La COP 30, celebrada en el corazón de la Amazonía brasileña (Belém do Pará), prometía ser la “COP de la implementación”. Con el presidente Lula da Silva como anfitrión, el mundo dirigió su mirada no a los rascacielos de Dubái o a las salas de conferencias europeas, sino al bioma más crítico del planeta.
Pero ¿logró realmente marcar la diferencia o fue otro ejercicio de diplomacia incremental? En este artículo, desglosamos los resultados clave y presentamos un análisis FODA (Fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) exclusivo para entender el verdadero impacto de este evento histórico.
El Contexto: ¿Qué estaba en juego?
La COP 30 tenía una misión crítica: la revisión de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Se esperaba que los países presentaran planes mucho más ambiciosos para mantener vivo el objetivo de 1,5 °C.
El escenario no podía ser más simbólico. Belém sirvió como recordatorio visual de lo que está en riesgo. La narrativa principal giró en torno a la financiación climática para el Sur Global y la protección de los bosques tropicales como activos económicos, no solo ecológicos.
Análisis FODA de la COP 30
Para entender la complejidad de esta cumbre, hemos elaborado una matriz estratégica que evalúa los factores internos y externos del evento.
Fortalezas:
Simbolismo Geográfico: Realizar el evento en la Amazonía obligó a los delegados a confrontar la realidad del ecosistema que intentan salvar, elevando la urgencia moral.
Liderazgo del Sur Global: Brasil logró unificar (aunque con dificultades) la voz de los países con bosques tropicales, exigiendo pagos por servicios ecosistémicos reales.
El Fondo “Bosques Tropicales para Siempre”: La creación y capitalización inicial de este mecanismo financiero es, quizás, el legado tangible más fuerte de la cumbre.
Oportunidades (Lo que podemos aprovechar)
Bioeconomía en Auge: La cumbre abrió puertas masivas para inversiones en biotecnología y farmacéutica sostenible basada en la biodiversidad amazónica.
Mercados de Carbono 2.0: Se establecieron reglas más claras para evitar el greenwashing, lo que podría restaurar la confianza en los créditos de carbono de alta integridad.
Conexión Salud-Clima: Por primera vez, se integró seriamente la salud pública en la agenda climática, abriendo nuevas vías de financiación desde el sector sanitario.
Debilidades (Fallos internos)
Logística e Infraestructura: Belém sufrió para alojar a las decenas de miles de delegados, lo que generó críticas sobre la elitización de los asistentes (quienes podían pagar precios desorbitados) y la exclusión de activistas de base.
Ambigüedad en Combustibles Fósiles: A pesar de la presión, el texto final volvió a utilizar un lenguaje diplomático suave respecto a la “eliminación gradual” (phase-out) del petróleo y gas, cediendo ante los grandes productores.
Brecha de Financiación: Aunque hubo promesas, el “Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado” (NCQG) quedó por debajo de los billones necesarios que exigían los países en desarrollo.
Amenazas (Riesgos externos)
Inestabilidad Geopolítica: Las tensiones bélicas en Europa y Oriente Medio desviaron la atención y, crucialmente, los fondos que deberían haber ido a la acción climática.
Cambios Políticos en el G7: La incertidumbre electoral en potencias clave (como EE. UU. y miembros de la UE) hizo que muchas delegaciones negociaran con “freno de mano”, temiendo que los acuerdos fueran revocados por futuras administraciones.
Punto de Inflexión Amazónico: Los científicos advirtieron durante la cumbre que, independientemente de los acuerdos, el bioma está peligrosamente cerca de la “sabanización”.
Conclusión: Un legado mixto
La COP 30 será recordada como la cumbre que puso a la naturaleza en el centro de la ecuación financiera, pero que tropezó nuevamente con la energía.
La infraestructura diplomática funciona, pero a una velocidad que no alcanza a la de la crisis climática. Para las empresas y ONG, el mensaje es claro: la regulación sobre cadenas de suministro libres de deforestación se endurecerá y la bioeconomía no es una moda; es el nuevo estándar de inversión en la región.
