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Tag: Experiencia UMA

  • Hábitat y género desde la pluralidad. Tejidos colectivos para el cuidado de la vida y de los territorios

    Tejer mundos donde quepan muchos mundos

    En tiempos en los que la vida parece fragmentarse por los efectos del sistema capitalista, patriarcal, colonial y racista, el encuentro Hábitat y género desde la pluralidad. Tejidos colectivos para el cuidado de la vida y de los territorios surge como una invitación a repensar y reconstruir nuestras formas de habitar el mundo.

    Durante tres días, en el Campus de la Universidad del Medio Ambiente (UMA), nos reuniremos para reflexionar y aprender colectivamente.
    Queremos pensar cómo el hábitat puede ser también un espacio de resistencia, cuidado y regeneración.

    El propósito del encuentro es RE-pensar el hábitat, RE-significar las culturas constructivas y DE-construir la obra, cuestionando los conocimientos formales dominantes que han desplazado los saberes situados de las, los y les habitantes.
    En este sentido, desde una mirada crítica y sensible, buscamos RE-inventar mundos plurales donde todas las formas de vida sean valoradas y podamos coexistir en reciprocidad, cooperación e interdependencia.

    De un ciclo de diálogos a un encuentro plural

    Este encuentro tiene una historia.
    Surge del ciclo “Hábitat y Género. Mujeres construyendo un hábitat sostenible e inclusivo”, realizado en 2022.

    Por otra parte, aquel espacio de videoconferencias y comunidad de diálogo permitió entrelazar experiencias, pensamientos y sentires desde distintos territorios.
    Compartimos contradicciones, aprendizajes y preguntas que nos llevaron a cuestionar la noción misma de hábitat y su relación con el género y la inclusión.

    A partir de esas conversaciones, comprendimos que el hábitat no se construye solo con materiales o técnicas, sino con vínculos, afectos y visiones del mundo.
    De este modo, entendimos también que las luchas por el hábitat son múltiples y que en ellas deben participar activamente las diversidades, las infancias, los hombres y las disidencias.

    Por eso, este nuevo encuentro amplía la conversación y nos invita a tejernos desde la pluralidad.
    Reconocemos que, para crear un mundo donde quepan muchos mundos, debemos abrazar las distintas formas de ser, existir y habitar como parte esencial del cuidado de la vida.

    Confrontar lo que oprime, cuidar lo que sostiene

    En un contexto global donde la desigualdad, el despojo y la violencia hacia ciertos cuerpos-territorios se han naturalizado, necesitamos confrontar las categorías que sostienen esas estructuras opresoras.

    El encuentro busca generar un espacio donde podamos imaginar juntas/os/es otros relatos del habitar.
    Relatos que existen, resisten y re-existen desde los afectos, la espiritualidad, los conocimientos situados, el buen vivir y los cuidados colectivos de la Tierra.

    Diseñar este encuentro ha sido ya un ejercicio de aprendizaje mutuo y transformación colectiva.
    Quienes lo co-diseñamos hemos compartido procesos, mapas conceptuales, conversaciones y silencios que nos han permitido construir un lenguaje común sin imponer certezas.

    Más que respuestas cerradas, nos llevamos preguntas que nos conmueven y nos impulsan a seguir caminando juntas/os/es.

    ¿A quién se dirige este encuentro?

    El Encuentro Hábitat y género desde la pluralidad está dirigido a todas las personas que deseen participar en la construcción colectiva de un hábitat vivible, equitativo y libre de discriminación.

    Queremos convocar a arquitectas, constructores, diseñadoras, activistas, artistas, estudiantes, comunidades y colectivos que estén buscando formas de RE-crear los territorios y las comunidades desde el cuidado de la vida.

    Además, reconocemos la importancia de las infancias como parte fundamental de los territorios que queremos habitar.
    Por ello, durante los tres días del encuentro habrá un espacio propio y digno para ellas.
    Un lugar donde puedan jugar, descansar y participar de acuerdo con sus tiempos y necesidades.

    Lo que encontrarás en el encuentro

    El programa incluirá:

    • Conversatorios y conferencias con voces diversas de México y América Latina que compartirán sus experiencias sobre hábitat, género, cuidados y tejidos comunitarios.

    • Talleres prácticos, como construcción con tierra y uso de herramientas manuales y eléctricas, donde la práctica se entrelaza con la reflexión colectiva.

    • Espacios de convivencia, reflexión y escucha, diseñados para fomentar el diálogo horizontal y el intercambio de saberes.

    • Actividades paralelas para infancias, pensadas desde el juego, la creatividad y el cuidado.

