA. Recuperado de https://www.epa.gov/ghgemissions/sources-greenhouse-gas-emissions

    ●  United Nations. (2023, 27 de octubre). Desinformación climática: la verdad en un mar de mentiras. Noticias ONU. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2023/10/1525292

    ●  United Nations. (s. f.). ¿Qué es el cambio climático? Naciones Unidas. Recuperado de https://www.un.org/es/climatechange/what-is-climate-change

    ●  We Are Water Foundation. (s.f.). Desde cuándo lo sabemos: las alertas sobre el cambio climático comenzaron hace 50 años. Recuperado de https://www.wearewater.org/es/insights/desde-cuando-lo-sabemos-las-alertas-sobre-el-cambio-climatico-comenzaron-hace-50-anos/

     “Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente” 

  • Excursionismo sin huella y aprendizajes socioambientales en Oaxaca

    Foto de Marcela Treviño
    Foto de Marcela Treviño

    La sostenibilidad se fortalece cuando se aprende desde el territorio. Durante una excursión al Mixteco Oaxaqueño en noviembre de 2025, experimentamos cómo las comunidades rurales integran prácticas regenerativas en su vida cotidiana. Este viaje nos permitió observar soluciones locales que promueven un futuro más responsable con el ambiente, especialmente a través de la composta.

    Además, el excursionismo responsable abre oportunidades educativas que conectan con la innovación.
    Asimismo, estas vivencias revelan la importancia de entrelazar teoría y práctica dentro de la sostenibilidad.

    Paisaje, cultura y primeras enseñanzas

    Llegar a San José del Pacífico fue un recordatorio de la relación íntima entre paisaje y cultura. Con sus casas suspendidas en la montaña y varios puentes iluminados, el entorno invita a un diálogo profundo con la naturaleza. Igualmente, el lugar es reconocido por su tradición de hongos y su gastronomía artesanal.

    Foto de Marcela Treviño
    Foto de Marcela Treviño

    En ese contexto, la caminata hacia el Rancho de las Cruces permitió apreciar la riqueza vegetal y la presencia constante del agua. Asimismo, el cruce reiterado del río simbolizaba nuestra interacción continua con los ecosistemas.

    En el trayecto conocimos Ámate, un proyecto de comercio justo donde se elabora cacao con hongos, lo que refuerza la idea de que el desarrollo local puede ser innovador y sustentable.

    Aprender del territorio y de sus habitantes

    La convivencia con la familia del rancho reveló prácticas agrícolas relevantes. Les pregunté cómo manejaban sus residuos orgánicos y respondieron que los enterraban bajo la milpa, creando una forma sencilla de composta como abono y fertilizante orgánico.

    Del mismo modo, esta estrategia funciona como una enmienda que mejora el suelo y fortalece la productividad. A la vez, demuestra cómo el conocimiento empírico puede complementarse con enfoques educativos en sostenibilidad.
    Así, la experiencia comprobó que pequeños gestos cotidianos fortalecen la resiliencia socioambiental.

    Bocashi: innovación comunitaria y acción climática

    En Pluma Hidalgo, reconocido por su café, visitamos un plantío donde elaboran composta con cáscaras de café y residuos frescos mediante el método Bocashi. Por consiguiente, este proceso acelerado —listo en unos 15 días— actúa como sustrato nutritivo para la siembra.

    Igualmente, al visitar otro rancho cerca de Santa María Magdalena observamos que también emplean Bocashi y bioles, fertilizante natural, evitando así fertilizantes tóxicos que dañan el ecosistema.

    Foto de Marcela Treviño
    Foto de Marcela Treviño

    En consecuencia, estas prácticas funcionan como un potente biofertilizante que fortalece la soberanía agrícola y demuestra cómo la innovación educativa en sostenibilidad se materializa en acciones comunitarias.

    Comunidades que inspiran transformación

    A lo largo del recorrido, quedó claro que estas comunidades no solo adoptan tecnologías apropiadas, sino que las transmiten a nuevas generaciones. Por ello, los aprendizajes locales se convierten en herramientas socioambientales de alto impacto.

    Foto de Marcela Treviño
    Foto de Marcela Treviño

    Del mismo modo, su ejemplo muestra que la colaboración colectiva sostiene la resiliencia territorial y fortalece la identidad comunitaria.

    Finalmente, comprender estos procesos invita a repensar cómo la educación para la sostenibilidad puede nutrirse de experiencias vivas, prácticas y culturalmente situadas.

     

    Escrito por Marcela Treviño Feria, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad.

    “Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente”.

  • El vínculo como espacio pedagógico

    Reimaginando la escuela donde los muros son personas, los pupitres abrazos y el pizarrón es el paisaje. 

    Collage de Ana Raquel Hernández, Marce Treviño y Dan Quinzaños
    Collage de Ana Raquel Hernández, Marce Treviño y Dan Quinzaños

    Últimamente me doy cuenta de que casi todas las conversaciones apocalípticas terminan en frases como: “la educación es lo que va a generar el cambio” o “tenemos que educar para el mundo que queremos”.

    Hablamos de la educación en especial de educación para la sostenibilidad, como si en ella descansara la última chispa de esperanza, esto personalmente me provoca vértigo.

    Mientras habitamos un planeta enfermo y una sociedad con tanto dolor, depositar toda la esperanza en la educación parece casi una locura. La educación atraviesa una crisis propia, especialmente de recursos: la UNESCO advierte que para el 2030 faltarán más de 44 millones de docentes para responder a la demanda educativa mundial.

    La innovación es inminente pero la tendencia a seguir los mismos patrones y las mismas prácticas que nos han traído hasta aquí, nos anclan con fuerza a un futuro desolador. 

    Para que la educación para la sostenibilidad realmente sea la respuesta que esperamos, es necesario un cambio profundo en el paradigma de la educación misma, implica abrir una grieta dolorosa en el sistema y cultivar la humildad suficiente para visualizar un camino distinto. Esto se siente lejano y utópico… o quizá no tanto si nos atrevemos a mirar diferente.