En la Universidad del Medio Ambiente, contamos con la Maestría en Administración de Empresas Socioambientales, en donde podrás conocer y desarrollar estrategias para generar negocios, estrategias que tengan una visión y propósitos regenerativos, que contemplen la perspectiva sistémica entre actores, objetivos y alcances.
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Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
La aprobación de la Ley General de Economía Circular (LGEC) representa uno de los cambios estructurales más relevantes del derecho ambiental mexicano en los últimos años. Por primera vez, el país cuenta con una ley marco que busca reorganizar el sistema productivo, de consumo y de gestión de materiales bajo un enfoque distinto al modelo lineal tradicional.
Sin embargo, una ley de esta naturaleza no se agota en su texto. Su verdadera potencia reside en la arquitectura de sus instrumentos jurídicos, en los actores que la impulsan o la resisten, y en las decisiones políticas que se tomen durante su implementación.
Por ello, más que celebrar o rechazar la LGEC en abstracto, vale la pena detenernos a observar cómo está diseñada, qué herramienta activa y dónde se concentran las tensiones reales que marcarán su aplicación.
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Un muy breve resumen de la Ley
En términos generales, la LGEC tiene como objetivo prevenir la generación de residuos, mantener el valor de productos y materiales y reducir los impactos ambientales a lo largo de su ciclo de vida, incorporando principios de economía circular en la política pública, la regulación y el mercado (SEMARNAT, 2023).
La Ley se articula como una ley general, lo que implica concurrencia de competencias entre federación, entidades federativas y municipios, así como obligaciones diferenciadas para los sectores productivos. Esto supone retos importantes de coordinación institucional.
Además, la LGEC deja claro que no se trata únicamente de reciclaje. Su enfoque es sistémico e incorpora rediseño de productos, responsabilidad extendida, información, trazabilidad, incentivos económicos y mecanismos de cumplimiento gradual.
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Instrumentos legales que despliega la LGEC
La Ley propone una arquitectura normativa amplia y compleja, integrada por múltiples instrumentos jurídicos y administrativos. Entre los principales se encuentran:
El Programa Nacional de Economía Circular, como instrumento de planeación especial y obligatorio.
Los programas estatales y municipales de economía circular, alineados al Programa Nacional.
Políticas de educación, cultura, innovación e investigación aplicadas a distintos sectores.
Normas Oficiales Mexicanas, estándares técnicos y lineamientos administrativos.
Acuerdos generales de implementación de la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), de carácter sectorial y obligatorio.
El Reglamento de la LGEC, la Plataforma Nacional de Información, el Registro de Economía Circular y la auditoría ambiental voluntaria a cargo de PROFEPA.
Instrumentos fiscales, financieros, aduanales y de mercado, incluidos bonos verdes, créditos de carbono y mecanismos de compensación ambiental.
El Distintivo Nacional de Economía Circular, con vigencia de tres años.
Este entramado deja claro que la LGEC exigirá capacidades técnicas sólidas, coordinación institucional efectiva y vigilancia constante para evitar una implementación fragmentada.
Posturas a favor: orden normativo, competitividad y alineación internacional
Entre los actores que respaldan la LGEC se encuentran agencias de cooperación, cámaras empresariales, consultoras especializadas y sectores industriales con mayor madurez ambiental. Desde esta postura, se argumenta que la Ley ordena y armoniza iniciativas dispersas, brindando certidumbre jurídica (SEMARNAT, 2023).
Asimismo, se destaca que la LGEC alinea a México con marcos internacionales como el Acuerdo de París y la Agenda 2030, además de coincidir con recomendaciones de organismos como la OCDE en materia de responsabilidad extendida y eficiencia en el uso de materiales (OECD, 2020).