    Queremos que este encuentro sea un espacio amoroso, seguro y digno.
    Un espacio donde podamos sostenernos en nuestras diferencias y reconocernos como parte de un entramado común.

    Un llamado al cuidado y a la acción

    Hoy más que nunca necesitamos imaginar y construir nuevas formas de habitar.
    Formas que no partan del control ni del dominio, sino del cuidado, la cooperación y la reciprocidad.

    El encuentro Hábitat y género desde la pluralidad es una oportunidad para tejer redes, compartir saberes, abrir preguntas y construir horizontes comunes.

    🗓️ 20, 21 y 22 de noviembre de 2025
    📍 Campus UMA, Valle de Bravo, Estado de México
    🔗 Inscríbete aquí

    Este es un llamado a todas las personas que quieren imaginar y hacer posible otros mundos, desde la pluralidad, los afectos y el cuidado de la vida.

    Porque solo tejidas colectivamente podremos sostener el futuro que soñamos. 💜

    Escrito por Daniela Meléndez (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sostenible, generación 2023)Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

  • Hacia el rumbo bioclimático: El habitar en su dimensión espacial

    Hacia el rumbo bioclimático: El habitar en su dimensión espacial

    El concepto de habitar ha sido estudiado en diversas disciplinas, no sólo en la arquitectura y por ello puede abordarse desde distintas dimensiones: la espacial, la sensorial, la emocional, la social, la cultural, la espiritual, la ambiental.

    Solís, M. (2015)

    Para este primer artículo, me interesa iniciar con su dimensión más básica, la espacial, con la finalidad de reflexionar acerca de la trascendencia que puede tener el diseño bioclimático teniendo como base la propia existencia humana.

    Estas reflexiones surgen al concluir el primer trimestre de la Especialidad en Arquitectura Bioclimática de la UMA, en donde nos enfocamos en conocer los factores que intervienen en el confort del ser humano, la importancia del entendimiento del entorno natural, de sus variables climatológicas y de las condicionantes propias del individuo que influyen en él.

    Entendiendo el habitar

    De ser posible, procura despejar tu mente, busca un sitio agradable preferentemente con vista al exterior, levanta tu cabeza, mira hacia el cielo por un par de segundos y plantéate la siguiente pregunta: ¿Qué es el habitar?

    Seguramente en la respuesta se esbozan conceptos como vivir, residir, asentarse, o quizás algunos relacionados a la propiedad y a la colectividad. Con el objetivo de plantear una definición propia del concepto de habitar, más que una revisión etimológica, me parece interesante realizar el ejercicio que solemos hacer cuando desconocemos el significado de una palabra.

    En la edición 23ª del Diccionario de la lengua española (2014), habitar es un verbo transitivo que proviene del latín habitāre que significa “Vivir, morar”; morar a su vez se define como “Habitar o residir habitualmente en un lugar”, con esta última podríamos identificar tres palabras clave: existir – tiempo – espacio.

    El significado de vivir, se entiende como “acomodarse a las circunstancias y aprovecharlas para lograr sus propias conveniencias” (Real Academia Española, 2014, definición 8). La definición de existir, es “tener vida, estar…” (definición 2 y 3). Podemos decir entonces que existimos cuando estamos vivos y, vivimos cuando estamos presentes. Uno de los sinónimos de existir, es subsistir, que bajo este mismo esquema, significa “Mantener con vida, seguir viviendo” (definición 2).

    En mi hipótesis inicial, con este enfoque espacial, habitar es una acción, una necesidad que consiste en ocupar con nuestro cuerpo un espacio específico que brinde las condiciones para mantenernos con vida. Desde este enfoque, resulta interesante pensar cómo sería existir sin habitar.

    El habitar en su dimensión espacial – Elaboración propia
    Habitar para sobrevivir

    Haciendo un breve traslado a la época prehispánica, al ser nómada, el ser humano aprendió a sobrevivir en refugios naturales de manera temporal. Por ejemplo, las cavernas brindaron protección del clima y de otros animales, resguardo y almacén de utensilios, herramientas y alimento, un sitio en donde descansar.

    Desplazados por las condiciones climáticas, la escasez de alimento y el crecimiento de los grupos, la necesidad de permanecer en un sitio por más tiempo, nos llevó a establecernos en un entorno que ofreciera las mejores condiciones, convirtiéndonos en sedentarios.

    Nuestra conciencia e instinto de supervivencia, nos llevaron a observar, aprender y crear con nuestras propias manos lo necesario para sobrevivir… a construir, a cultivar. Todo a partir de nuestro entorno y proveniente de él, de la naturaleza de la Tierra. Además, aprendimos que los recursos son finitos, que el coexistir con otros y con el entorno es lo que nos permitiría seguir con vida.