    En días anteriores llegó a mi correo la retroalimentación de una de mis entregas para la clase de Ruptura Epistemológica. Al leer los múltiples comentarios de mi maestra —por cierto, gracias Nuri—, me quedé helada: no encontré el esperado juicio sobre mi desempeño. En cambio,  ella realmente se interesaba en lo que yo estaba pensando, en continuar la conversación conmigo, en conocerme y en impulsarme.

    Entonces, en un momento de Eureka, comprendí con todo mi cuerpo lo que muchos pensadores de la educación vienen diciendo desde hace tiempo: el aprendizaje sucede en las relaciones. El vínculo entre personas, con los saberes y con el entorno, es el verdadero espacio pedagógico donde algo significativo puede ocurrir y donde otros tipos de aprendizajes emergen. 

     

    “Vivir implica la necesidad imperecedera de comprender y de ser comprendido. Nuestra época de comunicaciones no es sin embargo una época de comprensión. La comprensión humana no se enseña en ninguna parte… Pero el mal de la incomprensión corroe nuestras vidas, provocando comportamientos aberrantes, rupturas, insultos y dolor.”   (Morin, 2015, p. 22).

    Collage Dan Quince
    Collage Dan Quince

    La más urgente innovación educativa es aceptar que la educación no puede seguir girando en torno al rendimiento, a los diplomas o a la información, sino al tejido cuidadoso y amoroso de relaciones. Porque cuando nos sentimos contenidos por las personas con las que compartimos el aula, podemos ser y expandirnos —gracias, hermanas MIES—.

    Porque cuando abrazo eso que nos hace diferentes y lo que nos une, permito que la imperfección tenga sentido —gracias, generación 2024—.

    Porque cuando entiendo que, más allá de lo que tú me puedes dar, lo importante es cómo nuestras historias se entrelazan y tejen una comunidad —gracias, maestras y maestros.

    Y porque cuando me reconozco como parte del paisaje, elijo conscientemente estar presente y hacer mi parte —gracias, florecitas rosas—.

    Desde esta perspectiva, el aula se convierte en un laboratorio de transformación, donde educadores, estudiantes y comunidad se acompañan en procesos de búsqueda, cuestionamiento, creación conjunta y cuidado de la vida.

    Aprender desde el vínculo es recordar que nadie aprende solo, y que toda transformación profunda surge de una relación viva, recíproca y significativa. 

    Esta innovación educativa es sin lugar a dudas urgente, necesitamos que llegue a cada aula desde inicial hasta los estudios superiores, necesitamos que llegue a cada encuentro con otros y lo otro y sin embargo no va a llegar en un plan curricular y mucho menos va a llegar de manera global, es una decisión personal, diaria dejarse conmover por la otredad y encontrar la belleza en lo que somos. 

     

    Escrito por Daniela Quinzaños, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad.

     

    Referencias:

    UNESCO. (s.f.). Informe mundial sobre los docentes: qué debes saber. https://www.unesco.org/es/articles/informe-mundial-sobre-los-docentes-que-debes-saber UNESCO

    Morin, E. (2015). ENSEÑAR a VIVIR. In Ricardo R. Figueira (Trans.), Ediciones Nueva Visión (p. 144) [Book]. Nueva Visión. https://tecnoeducativas.wordpress.com/wp-content/uploads/2017/03/morin-ensenar-a-vivir.pdf  (Original work published 2014)

     

    Las opiniones expresadas en este artículo son de  exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del  Medio Ambiente.

  • Educación Ambiental en la Era de la Ecoansiedad: De la Parálisis a la Acción

    En un mundo cada vez más afectado por el cambio climático y la degradación de los ecosistemas, la educación ambiental se alza como una herramienta clave para fomentar la conciencia y la acción. No obstante, este propósito tiene un doble filo: aunque es crucial educar sobre la magnitud de la crisis para impulsar un cambio, la exposición constante a esta dura realidad puede generar sentimientos de desesperanza y ansiedad.

    Este fenómeno, conocido como ecoansiedad, puede paralizar a las personas en lugar de motivarlas. El gran desafío es, por tanto, encontrar un equilibrio que haga de la educación ambiental un puente entre la urgencia y la esperanza, transformando el problema en una oportunidad para la acción.

    Tomado de Entre Saberes ITESO [2]
    Tomado de Entre Saberes ITESO [2]

    La Raíz del Problema y la Crisis Psicológica

    Para comprender esta crisis, es necesario analizar el paradigma dominante. La visión antropocéntrica, que concibe a la naturaleza como un recurso inagotable al servicio exclusivo del ser humano, ha sido la causa principal de la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad [10].

    Esta mentalidad ha impulsado un modelo de desarrollo que prioriza el crecimiento económico, ignorando los límites planetarios. Los intentos de promover la “sustentabilidad” han resultado a menudo en políticas débiles, diseñadas para mantener el sistema económico más que para proteger el ambiente [4]. La educación ha replicado esta línea, dificultando la adopción de una nueva forma de pensar.

    La continua exposición a noticias sobre la crisis socioambiental ha generado un daño psicológico significativo. Investigaciones de Mental Health America [8] indican que el 99.6% de los terapeutas observan un impacto negativo en la salud mental de sus pacientes debido al consumo de noticias catastróficas.

    Esto provoca síntomas de estrés, ansiedad y depresión, que se agravan por la percepción de una falta de capacidad individual para influir en las problemáticas, llevando a un sentimiento de impotencia. Este estado de angustia ha sido formalmente definido como ecoansiedad, un miedo crónico a la ruina ambiental [3, 14].

    Los jóvenes son particularmente vulnerables a la ecoansiedad, experimentando tristeza, impotencia y culpa. Sin una gestión adecuada, estas emociones pueden conducir a la ecoparálisis, un estado de inacción fatalista. Como autoprotección, muchos recurren a la evasión selectiva de noticias, ignorando la información para protegerse emocionalmente [13]. El reto es claro: ¿cómo abordar la crisis sin provocar estas reacciones?