Desde esta visión, la economía circular es entendida como una condición necesaria para la transición productiva, la innovación y el acceso a financiamiento verde en mercados internacionales cada vez más exigentes.
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Posturas críticas: implementación, municipios y riesgos de simulación
Desde la academia, organizaciones de la sociedad civil y personas recicladoras, emergen preocupaciones relevantes. Una de las principales es la sobrecarga de responsabilidades en los municipios, sin claridad sobre financiamiento, capacidades técnicas o acompañamiento institucional suficiente (UNEP, 2021).
También se advierte que la REP podría derivar en esquemas formales de cumplimiento, sin reducción efectiva de impactos ambientales, o incluso en una transferencia indirecta de costos hacia consumidores y territorios vulnerables (OECD, 2020).
Dentro de estas posturas críticas se incorpora el debate sobre la termovalorización, señalada por organizaciones ambientales como una falsa solución que contradice los principios de la economía circular, al incentivar la quema de materiales que deberían prevenirse o mantenerse en ciclos productivos (GAIA, 2019; Greenpeace México, 2021).
Oportunidades y riesgos de esta nueva Ley
La LGEC tiene el potencial de transformar estructuralmente el sistema de producción y consumo en México. No obstante, también puede vaciarse de contenido si la implementación no es robusta en términos de enfoque territorial, justicia social y coherencia ambiental.
La pregunta que queda abierta es si seremos una sociedad con la madurez suficiente para colaborar en su implementación, cambiar estilos de vida y vigilar que los sectores productivos y de gobierno cumplan de manera efectiva.
La respuesta no está solo en la Ley. Está, sobre todo, en cómo decidamos aplicarla.
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Escrito por Martha Patricia Vargas Salgado, estudiante de la Maestría en Derecho Ambiental y Política Pública.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente
Maestría con validez oficial. RVOE: 205200000/556/2011
Referencias
Ellen MacArthur Foundation. (2015). Towards a circular economy: Economic and business rationale for an accelerated transition. https://ellenmacarthurfoundation.org
Ellen MacArthur Foundation. (2019). Completing the picture: How the circular economy tackles climate change. https://ellenmacarthurfoundation.org
GAIA. (2019). Waste-to-energy: Climate false solutions. Global Alliance for Incinerator Alternatives. https://www.no-burn.org
Greenpeace México. (2021). La falsa solución de la incineración y la termovalorización de residuos. https://www.greenpeace.org/mexico
Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2020). Extended Producer Responsibility: Updated guidance for efficient waste management. https://www.oecd.org
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2023). Estrategia Nacional de Economía Circular. Gobierno de México. https://www.gob.mx/semarnat
United Nations Environment Programme (UNEP). (2021). Global Waste Management Outlook. https://www.unep.org
En mi paso por la Universidad del Medio Ambiente (UMA) he aprendido que cuidar el ambiente no es solo proteger bosques, mares o especies. También significa cuidar lo que nos hace profundamente humanos: nuestras relaciones, nuestras emociones, nuestras distintas formas de pensar y de sentir el mundo.
Cuando recordé la frase “cuidar el ambiente es cuidar a la gente”, muy usada en una escuelita ambiental en la que tuve oportunidad de colaborar como voluntario, resonó en mí más allá de lo académico. Me hizo darme cuenta que no hay un afuera separado del adentro: el bienestar de la Tierra y el bienestar de quienes la habitamos están profundamente entrelazados.(Capra & Luisi, 2014).
En la naturaleza, la biodiversidad es señal de salud y resiliencia; en lo humano, esa fuerza proviene de la diversidad que llevamos dentro como comunidad. Y dentro de esa riqueza, la neurodiversidad ocupa un lugar especial para mí, porque ha sido parte de mi propia historia.
El cambio empieza dentro
Por mucho tiempo enfoqué mi energía trabajando temas socioambientales y poniendo principal atención en todo lo que estaba fuera: restaurar un ecosistema, reducir la contaminación, impulsar cambios en comunidades. Todo eso es valioso, pero aquí, en la UMA, he aprendido que los procesos regenerativos también empiezan en mi interior.