    Habitar a escala

    Ahora, me gustaría auxiliarme del cortometraje Powers of Ten de Charles y Ray Eames de 1977 para ilustrar la siguiente reflexión:

    https://www.youtube.com/watch?v=0fKBhvDjuy0

    https://www.youtube.com/watch?v=0fKBhvDjuy0 “Powers of Ten (1977). A film dealing with the relative size of things in the universe and the effect of adding another zero.” Made by the office of Charles and Ray Eames for IBM.

    Partiendo de la escena de un picnic en un parque de Chicago, se muestra cómo al aumentar la distancia de la cámara en potencias de 10 cada 10 segundos, el cuadro se va ampliando hasta llegar a la imagen del universo observable en donde sólo hay polvo y vacío. Después, nos llevan de regreso al picnic y a partir del encuadre de la mano del hombre acostado en el parque, se va reduciendo la distancia bajo la misma métrica, hasta llevarnos a la estructura del átomo.

    Los Eames nos muestran la dimensión de nuestro existir en el universo en cuanto a superficie, pero al trasladarse en altura, nos llevan a repensar la significancia del lugar que ocupamos en él. Como humanos, nuestro cuerpo es diminuto, y a su vez, nuestro cuerpo es también un universo.

    ¿Qué pasaría si desde el primer encuadre intentamos identificar las cosas que lo componen? ¿Y si analizamos sus particularidades y la relación de unas cosas con otras? ¿Cómo te imaginas que se relacionan en el siguiente encuadre aumentado o reducido?

    Rumbo a la arquitectura bioclimática

    Nuestra profesión como arquitectos nos lleva a trabajar a distintas escalas, tanto en el análisis, en la planeación y hasta en la representación. Lo edificado como producto de nuestra labor, existirá en la escala 1 a 1, pisos, muros y techos afectados por las condiciones de su entorno y afectando a ese mismo entorno desde su concepción hasta su fin de vida útil.

    Debemos repensar cómo a través del diseño, lo construido funciona hacia el interior para quienes lo habitan en las condiciones específicas del sitio. Hay que ampliar y reducir la escala del emplazamiento entendiendo cómo cada decisión de diseño en espacio y tiempo aporta para mantener la vida.

    Aunque actualmente contamos con herramientas tecnológicas que nos permiten visualizar posibles escenarios y analizar su comportamiento, el conocimiento ancestral con un entendimiento profundo puede trascender como la base del entendimiento de nuestro entorno, como bien se menciona en el artículo de “Diseño bioclimático: transitar del sentido común a la ciencia” en https://uno.umamexico.com.mx/wp69/diseno-bioclimatico-mas-alla-de-la-arquitectura-del-sentido-comun/.

    Aunque seguramente encontraremos otras formas de habitar, tenemos que cohabitar en la Tierra y a pesar de las variables que puedan intervenir en cada proyecto, ¿la base no debería de ser la relación de nuestra propia existencia con el entorno que habitamos? ¿no es la relación con nuestro planeta? ¿no sería entonces la arquitectura bioclimática la base del diseño para el habitar? 

     

    Bibliografía:

    Real Academia Española. (2014). Habitar. En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Recuperado en 14 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/habitar?m=form

    Real Academia Española. (2014). Morar. En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Recuperado en 14 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/morar?m=form

    Real Academia Española. (2014). Vivir. En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Recuperado en 14 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/vivir?m=form

    Real Academia Española. (2014). Existir. En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Recuperado en 14 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/existir?m=form

    Real Academia Española. (2014). Subsistir. En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Recuperado en 14 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/subsistir

    Eames Office. (26 de agosto de 2010). Powers of Ten™(1977) [Archivo de video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=0fKBhvDjuy0

    Escrito por Sofía Caballero (estudiante de la Especialidad en Arquitectura Bioclimática)

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

  • Conociendo a los Umanos: Luis Fernando Guerrero y su visión de la arquitectura con tierra

    Conociendo a los Umanos surge con el objetivo de acercarnos un poco más a la vida de los docentes y comunidad UMA. Es interesante descubrir los caminos que han recorrido: ¿Cuál fue esa senda que atravesaron para estar hoy en día aquí? ¿Cómo ha sido esa búsqueda del propósito? ¿Qué viene en adelante para cada una/uno y para la UMA?