    De la Ecoansiedad a la Ecoacción: Un Cambio de Paradigma Educativo

    La solución no radica en ocultar la verdad. La clave es modificar la forma en que se presenta la información. La ecoansiedad no es un callejón sin salida, sino que puede ser un catalizador para la ecoacción. La preocupación por el planeta es una señal de que nos importa, y esta emoción puede ser canalizada hacia algo productivo [2].

    Para lograr esto, la educación ambiental debe trascender los datos científicos. El educador debe ser más que un profesor; debe convertirse en un guía que se embarca en un viaje de aprendizaje mutuo con sus estudiantes [6]. Este nuevo modelo debe enfocarse en la acción colectiva y la agencia humana. No se trata de exigir una “sostenibilidad al 100%” individual, sino de tejer redes de apoyo y trabajar en comunidad para generar cambios estructurales.

    Participar en iniciativas locales o realizar pequeñas acciones diarias son formas de transformar la ansiedad en una fuerza positiva. En lugar de sentirse solo, se siente parte de una solución que se construye entre todos.

    Es esencial un cambio de paradigma hacia una educación que fomente la conexión y la empatía, transitando de una relación de dominio a una de colaboración y fraternidad. Así, el ser humano se reconoce como parte integral de un sistema interconectado, promoviendo una ética del cuidado esencial [1, 11].

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Competencias Transformadoras y el Enfoque Holístico

    La Ley de Educación Ambiental Integral en Argentina es un ejemplo de esta visión convertida en política pública. Busca formar una conciencia ambiental y una ciudadanía activa de manera transversal en todo el currículo, conectando lo ambiental con la justicia social, la igualdad de género y la salud [9].

    Esta transversalidad es fundamental, permitiendo abordar los temas ambientales desde todas las áreas del conocimiento. El papel del educador es clave: debe ser un agente de cambio y un acompañante, fomentando la reflexión crítica y la acción [5, 7].

    Uno de los principales desafíos es abordar la problemática ambiental sin generar parálisis o ecoansiedad. Para ello, se sugiere un enfoque de “educación que transforma”, basado en dos pilares [7]:

    1. Conectar con la Gratitud: Valorar la belleza y la vitalidad del mundo. Esta conexión con lo que se ama y se aprecia proporciona la energía y motivación para actuar.
    2. Honrar el Dolor: Reconocer y procesar el dolor que provocan los problemas ambientales, entendiéndolo como una señal que impulsa la acción reparadora. Al aprender a gestionarlo, las personas se empoderan.

    En este sentido, la educación debe ir más allá de la simple concientización y enfocarse en el desarrollo de competencias transformadoras como la empatía, la colaboración y la capacidad de solucionar problemas. Estas habilidades son las que permiten a los estudiantes convertirse en agentes de cambio [7, 12].

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Por lo tanto, las soluciones no se hallan en la simple acumulación de conocimientos, sino en una transformación personal y colectiva. Se requiere un enfoque que reconozca la crisis ambiental como una crisis civilizatoria que exige un nuevo paradigma de convivencia. Este enfoque debe basarse en una Educación Ambiental Integral y Transversal, que fomente una conexión ética y empática con la naturaleza, abordándola de forma holística.

    Al capacitar a los estudiantes para ser promotores de cambio, la educación transforma la desesperanza en acción a través de la gratitud, el cuidado y la gestión del dolor. En este contexto, la educación se convierte en la herramienta más poderosa para construir un futuro más justo, sostenible y menos desigual, donde la esperanza y el compromiso colectivo prevalezcan sobre la parálisis y la indiferencia.

    Escrito por Ana Raquel Hernández, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad. 

     

    FUENTES

    1. Boff, L. (2012). El cuidado esencial: Ética de lo humano, compasión por la tierra. Editorial Trotta.
    2. Entre Saberes ITESO. (s.f.). Ecoansiedad, una oportunidad para actuar ante la crisis climática. Recuperado de https://entresaberes.iteso.mx/ecoansiedad-una-oportunidad-para-actuar/
    3. García, J. (2020, 29 de junio). ¿Qué es eso de la ecoansiedad? Gaceta UNAM. Recuperado de https://www.gaceta.unam.mx/que-es-eso-de-la-ecoansiedad/
    4. González Gaudiano, E. J. & Meira Cartea, P. Á. (2020). Educación para el cambio climático: ¿Educar sobre el clima o para el cambio? Perfiles educativos, 42(168), 157-172. Recuperado de https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982020000200157
    5. Gutiérrez-Pérez, D. & Priotto, G. (2014). Educación ambiental para el desarrollo sostenible. Revista Iberoamericana de Educación, 67, 91-118. https://portal.amelica.org/ameli/journal/258/2582539010/html/
    6. Kaplún, M. (1998). Una pedagogía de la comunicación. Ediciones de la Torre.
    7. Menéndez, S. & Rico, A. (2024). Una educación que transforma. Fundación Ashoka.
    8. Mental Health America. (s.f.). Cobertura de noticias negativas y salud mental. Recuperado de https://mhanational.org/es/resources/negative-news-coverage-and-mental-health/
    9. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. (2022). Guía de conceptos clave para la educación ambiental integral. Recuperado de https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2022/04/el008445.pdf
    10. Montaño Salas, F. E., Cervantes Beltrán, A., & Meléndrez Arenas, J. (2012). La educación ambiental en México ante la crisis ambiental. Revista Vinculando. Recuperado de https://vinculando.org/ecologia/la-educacion-ambiental-en-mexico-ante-la-crisis-ambiental.html
    11. Novo, M. (1995). La educación ambiental: Bases éticas, conceptos y metodologías. Editorial Universitas.
    12. Rodríguez Blanco, E., Carreras, I., & Sureda, M. (2012). Innovar para el cambio social: De la idea a la acción. ESADE, Instituto de Innovación Social.
    13. Universitat Oberta de Catalunya. (2023, 23 de mayo). Crece la tendencia a evitar las malas noticias. https://www.uoc.edu/es/news/2023/165-crece-tendencia-evitar-malas-noticias
    14. Unobravo. (2024, 25 de abril). Ecoansiedad: ¿qué es y cómo gestionarla? Recuperado de https://www.unobravo.com/es/blog/ecoansiedad

     

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

  • Educación regenerativa: una brújula para transformar las relaciones

    Casi todas las personas hemos escuchado de escuelas alternativas que ofrecen una propuesta de educación personalizada e integral que se promueve desde lo innovador, pero ¿qué sucede con aquellas que han crecido con una estructura tradicional? ¿Qué pasa con esas grandes escuelas de cemento en el centro de las ciudades, o cualquier otra institución —educativa o no— que a veces se siente atrapada entre las paredes de lo posible, pero que su corazón quiere ofrecer y moverse hacia una coherencia para la vida?