    En esta segunda edición de Conociendo a los UMAnos, tuve la oportunidad de tener una charla virtual muy interesante con el Arquitecto Luis Fernando Guerrero Baca, referente en el campo de la arquitectura con tierra. Su carisma, entusiasmo y, sobre todo, su pasión por compartir el conocimiento hacen que conversar con él sea una experiencia emocionante y reflexiva.

    Primeros encuentros con la tierra

    Luis Fernando fue uno de nuestros profesores del taller de tierra del primer semestre de la maestría en arquitectura sostenible de la UMA. Aunque el tiempo compartido fue corto, alcanzamos a realizar pruebas para identificar la composición de diferentes tierras, fabricar adobes, completar parte de un muro en bahareque y reparar unas bancas utilizando la técnica del cob.

    Para contextualizar parte de su trayectoria, comparto un apartado tomado del libro que escribió junto a Alejandra Caballero: Experiencias de Bioconstrucción. Conceptos generales y visiones desde México (2021), con algunos datos actualizados a la fecha:

    “Arquitecto, Maestro en Restauración Arquitectónica y Doctor en Diseño con especialidad en Conservación y Restauración del Patrimonio Construido. Desde 1998, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt con Nivel III.  Ha realizado investigaciones sobre tipología arquitectónica, teoría de la conservación del patrimonio, sistemas constructivos tradicionales y edificación sostenible con tierra, ha escrito más de 250 artículos en publicaciones mexicanas y extranjeras, ha impartido más de 350 conferencias, cursos y talleres sobre estos temas en instituciones académicas alrededor del mundo. Escritor y editor de varios libros. Desde 1987 ha sido profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. Es miembro del Área de Investigación en Conservación y Reutilización del Patrimonio Edificado. Es consultor internacional para el Comité de Patrimonio Mundial de UNESCO, miembro de la Red Iberoamericana PROTERRA, y representante en la UAM-Xochimilco de la Cátedra UNESCO de Arquitecturas de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible.”

    Foto del grupo con Luis Fernando Guerrero Baca. Fuente: Adriana Córdoba
    ¿Podrías contarnos un poco sobre tu juventud, dónde estudiaste? ¿Qué te motivó a enfocarte en la arquitectura en tierra? ¿Hay alguna experiencia personal o cultural que influyó en esta decisión?

    Desde niño siempre quise ser arqueólogo, pero mis papás decían que eso no era rentable, que tenía que estudiar algo “serio”. Me cambié a ingeniería química y a los dos años salí corriendo de la carrera. Siempre me han gustado las cosas artísticas, así que me cambié a Arquitectura, sin saber mucho. No tenía ningún contexto familiar en la arquitectura, además empezaba con “Arq”, como Arqueología.

    Estudié en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. A finales de los setentas y comienzos de los ochentas llegaron varios profesores sudamericanos exiliados: chilenos, uruguayos, algunos brasileros y muchos argentinos. Entre ellos, tres venían huyendo de Argentina porque promovían el uso de la tierra como material constructivo. Hoy nos suena increíble, pero en los ochenta la gente podía ir a la cárcel por proponer la lectura del libro Arquitectura para los pobres de Hassan Fathy. Eran vistos como comunistas, sin necesariamente ser militantes.

    Comencé a llevarme bien con ellos sin saber nada sobre construcción con tierra. Lo triste es que fuimos solo cuatro estudiantes los que nos interesamos por estos temas. Yo les seguí los pasos y los tuve tres trimestres seguidos. Estamos hablando de 1982 y había muy poca información sobre estos temas en México. Así que comenzamos a salir de Ciudad de México para hacer registros en los pueblos cercanos. Estuvimos en la exposición itinerante de CRAterre sobre la obra de Hassan Fathy, consultábamos la bibliografía que nos compartían… y así me fui adentrando en este mundo.

    Formación autodidacta y colaboración internacional

    Al terminar la carrera, quise especializarme en construcción con tierra, pero descubrí que no había nada específico en las universidades. Lo más cercano era la maestría en restauración de monumentos del INAH. Esto fue en 1985, justo cuando ocurrió el terremoto en la Ciudad de México, lo que cambió mucho el panorama. Trabajamos intensamente en el Centro Histórico, aprendimos muchísimo y nos dimos cuenta de que carecíamos de datos: estábamos empezando desde cero a entender la construcción con tierra.

    Seguí mi formación de manera autodidacta, preguntándole a la gente, viajando por el país, pero lo que encontré fue que aquellos interesados en el tema, estábamos muy desconectados. Oía algo de Alejandra Caballero, pero no nos conocíamos. Fue hasta el 2011 que esto sucedió y desde entonces sigo colaborando con ella en sus talleres en Tlaxco.