    Durante años, muchas escuelas se han acercado al tema ecológico con propuestas valiosas, pero parciales: huertos escolares manejados por empleados, separación básica de residuos, granjas escolares o visitas puntuales a comunidades llamadas “vulnerables”. Son pasos importantes, pero la pregunta que permanece es: ¿qué nos está transformando como comunidad?. Si todo se queda en el activismo, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie y de que nuestras acciones no toquen lo más profundo: el corazón humano, las motivaciones comunitarias y la cultura institucional.

    Fotografía obtenida de Colegio Salesiano Anáhuac Garibaldi, Guadalajara, Jalisco, México (2020). Una escuela en un barrio céntrico de la ciudad.
    Fotografía obtenida de Colegio Salesiano Anáhuac Garibaldi, Guadalajara, Jalisco, México (2020). Una escuela en un barrio céntrico de la ciudad.

    ¿De qué sirve contar actividades si no transforman nuestras relaciones? En el campo educativo solemos hablar de proyectos, campañas o actividades ambientales. Sin embargo, detrás de la palabra indicador hay una oportunidad: mirar lo que hacemos no solo como una lista de cumplimiento, sino como una forma de reconocer procesos que expanden el horizonte de cada institución. Los indicadores no son un porcentaje frío, sino huellas de caminos que se abren, lluvia de ideas que se vuelven posibles y nos ayudan a situar las acciones de cuidado de la vida en cada contexto.

    Del dato a la relación

    Cuando hablamos de educación regenerativa no se trata de agregar tareas a la agenda, sino de resignificar la manera en que nos vinculamos con lo otro (la Creación de Dios, la naturaleza, el entorno). Como bien señala Francisco en Laudato Si’ (2015), todo está interconectado: no existen crisis separadas, sino una única crisis socioambiental que refleja también el corazón del ser humano. De ahí que no podemos mirar los residuos, el agua o la energía de manera aislada, sino dentro del tejido de nuestras relaciones.

    Ese tejido —como lo expresa Mendoza Zárate (2019)— se compone de acuerdos, identidad y vínculos. Y, si queremos hablar de regeneración, también debemos añadir las relaciones ambientales para formar un tejido socioambiental: con el suelo, con el aire, con las especies que conviven en el territorio. No buscamos únicamente contar “cuántos” proyectos, sino reconocer “qué tipo” de relación se va gestando.

    Es preciso ejecutar acciones con voluntad y convicción. Dada la crisis climática, vale la pena comenzar reconociendo algo fundamental (retomando la experiencia de Nuria Ortega): si no hay transformación personal, los esfuerzos colectivos se agotan en la superficie; y si no hay transformación colectiva, los esfuerzos personales terminan en frustración.

    Fotografía obtenida de Cultura Ecológica Integral Salesiana (2025).
    Fotografía obtenida de Cultura Ecológica Integral Salesiana (2025).

    Una brújula para avanzar: la escala de niveles

    En la conversación educativa, a menudo hablamos de proyectos, campañas o actividades ambientales. Pero hablar de indicadores nos permite dar un paso más: reconocer en qué punto estamos y hacia dónde podemos movernos. No se trata de tener un porcentaje de cumplimiento ni quiero que se vuelva en un espacio de juicio, sino de visualizar caminos posibles que se adaptan al contexto de cada institución.

    El marco del diseño regenerativo de Bill Reed (2007) ofrece una brújula para entender la profundidad de nuestras acciones. En él, vinculado a los fundamentos comunitarios y espirituales de Laudato Si’ (Francisco, 2015), podemos distinguir al menos cinco niveles de relación con lo otro:

    Convencional Uso indiscriminado de los recursos, sin conciencia ambiental ni social. La escuela funciona bajo un modelo de consumo lineal (usar–tirar), sin preocuparse por los impactos en la naturaleza o la comunidad.
    “Verde” Primera fase de “sensibilización ecológica”. Se adoptan prácticas visibles (separar basura, poner carteles de “ahorra agua”) o campañas esporádicas, muchas veces más como imagen que como transformación real. Puede caer en el “greenwashing” si no hay coherencia profunda.
    Sostenible Se busca preservar los recursos y reducir impactos. La institución establece metas medibles (agua, energía, residuos), se acerca al modelo carbono neutral o net-zero, y vincula la educación con un estilo de vida responsable.
    Restaurativo Se pasa de “mantener” a restaurar. La institución no solo reduce su huella, sino que busca revertir daños y recrear condiciones previas al deterioro ambiental. Se imitan los procesos de la naturaleza (biomimética) y se construyen relaciones de reciprocidad con la comunidad.
    Regenerativo Nivel más profundo: la escuela se concibe y vive como parte de la naturaleza. Sistemas humanos y naturales conviven y se fortalecen mutuamente. Se crean culturas regenerativas, con visión de largo plazo (50–100 años), integrando espiritualidad, ciencia y comunidad.

    Este marco ayuda a no quedarnos solo en lo inmediato. No todas las acciones serán regenerativas desde el inicio, pero esta escala nos muestra el horizonte y nos motiva a dar pasos cada vez más profundos.

    Seis ámbitos para mirar nuestras acciones

    Como parte de la Comisión Inspectorial de Medio Ambiente (CIMA) de los Salesianos México-Guadalajara, trabajamos este marco para personas directivas de escuelas salesianas en México y de ahí surgió un conjunto de indicadores por área (Anguiano, Villanueva, y González, 2025). Cada ámbito toca dimensiones prácticas de la vida escolar, pero también abren preguntas más hondas sobre cómo nos relacionamos con toda la vida.