    Yo veía que la construcción con tierra se realizaba de forma muy aislada. Desde mi puesto como profesor en la universidad, me fui conectando con el Instituto de Antropología. Paradójicamente, terminé colaborando con varios arqueólogos, así que volví a mi sueño infantil. Hoy no ejerzo como arquitecto; me dedico a la docencia, investigación y documentación. Me buscan mucho para asesorar restauraciones, no porque sepa mucho, sino porque somos pocos quienes trabajamos estos temas.

    En 1999 tomé un curso que organizó CRAterre con el Instituto Getty en Perú. Fue una experiencia única, porque entré en contacto con colegas de varios países. Ahí descubrí que no estaba solo, y encontré el potencial del trabajo en red.

    Taller de Construcción con tierra en la UMA. Fuente: Adriana Córdoba.

     

    ¿Qué opinas sobre las tecnologías como la impresión 3D con tierra?

    La verdad es que tengo sentimientos encontrados, ya que se contradice la lógica natural del trabajo con la tierra. Es una estrategia pensada para la automatización que obviamente genera dependencia de la tecnología y soluciones estandarizadas, lo que es opuesto a la libertad que ofrece la tierra como material constructivo. Es importante avanzar en la disminución del esfuerzo de algunas etapas de la construcción, pero no podemos dejar todo el trabajo a las máquinas porque, además de hacernos dependientes, se mercantiliza y precariza la actividad humana, se desintegra la colaboración comunitaria y se agudizan las diferencias económicas entre las sociedades que tienen acceso a las tecnologías y las que no lo tienen.

    ¿Qué identificas como ventajas o desventajas del uso de tierra en la construcción?

    Mucha gente desconoce las ventajas que tiene la construcción con tierra: la condición higrotérmica apropiada que tienen estos materiales. Es claro que falta información, faltan estudios, para entender y dimensionar sus potencial y limitaciones a fin de no idealizarlo. Hay regiones en México donde las personas viven en casas de tierra muy bien, sin necesidad de aires acondicionados, gracias a los espesores de muro, que dan confort.

    Cuestiones como el uso de los recursos locales, el ser un material 100% reciclable y tener tantos milenios de experiencia constructiva, son rasgos que muchas personas no valoran. Ven la construcción en tierra como algo complejo, con la percepción de que lo que está hecho con cemento es lo que funciona, y que la tierra es insalubre, insegura y reflejo de pocos recursos económicos.

    ¿Cómo ves la evolución de la arquitectura en tierra en México?

    El desarrollo constructivo y los procesos académicos relacionados con el uso de la tierra son muy heterogéneos. Hay universidades como el ITESO, en Guadalajara, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Universidad Autónoma de Baja California que mantienen interés y enseñan sobre el tema, pero hay otras instituciones como el Instituto Politécnico Nacional, la UAM o la UNAM, la universidad más grande del país, en las que no se habla sobre el uso de la tierra como material constructivo. Sigue habiendo mucho desinterés, a pesar de que, paradójicamente, comienza a haber mucha demanda.

    ¿Hay algún proyecto o iniciativa en la que hayas trabajado en construcción con tierra que destaques como un proyecto bien ejecutado?

    Me está dando mucho gusto lo que está pasando en Guatemala. Me invitaron desde hace ya cuatro años a colaborar en la exploración, y al mismo tiempo, consolidación de lo que iba apareciendo en Kaminaljuyú, una ciudad que debería estar en la lista de Patrimonio Mundial. Es un sitio fuera de serie, construido con diferentes técnicas de tierra por una cultura vinculada a los Mayas, que se desarrolló en lo que ahora es la ciudad capital de Guatemala.

    La arqueóloga Barbara Arroyo me invita como restaurador de lo que va apareciendo, porque la arquitectura en tierra tiene esta condición que, al excavar, se comienza a desintegrar. Así que hemos experimentado varias técnicas de consolidación, reintegración, relleno de grietas y he aprendido muchísimo de estos edificios tan bien hechos con tierra.

    ¿Qué sugerirías para la facultad de arquitectura de la UMA a futuro?

    Espero que se dedique más tiempo práctico a la valoración de la construcción con tierra. Yo veo que en otras asignaturas que toman, le dedican muchas horas a la parte teórica, pero el tiempo destinado a la práctica es muy corto. Entre las cosas que más valoro de la tierra es que es un material que te permite aprender haciendo, despegándote un poco del computador.