    Gestión institucional

    Se trata de cómo la institución incorpora lo ambiental en su organización. Algunos ejemplos de los indicadores son:

    • El colegio cuenta con un plan de reducción de huella de carbono.
    • Se genera un fondo económico para proyectos ambientales del colegio.
    • Se diseñan proyectos transgeneracionales (pensando en 50-100 años).

    En lo cotidiano, esto se traduce en que la sostenibilidad no sea un proyecto aislado, sino parte de las decisiones administrativas, presupuestales y de planeación de cada colegio.

    Infraestructura y recursos

    Aquí se revisa el manejo eficiente de los bienes naturales y de las instalaciones:

    • Toda el agua usada en la escuela es tratada y reutilizada en ciclos cerrados.
    • Se promueve la movilidad sostenible: bicicleteros, compartir auto, transporte escolar.
    • Se realizan campañas permanentes de reciclaje y compostaje (se tiene plan de manejo – Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos).

    Son indicadores que permiten ver cómo el espacio escolar se convierte en un laboratorio vivo de aprendizaje y coherencia.

    Alimentación y consumo

    La alimentación es una de las áreas con mayor impacto socioambiental y formativo:

    • Se reutilizan libros y uniformes en bancos de intercambio anual.
    • Existencia de opciones agroecológicas en el menú escolar.
    • Eliminación de plásticos de un solo uso en cafeterías y eventos.

    Al cambiar la cultura de consumo, la comunidad escolar aprende a valorar el origen de los alimentos y su vínculo con la justicia ambiental y social.

    Currículo y formación

    No basta con prácticas aisladas: el cuidado de la vida debe estar presente en la propuesta educativa. Algunos indicadores:

    • Se diseñan áreas educativas al aire libre (aulas verdes).
    • Se incluyen proyectos ambientales en el currículo de las asignaturas.
    • Los aprendizajes integran ciencia, espiritualidad y cultura de cuidado.

    La clave aquí es que el cuidado ambiental deje de ser “un tema más” y se convierta en parte de la identidad educativa.

    Relación con la comunidad

    Las instituciones no son islas; forman parte de un tejido social y ambiental más amplio:

    • Se recupera biodiversidad local dentro del espacio escolar (aves, insectos, plantas).
    • La comunidad educativa está comprometida en proyectos sociales.
    • Se desarrollan alianzas con ONGs, otras escuelas, vecindades y autoridades para restaurar ecosistemas cercanos.

    Un colegio regenerativo no solo se transforma hacia dentro, sino que se vincula hacia fuera, aportando a la resiliencia de su territorio.

    Espiritualidad y ética

    Quizá el indicador más complejo de medir, pero también el más transformador:

    • Las decisiones de gestión se acompañan de procesos comunitarios y de reflexión ética.
    • Se fomentan espacios de silencio, contemplación y gratitud hacia la naturaleza.
    • La comunidad vive una ética del cuidado que trasciende las instalaciones y llega a los hogares.

    Este ámbito nos recuerda que la educación regenerativa no se mide únicamente en litros de agua ahorrados, sino en la calidad de nuestras relaciones: acuerdos, identidad y vínculos fortalecidos.

    La reacción de las y los directivos que nos compartió Ana Olivia González (de la CIMA) es similar a la que muchas personas sentimos ante un gran reto: muchas personas se sintieron abrumadas por la cantidad de posibilidades y, en algunos casos, cuestionaron la pertinencia de dedicar tiempo a estas acciones. Sin embargo, al mirar los indicadores no como una lista cerrada, sino como un camino abierto, surgió un aprendizaje central: educamos para la vida y con la vida, y estos cambios son intergeneracionales.

    Fotografía obtenida de Cultura Ecológica Integral Salesiana (2025).
    Fotografía obtenida de Cultura Ecológica Integral Salesiana (2025).

    Más allá de lo “ecológico”

    Hablar de indicadores no significa hacer auditorías técnicas, sino abrir horizontes. Los indicadores nos ayudan a ver que un huerto escolar puede ser extractivo si es decorativo, sostenible si se mantiene a largo plazo, restaurativo si recupera suelos degradados y regenerativo si logra tejer comunidad y conciencia.

    Lo que está en juego no es solo la ecología, sino la coherencia de nuestros proyectos educativos con la vida misma. Una escuela que aprende a vivir regenerativamente educa para un futuro distinto, posible y esperanzador.

    ¿Qué ganan las instituciones con este cambio de mirada? Más que un título de “ecológicas”, ganan coherencia, resiliencia y comunidad. Se convierten en lugares donde se ensayan otras formas de vida, donde se potencia la vida de cada persona y la vida del planeta.

    La educación regenerativa es necesariamente intergeneracional. No veremos todos sus frutos mañana, pero cada paso construye futuro. La invitación está abierta: mirar los indicadores no como una lista de tareas, sino como un mapa de posibilidades para cuidar lo que somos y lo que seremos.

    Fotografía de los niños futboleros de la comunidad de Juluchuca, Guerrero, México (2022).
    Fotografía de los niños futboleros de la comunidad de Juluchuca, Guerrero, México (2022).

    Nota final

    Agradezco a Miguel Núñez, Malú Villanueva, Ana Olivia González, con quienes he tenido la oportunidad de reflexionar y trabajar en torno a este tema hacia una cultura ecológica integral, y también a ChatGPT por el apoyo en dar orden y claridad a las ideas en nuestra cabeza.

    Escrito por Ana Lorena Anguiano Suárez del Real, alumna de la Maestra en Innovación Educativa para la Sostenibilidad. 

    Referencias

    • Anguiano Suárez del Real, A., Villanueva, M., González, A. (2025). Indicadores por nivel. Diseño regenerativo. Documento interno de la Comisión Inspectorial de Medio Ambiente (Salesianos México – Guadalajara).
    • Cultura Ecológica Integral Salesiana (CEIS). Instagram: @culturaecologicasalesiana.
    • Francisco (2015). Laudato Si’. Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común. Ciudad del Vaticano.
    • Mendoza Zárate, R. (2019). El tejido social: acuerdos, identidad y vínculos. México.
    • Reed, B. (2007). Shifting from ‘sustainability’ to regeneration. Building Research & Information, 35(6), 674–680.