    Adicionalmente, pienso que en la docencia de la construcción con tierra se confía demasiado en la perspectiva de CRAterre. Es como un manual del que no se salen y siento que se pierde de vista todo lo que en nuestros países tenemos para explorar y experimentar. La visión de CRAterre resultó muy pedagógica en su momento, y qué bueno que hubo generaciones que aprendieron desde esa perspectiva, pero tenemos una riqueza casi infinita en nuestros países que estamos desperdiciando por depender de una estructura excesivamente metodológica, cuando la realidad nos rebasa por todos lados por su riqueza y diversidad.

    Construyendo el bahareque Fuente: Adriana Córdoba
    ¿Qué le sugerirías a una arquitecta o arquitecto que ya se gradúa y quiere comenzar a acercarse al mundo de la tierra?

    Lo primero sería la participación en talleres. Lo que uno aprende usando las manos lo memoriza el cuerpo completo. De nada sirve ver o leer sobre arquitectura con tierra si no metes las manos y los pies al barro. Gran parte consiste en desarrollar la capacidad de reconocer con los sentidos el material.

    En la edificación con tierra no todo se puede planear. Casi todo es imprevisto, en especial en la restauración del patrimonio construido. Es urgente desarrollar el interés por aprender de los edificios viejos. No hay una tierra perfecta, sino que cada sociedad aprendió a mejorar su calidad en función de lo que les ofrecía la naturaleza localmente y, sobre todo, de sus necesidades reales. No deberíamos tenerles miedo a los errores. Echando a perder se aprende. Con la tierra, los errores no cuestan tanto.

    Las experiencias y reflexiones de Luis Fernando Guerrero nos muestran que la construcción con tierra va más allá de la técnica: es una forma de reconectar con la cultura, la comunidad y el entorno. Su compromiso con la transferencia de saberes y la investigación nos invita a valorar y respetar estos conocimientos para construir un futuro más consciente.

    Me siento muy agradecida por este espacio y emocionada por haber tenido esta oportunidad. Esperamos continuar conociendo más UMAnos.

     

    Referencias:

    • Caballero, A., & Guerrero, L. F. (2021). Experiencias de bioconstrucción: Conceptos generales y visiones desde México. Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
    • CRAterre. (s.f.). Centre international de la construction en terre. Recuperado de https://craterre.org
    • PROTERRA. (s.f.). Red Iberoamericana PROTERRA. Recuperado de https://redproterra.org
    • Seminario Iberoamericano de Arquitectura y Construcción con Tierra (SIACOT). (s.f.). Red PROTERRA. Recuperado de https://redproterra.org/siacot
      Escrito por Adriana Córdoba Jurado (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sostenible, generación 2025)Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
  • Una yucateca en la Universidad del Medio Ambiente

    Una yucateca en la Universidad del Medio Ambiente

    Yucatán, cuna de la civilización Maya y escenario de eventos geológicos trascendentales como el impacto del meteorito, ha sido tradicionalmente asociado con su rica historia y biodiversidad. Sin embargo, a pesar de los avances tecnológicos y sociales, la dimensión ambiental suele quedar en segundo plano. Como yucateca, he sido testigo de los profundos impactos que nuestras acciones pueden tener en el entorno. Esta realidad me ha impulsado a reflexionar y a tomar acciones concretas para proteger nuestro patrimonio natural.

    ¿De Yucatán hasta Valle de Bravo?

    Sí, así como lo leen. Pero la gran pregunta es: “¿Por qué hasta allá?”. Y créanme, ha sido la pregunta más común que me han hecho este año. ¿Y cuál es la respuesta? Bueno, a veces queremos hacer cambios, tenemos ideas, apoyo e incluso conocimiento, pero ¿dónde encontrar todo lo que necesitamos en un solo lugar?

    Después de estudiar simultáneamente las licenciaturas de Comunicación y Ecoturismo, me encontré en un limbo al terminar. Las preguntas sobre mi futuro me generaban ansiedad. Descubrir mi camino fue un proceso largo y complicado. Intenté combinar mis dos licenciaturas en una maestría, pero las cosas no salieron como esperaba. La vida parecía poner obstáculos en mi camino que, aunque frustrantes, me hicieron replantearme mis opciones.

    Fue entonces cuando descubrí la UMA. Su propuesta educativa era perfecta para mí, pero había un detalle: tenía que ir a Valle de Bravo. La idea de viajar y los gastos… eran un gran desafío. Sin embargo, algo dentro de mí me impulsó a intentarlo.

    La curiosidad venció al miedo. Investigando, encontré apoyo para estudiantes por medio de las diferentes becas que la UMA ofrece y fue ahí cuando me di cuenta de que era posible lograrlo. Así que tomé la decisión de embarcarme en esta nueva aventura.

    De 35 grados a 10

    En resumen, quedé seleccionada para la beca que tanto deseaba y, ¡sorpresa!, obtuve la que más me interesaba. Ahora, el verdadero desafío era prepararme para esta nueva etapa. El tiempo voló y finalmente llegó el momento de partir. Sin embargo, la emoción se mezclaba con cierta incertidumbre: ¿y si no encajaba? ¿y si me sentía sola?. Como en toda aventura, el miedo siempre acecha, pero decidí enfrentarlo y convertirlo en mi acompañante de viaje.

    Mi padre y yo emprendimos esta aventura desde Mérida hasta Toluca en avión. Luego de un viaje en autobús y otro corto trayecto, llegamos a la Universidad. Recuerdo el frío intenso que me recibió, un contraste abrumador con los cálidos días de Mérida pero, al ver el hermoso campus rodeado de bosque, la emoción volvió a apoderarse de mí.

    Al conocer a mis compañeros, me di cuenta de que era la más joven del grupo. En ese momento, una pequeña voz interior me susurró: “¿Qué haces aquí, Andrea?”. Sin embargo, decidí no dejar que ese pensamiento me paralizara.



    Imagen 2. Primera foto de la generación 24-26

    De oveja negra a verde

    En ese momento, sentí una profunda sensación de no pertenecer. ¿Habría sido demasiado apresurado tomar una maestría a los 22 años? La duda me invadió. Ya estaba inmersa en el programa y el segundo reto era decidir si era el momento adecuado para estar ahí.

    Las actividades de integración fueron reveladoras. Al conocer a mis compañeras y compañeros de la Maestría en Proyectos Socioambientales (MAPS), descubrí que compartimos una misma inquietud: hacer del mundo un lugar mejor. Todos sentíamos que no encajamos del todo en la rutina cotidiana. Nos dimos cuenta de que éramos como ‘ovejas verdes’, personas que buscaban un cambio desde una perspectiva ambiental. Esta autodenominación nos unió y nos marcó como generación.

    Imagen 3. Amigos UMAnos

    ¿Y ahora que es de mi?

    La UMA se ha convertido en mi segundo hogar, un espacio donde, junto a compañeros con diversas visiones, buscamos construir un futuro más justo y sostenible. Los viajes y los desafíos académicos han sido una constante en estos dos semestres, pero, lejos de desanimarme, han fortalecido mi deseo de aprender y crecer. La UMA me ha brindado las herramientas necesarias para explorar mis intereses en el ámbito ambiental y social, y me ha conectado con un mundo de posibilidades.

    Cada día descubro nuevas facetas de mí misma y del mundo que me rodea. Sé que este camino está lleno de retos, pero también de grandes satisfacciones. Estoy agradecida por haber encontrado mi vocación y estoy ansiosa por seguir aprendiendo y creciendo.


    Imagen 4. Actividades del “encuentro con el ser”

     

    Andrea Paola López Bautista
    Generación 2024 Maestría en Proyectos Socioambientales

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

  • ¿Por qué estudiar la Maestría en Proyectos Socioambientales?

    ¿Por qué estudiar la Maestría en Proyectos Socioambientales?

    ¡Hola! Soy Majo M. Zaldívar  y me gustaría contarles mi experiencia sobre estudiar la Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente.  

    La UMA (Universidad del Medio Ambiente) es una experiencia realmente regenerativa, lo que hace difícil plasmarla en palabras. Sin embargo, me armé de valor y aquí estoy, intentando explicar por qué elegí la UMA y por qué me siento orgullosamente única y diferente, es decir que formo parte de  MAPS (Proyectos Socioambientales). 

    ¿Por qué la UMA? ¿Y qué es MAPS?

    La UMA tiene un plan de estudios particular que, a primera vista, me llamó la atención, aunque, siendo sincera, no lo entendí del todo al principio. Lo único que tenía claro era que quería aprender haciendo; ya no quería más clases donde solo tuviera que memorizar diapositivas vintage.

    Si te preguntas qué hace especial el currículo de la UMA, te cuento:

    El Eje de Sostenibilidad, donde tomas clases con estudiantes de todas las maestrías. Esto es increíble, porque te permite convivir con perfiles muy diversos, como abogados, arquitectos, agrónomos, entre otros. La diversidad de perspectivas enriquece muchísimo las discusiones y hace que las clases sean más dinámicas y entretenidas. Además, todas estas materias están enfocadas en temas socioambientales. Mis favoritas fueron Teoría Evolutiva, Prácticas Regenerativas y las aulas verdes (clases en el bosque).