     

    Las opiniones expresadas en este artículo son de  exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del  Medio Ambiente.

  • Colombia y la Opinión Consultiva OC-32/25: un llamado a defender la vida frente a la crisis climática

    La defensa del clima y del territorio se ha convertido en uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Lo que antes parecía un problema lejano, casi abstracto, hoy se siente en los ríos que se desbordan, en los campos que se secan y en la vida de quienes habitan el país. Esta crisis no conoce fronteras, ni respeta sistemas jurídicos; atraviesa vidas enteras.

    En distintos rincones del mundo, personas y comunidades han llevado la lucha climática hasta las más altas instancias judiciales, obteniendo fallos históricos. Pero también existen resistencias territoriales que no cuentan con acompañamiento legal, pero luchan con la misma fuerza y dignidad. En medio de ambos caminos, emerge la Opinión Consultiva OC-32/25 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un instrumento que no solo orienta a los Estados en su deber de proteger la vida y el ambiente, sino que puede convertirse en una herramienta viva para la acción comunitaria, con o sin tribunales de por medio.

    Foto tomada de: Global Voice
    Foto tomada de: Global Voice

    El 29 de mayo de 2025, la Corte Interamericana hizo historia con esta Opinión Consultiva, solicitada por Colombia y Chile. No es un documento frío ni un mero trámite internacional: es un grito jurídico y ético que afirma, con claridad, que la crisis climática es también una crisis de derechos humanos, y que la inacción frente a ella es una forma de violarlos.

    Colombia no fue espectadora. Junto a Chile, pidió a la Corte que respondiera: ¿qué deben hacer los Estados para proteger a sus pueblos y territorios de esta amenaza que avanza? La respuesta llegó contundente: actuar con urgencia, con justicia y con responsabilidad compartida.

    Mandatos concretos para proteger la vida y la tierra

    Foto tomada del artículo: AntiCOP 2024: Un llamado global desde Oaxaca para la defensa de la tierra, el agua y la justicia climática
    Foto tomada del artículo: AntiCOP 2024: Un llamado global desde Oaxaca para la defensa de la tierra, el agua y la justicia climática

    La Opinión Consultiva no se queda en conceptos generales; establece pasos claros: reducir emisiones de gases de efecto invernadero, proteger la naturaleza como sujeto de derechos, garantizar agua, alimentos, salud y vivienda, escuchar y proteger a las comunidades, y salvaguardar a quienes defienden la tierra y el agua.

    En la realidad colombiana, estos mandatos son palpables:

    • Las familias de La Mojana, que ven año tras año cómo las inundaciones arrasan sus cultivos y hogares.
    • Las comunidades wayuu, que caminan kilómetros bajo el sol para conseguir agua en medio de la sequía y la desnutrición infantil.
    • Los campesinos del Cauca y Nariño, afectados por un clima impredecible que destruye cosechas enteras.
    • Los pueblos indígenas amazónicos, que resisten la deforestación mientras sienten el calor crecer y la selva arder.
    • Las y los defensores ambientales, en Cali, el Caquetá, Chocó y Magdalena Medio, amenazados por alzar la voz contra proyectos que ponen en riesgo la vida.

    La Corte ordena lo que Colombia necesita:

    • Respetar y garantizar derechos humanos frente a los impactos climáticos.
    • Prevenir daños irreversibles, actuando con la mejor ciencia disponible y con diligencia reforzada.
    • Asegurar participación real de las comunidades en decisiones sobre el clima, no como oyentes, sino como protagonistas.
    • Proteger de manera diferenciada a niñas, niños, pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, mujeres y personas vulnerables.
    • Cooperar internacionalmente, no solo con palabras, sino con financiamiento, tecnología y apoyo para adaptación.

    En la práctica, esto significa que el derecho al agua del pueblo wayuu no puede depender de medidas incumplidas; que la Amazonía no puede arder mientras se discuten presupuestos; que el derecho a la alimentación debe garantizar políticas que apoyen a agricultores a adaptarse; y que ningún líder ambiental debería temer por su vida al defender su territorio.

    La OC-32/25 es, entonces, mucho más que una interpretación legal: es una herramienta de esperanza y exigencia, un respaldo para fortalecer leyes y planes climáticos, exigir responsabilidades internacionales, dar voz y poder a las comunidades, y proteger a quienes protegen la tierra.

    Tres historias judiciales que inspiran

    Foto tomada de: EFEverde
    Foto tomada de: EFEverde

    A nivel global, la lucha climática ha tomado la vía judicial con resultados emblemáticos:

    1. Urgenda Foundation vs. Países Bajos
      La Corte Suprema neerlandesa ordenó al Estado reducir al menos un 25% sus emisiones de gases efecto invernadero para 2020, marcando un precedente mundial: los tribunales pueden exigir metas climáticas vinculantes basadas en derechos humanos.
    2. Los jóvenes portugueses ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
      Seis jóvenes demandaron a 33 Estados europeos por inacción climática. Aunque la demanda fue declarada inadmisible por no agotar recursos internos, envió un mensaje claro: las nuevas generaciones no aceptan heredar un planeta herido sin luchar por él.
    3. La queja de Greta Thunberg y otros 15 niños ante la ONU
      En 2019, niños de 12 países denunciaron a Argentina, Brasil, Francia, Alemania y Turquía por inacción climática. Aunque la queja fue declarada inadmisible por cuestiones procesales, colocó a la infancia en el centro de la narrativa climática, reafirmando su derecho a un futuro vivible.

    Estos casos muestran que la justicia climática es posible, que los derechos humanos son el eje de la lucha ambiental, y que los tratados internacionales son puentes entre la justicia local y global.

    Justicia ambiental más allá de los tribunales

    Foto tomada de: Portal ambiental
    Foto tomada de: Portal ambiental

    Pero la historia no termina en los tribunales. Existen luchas silenciosas, donde las comunidades defienden su territorio sin abogados ni visibilidad mediática: mujeres que custodian ríos, pescadores que protegen manglares, comunidades indígenas frente a retroexcavadoras.

    Aquí, la OC-32/25 se convierte en brújula: un marco jurídico y ético que legitima la resistencia, fortalece la voz comunitaria y recuerda al Estado que proteger la vida y el ambiente es una obligación ineludible.

    Defender el territorio, con o sin abogados, es un acto de amor radical por la vida. La Opinión Consultiva OC-32/25 puede orientar ese amor hacia exigencias concretas, articulación de luchas y construcción de un futuro donde justicia y naturaleza sean un solo camino.

     

    Escrito por Lina Marcela Enriquez Barbosa, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad de 4o semestre. 

     

    Referencias bibliográficas

    Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2025). Opinión Consultiva OC-32/25. Emergencia climática y derechos humanos. San José, Costa Rica. https://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/seriea_32_esp.pdf 

    Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. (2023, 17 de enero). El cambio climático ante la Corte Suprema de los Países Bajos: El caso Urgenda Foundation v. State of the Netherlands. SCJN. https://www.sitios.scjn.gob.mx/cec/blog-cec/el-cambio-climatico-ante-la-corte-suprema-de-los-paises-bajos-el-caso-urgenda-foundation-v

    Tribunal Europeo de Derechos Humanos. (2020). Carvalho y otros c. Portugal y otros. Expediente núm. 39371/20. 

    Comité de los Derechos del Niño. (2021). Sacchi et al. v. Argentina, Brazil, France, Germany, and Turkey. Comunicación núm. 104/2019. 

     

    Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente

  • La urgencia de crear jardines nativos y polinizadores en entornos urbanos

    La rápida expansión urbana, ha provocado una alarmante pérdida de áreas verdes. Esta degradación ambiental genera diversos impactos como contaminación del aire, menor captura de carbono, aumento de calor urbano y pérdida de biodiversidad, con efectos negativos sobre la salud y la calidad de vida urbana. (Manzanilla-Quiñones et al. 2021)

    La crisis de las áreas verdes urbanas

    Como ejemplo, entre 2000 y 2019, la zona metropolitana de Monterrey redujo su área verde urbana per cápita de 13.31 m² a 7.75 m², es decir, una disminución de 5.46 m² por habitante   (Jiménez Pérez et al. 2013). Varios estudios concluyen que hasta un 30 % de cobertura vegetal en un barrio, la regla “3‑30‑300” (ver tres árboles desde casa, 30 % de vegetación, parque a menos de 300 metros), mejora significativamente la salud mental y física de la población. (Nature Based Solution Institute, 2021)

    Por qué plantar jardines nativos y polinizadores

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    1. Conservación de la biodiversidad y servicios ecosistémicos: Los jardines para polinizadores, diseñados con plantas nativas, ofrecen alimento (néctar y polen), refugio y sitios de anidación para abejas, mariposas, colibríes y otros insectos vitales para la polinización. Estos espacios actúan como corredores ecológicos en medio urbano, conectando fragmentos naturales y fortaleciendo la resiliencia biológica local (Verde Constructivo SAS, 2025).  Además, la polinización biológica está relacionada con la producción de la mayoría de cultivos que consumimos, lo que también apunta hacia su relevancia para la seguridad alimentaria. (SEDEMA, 2019)
    2. Mejora ambiental: Las plantas nativas requieren menos agua y fertilizantes, ya que están adaptadas al clima y suelo local. Con sus raíces profundas reducen la erosión y mejoran la calidad del suelo. También ayudan a disminuir el efecto de isla de calor urbano, reducen el ruido y capturan contaminantes atmosféricos como CO₂ y partículas finas. (Verde Constructivo SAS, 2025)
    3. Beneficios para la salud y bienestar humano: Numerosos estudios muestran que el contacto regular con vegetación urbana disminuye los niveles de estrés, ansiedad y depresión, mejora la atención y reduce el consumo de ansiolíticos. Además, favorece la actividad física, que a su vez reduce riesgos de enfermedades cardiovasculares y obesidad. La presencia de plantas y jardines también refuerza la salud mental, mejora el ánimo, la creatividad y disminuye la fatiga cognitiva. (WHO, 2017)
    4. Cohesión social y educación ambiental: Los jardines comunitarios fomentan el encuentro, fortalecen el tejido vecinal y promueven un sentido de pertenencia. Permiten organizar talleres, actividades educativas y movilizar conciencia ecológica colectiva. 

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Cómo diseñar jardines nativos y de polinizadores

    Selección de plantas nativas: elegir especies locales que florezcan en distintos periodos del año. Es importante investigar las plantas según tu región. La plataforma de Naturalista es una excelente herramienta para ello https://mexico.inaturalist.org/

    Diseño que cubra múltiples servicios: incluir bebederos, troncos, ramas y tierra suelta para anidación; asegurar floraciones continuas y diversidad de hábitats dentro del espacio. (ComunadISM, 2025)
    Mantenimiento ecológico: sistemas de riego eficientes (como goteo), compostaje, control biológico de plagas, poda responsable y mínima intervención para preservación del equilibrio ecológico. (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. 2023)

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Un llamado a la acción comunitaria

    Implementar jardines nativos y para polinizadores no es solo embellecer el paisaje urbano; es actuar de forma estratégica ante la crisis ecológica actual. Son espacios inteligentes que aportan servicios ambientales, fortalecen comunidades, educan y generan beneficios duraderos para clima, salud y biodiversidad. Estos proyectos reflejan una visión integrada de desarrollo urbano sustentable, donde la naturaleza y la comunidad se regeneran mutuamente. (Cruz, Alvarado. 2025)

    En contextos como la ciudad de Monterrey, con alta presión urbanística y déficit en áreas verdes, sumar iniciativas comunitarias que generen jardines de plantas nativas y polinizadores puede marcar una gran diferencia en el bienestar ambiental y social de los habitantes, y aquí la Educación para la Sostenibilidad juega un rol importante.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Escrito por Ana Hernández, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad. 