    Luego está el Eje Especializado, donde las materias  se enfocan en tu área de especialización. Por ejemplo, si estudias Arquitectura, tendrás clases de Bioclimática. Pero si eres de la Maestría en Proyectos Socioambientales, podrás elegir durante primer y segundo semestre,  las materias que quieras cursar de otras maestrías, lo cual te permite personalizar tu currículo, y así adquirir los conocimientos multidisciplinarios que tu proyecto necesita.

    Como estudiante de MAPS, tienes la puerta abierta para descubrir tu camino en la UMA. Puedes conocer el funcionamiento de otras maestrías y, así, obtener una perspectiva más amplia de las oportunidades de aprendizaje que mejor se adapten a tus intereses profesionales y personales. Al mismo tiempo, vas tejiendo tu propia experiencia educativa, diseñando tu plan de estudios con la base que la UMA y la directora de maestría te proporcionan.

    Por último, está el Eje de Investigación Activa, la parte que más me costó entender, pero que terminó cambiando por completo mi perspectiva. Aquí aprendes a conocerte a fondo y te dan herramientas para lograrlo. Por ejemplo, la bitácora te proporciona una estructura para planificar, desarrollar, evaluar e identificar tus aprendizajes, además de identificar tus fuentes de entusiasmo y crecimiento.

    Lo mejor es que después puedes aplicar estas herramientas en tus propios proyectos. Es un proceso retador, pero sumamente valioso. El cual consiste en hacer pequeños experimentos, ir a la acción, probar cosas nuevas, al tiempo que las mides y documentas. 

    ¿Cómo qué MAPS?

    Les confieso algo: yo estudiaba el Green MBA, pero me cambié a MAPS porque me identifiqué más con lo que podía aprender en esta maestría, incluso sin tener un proyecto definido. Pensaba que era un requisito indispensable para entrar a la maestría, pero no. En MAPS me enseñaron cómo diseñar, estructurar, implementar y medir un proyecto desde cero. No pasa nada si es la primera vez que haces algo, lo importante es aprender a generar evidencia de tus ideas implementadas y asegurarte de que se alineen con tus propósitos.

    Una de las grandes ventajas de MAPS es que puedes elegir tus materias según el enfoque de tu proyecto. Por ejemplo, si te interesa el derecho ambiental o la agroecología, puedes tomar clases en esas áreas si aportan a tu proyecto. Y, si tienes dudas sobre qué materias elegir, siempre puedes pedir consejos a tus maestros o a tus compañeres de la generación anterior.

    Si algo no falta en la UMA es comunidad. De verdad, no hay mejor lugar para ser tú mismo. Compartir este espacio con personas tan especiales crea un vínculo único y significativo.

    Mi experiencia: ¿por qué fue tan especial?

    Al principio, me sentí completamente perdida, como si una ola tras otra me revolcara. Pero poco a poco fui entendiendo el proceso. Algo que te dicen mucho en la UMA es: “confía en el proceso”, que suena fácil, pero hacerlo es mucho más complejo.

    Al entrar a la UMA, les facilitadores comienzan a hacerte preguntas que quizás nunca antes te habías planteado. A mí me pasó con mi fuente de entusiasmo. Cuando me preguntaron qué era lo que realmente me gustaba hacer, me di cuenta de que no lo sabía. Me había guiado toda la vida por el “deber ser”, lo que tenía que hacer, y no por lo que quería hacer.Después, te piden medir esa fuente de entusiasmo, lo que se convierte en la base de un microproyecto personal que sienta los cimientos para proyectos futuros más grandes.

    Además, aprendí a intentar hacer cosas nuevas sin ser experta en el tema con todo y miedo. Dejé de obsesionarme con que todo saliera perfecto, porque entendí que, si algo no funciona, solo es experiencia y aprendizaje para la próxima vez. Tener la posibilidad de llevar la teoría a la práctica, acompañada de la comunidad UMA, ha sido una oportunidad invaluable para crecer como persona.

    ¿Qué me encantó?

    Poder aprender en un espacio tan único como la UMA, donde me sentía constantemente inspirada por mis compañeros y mis clases es lo que más disfruté. A pesar de que algunas clases eran largas, se volvían súper interesantes porque fomentan un ambiente en el que podías hacer preguntas y compartir opiniones o experiencias con total confianza.

    Durante los descansos, amaba comprar un snack del mercadito (deliciosos y artesanales), jugar algún juego, tener conversaciones enriquecedoras y, sobre todo, sentirme acompañada en este proceso tan especial. 

    Escrito por Maria José Márquez Saldivar. Generación 2023. Maestría de Proyectos Socioambientales

    Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.