    
    REFERENCIAS: 

    Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. (2023, 6 de marzo). Jardín para polinizadores. Biodiversidad Mexicana. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://www.biodiversidad.gob.mx/ecosistemas/procesose/polinizacion/jardin-de-polinizadores

    ComunidadISM. (s. f.). Importancia de los jardines para polinizadores en la naturalización de las ciudades. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://www.comunidadism.es/importancia-de-los-jardines-para-polinizadores-en-la-naturalizacion-de-las-ciudades/

    Cruz García Albarado, J. (n.d.). Jardines para polinizadores, espacios inteligentes en las ciudades. Revista Landuum. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://www.landuum.com/historia-y-cultura/jardines-para-polinizadores-espacios-inteligentes-en-las-ciudades/

    Jiménez Pérez, J., Cuéllar, G., & Treviño, E. (2013). Áreas verdes del municipio de Monterrey. Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Ciencias Forestales. https://portal.monterrey.gob.mx/transparencia/areaverdesmty.pdf 

    Manzanilla-Quiñones, U., Manzanilla-Quiñada, G. E., & Delgado-Valerio, P. (2021). Análisis espacio-temporal de las áreas verdes urbanas de la Zona Metropolitana de Monterrey, México. Ecosistemas y Recursos Agropecuarios, 8(1), https://ri.ujat.mx/jspui/bitstream/200.500.12107/5498/1/efrain%2C%2B2676.pdf 

    Nature Based Solutions Institute. (2021, febrero). The 3 + 30 + 300 rule [página web]. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://nbsi.eu/the-3-30-300-rule/

    Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad de México (SEDEMA). (2019, 14 de marzo). Creará SEDEMA jardines de polinización para conservar biodiversidad. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://www.sedema.cdmx.gob.mx/comunicacion/nota/-sedema-jardines-de-polinizacion

    Verde Constructivo SAS. (2025, 2 de enero). La importancia del mantenimiento de los jardines naturales: un compromiso con el medio ambiente y el bienestar. Verde Constructivo. Recuperado el 30 de julio de 2025, dehttps://verdeconstructivo.com/la‑importancia‑del‑mantenimiento‑de‑los‑jardines‑naturales‑un‑compromiso‑con‑el‑medio‑ambiente‑y‑el‑bienestar/ 

    World Health Organization (WHO). Urban green space interventions and health: A review of impacts and effectiveness [Internet]. Copenhagen; 2017. Available from: http://www.euro.who.int/en/health-topics/environment-and-health/urban-health/publications/2017/urban-green-space-interventions-and-health-a-review-of-impacts-and-effectiveness.-full-report-2017

     

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
  • Educación Transformadora

    Educación Transformadora

    Estudié la carrera de Biología por mi amor y respeto a la Madre Tierra, más el camino me llevó hacia la educación. Aquí descubrí el profundo impacto que ésta puede tener al sembrar pequeñas semillas en mis alumnos. Al día de hoy, he descubierto que muchas de esas semillas han germinado y movilizado su sensibilidad hacia el cuidado y la comprensión del entorno natural.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    En la guía “Educación que transforma”, Irene Milleiro menciona que la educación tiene el poder de cambiar profundamente a las personas y a las comunidades, ayudándoles a imaginar y construir un mundo mejor. Esta idea resuena profundamente conmigo, porque he sido testigo de cómo, a través de procesos educativos significativos, los individuos comienzan a mirar el mundo con otros ojos, a cuestionarse y a actuar de forma distinta.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Para enfrentar los problemas actuales, necesitamos habilidades como la empatía, el trabajo en equipo y la capacidad de transformar la realidad. La Educación Transformadora, como señalan Menéndez Sadornil y colaboradores (2024), no solo transmite conocimientos, sino que impulsa a las personas a actuar para mejorar la sociedad. Esta educación ayuda a entender cómo se conectan las distintas crisis que vivimos y muestra que es posible cambiarlas. El objetivo es que cada persona desarrolle habilidades para crear un futuro más justo y sostenible.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Estoy convencida de que todos podemos y tenemos el poder de cambiar el mundo, y que la educación, cuando es verdaderamente transformadora, nos brinda las herramientas para usar ese poder de forma positiva. Por eso, sigo apostando por ella, desde donde estoy y con lo que soy, con la esperanza de seguir sembrando semillas que algún día florezcan en acciones conscientes y comprometidas.

    Ahora bien, en la educación es de suma importancia vivir la experiencia de lo que se está aprendiendo, para que sea realmente transformadora. Larrosa (2006) nos invita a repensar la experiencia como «eso que me pasa», un acontecimiento que irrumpe desde el exterior y deja una huella subjetiva en quien lo vive. La experiencia no es solo un hecho, sino un proceso que nos afecta, nos cambia y nos lleva a otro lugar.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Puedo llevar esta perspectiva hacia la educación ambiental. Cuando la naturaleza se presenta como un “otro” que nos afecta, no solo aprendemos sobre el medio ambiente, sino que nos involucramos emocional y éticamente con su cuidado. Con esto en mente, al generar proyectos educativos busco este tipo de encuentros transformadores, donde la idea es que no solo se adquieran conocimientos, sino que  se viva la experiencia que nos movilice a todos hacia la acción ambiental.

    Foto de Ana Hdz.
    Foto de Ana Hdz.

    Y con ello, la educación para la sostenibilidad se convierte en una práctica ética, ya que implica reconocer la alteridad de la naturaleza y asumir la responsabilidad de su cuidado. Es un proceso de formación que va más allá del conocimiento cognitivo, involucrando la sensibilidad, la reflexión y la acción transformadora. Por lo que, continuando con el pensamiento de Larrosa,  la educación no se trata de solo transmitir información, sino una invitación a vivir experiencias que nos toquen, nos cambien y nos comprometan con el mundo que habitamos.

     

    Escrito por Ana Raquel Hernández, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad, generación 2025

     

    Referencias:

    Menéndez Sadornil, S., & Rico Trigo, A. (2024). Una educación que transforma: experiencias de educación transformadora para un mundo de agentes de cambio. Fundación Ashoka- Emprendedores Sociales. 

    Larrosa, J. (2006). Sobre la experiencia I. Revista Educación y Pedagogía, 18.

     

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.