El enfoque regenerativo nos recuerda que no podemos crear un cambio profundo y duradero si no cultivamos, en paralelo, un trabajo interno de autoobservación, introspección y reconexión (Mang & Haggard, 2016). Esto implica reconocer nuestras sombras, patrones aprendidos, miedos y bloqueos, así como nuestras fortalezas y potenciales. A veces ese trabajo interno es incómodo, porque nos lleva a cuestionar creencias, reconocer heridas, debilidades o aceptar partes nuestras que no siempre habíamos querido mirar.
La Agencia de Cambio: un laboratorio de ser y hacer
Uno de los espacios más potentes que he descubierto en la UMA es la Agencia de Cambio. Ahí, a través de la investigación activa, no solo trabajo en proyectos con impacto socioambiental, sino que me adentro en un proceso vivo de transformación personal.
En mi caso, fue ahí donde tuve momentos de reconocimiento profundo: darme cuenta de que mis maneras de procesar el mundo, de aprender y comunicarme de manera diferente tenían un nombre. Fue como descubrir una parte de mi identidad que siempre había estado ahí, pero que nunca había reconocido como neurodivergente por intentar encajar en un mundo “normal”.
Este tipo de descubrimientos no solo me han permitido comprenderme mejor, sino también valorar y acompañar la neurodiversidad en otras personas. Porque cuando entendemos que no todos pensamos, sentimos o reaccionamos igual, es más fácil crear entornos seguros donde cada quien pueda florecer.
Trabajar desde el ser
En los modelos regenerativos, trabajar desde el ser significa que la fuente de nuestras acciones no está únicamente en el conocimiento técnico o la planificación estratégica, sino en la calidad interna de nuestra presencia (Wheatley, 2006).
Un proyecto puede fracasar o carecer de impacto no por falta de recursos, sino porque quienes lo impulsan no han cultivado la escucha, la empatía o la capacidad de sostener la complejidad. Por eso, cuidar el ambiente implica también cuidar las condiciones internas de quienes cuidan: salud mental, claridad emocional, sentido de propósito y relaciones de confianza.
Ampliar la mirada hacia la diversidad
Así como un ecosistema sano necesita muchas especies, una comunidad sana necesita diferentes maneras de ver y habitar el mundo. Sin embargo, la sociedad suele imponer moldes sobre lo que es “normal” o “correcto”.
Reconocer la neurodiversidad es un acto de justicia y también una oportunidad. Las personas neurodivergentes —ya sea por autismo, TDAH, dislexia u otras condiciones— aportan perspectivas únicas, a veces invisibles para la mirada común. Sin embargo, estas diferencias muchas veces pasan desapercibidas o son mal interpretadas. Reconocerlas y valorarlas exige ampliar nuestra mirada: ver más allá de los estándares homogéneos de aprendizaje, comunicación y productividad que la sociedad tiende a imponer (Armstrong, 2010; Singer, 1999).
Por Héctor David Arreola Rangel, estudiante de la Maestría en Proyectos Socioambientales. Generación 2024.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente.
Las certificaciones de edificación sustentable, tales como LEED, EDGE y BOMA, se han consolidado como instrumentos ampliamente utilizados para evaluar y promover el desempeño ambiental de los edificios. Su objetivo principal es reducir el impacto ecológico de la industria de la construcción, mejorar la eficiencia energética y optimizar el uso de recursos naturales a lo largo del ciclo de vida de los inmuebles.
No obstante, a pesar de sus beneficios ampliamente difundidos, estas certificaciones han generado un debate crítico en torno a su accesibilidad, su efectividad real y las consecuencias sociales y ambientales derivadas de su implementación.
Este artículo propone un análisis crítico de las certificaciones de edificación sustentable, cuestionando si efectivamente mitigan más impactos de los que generan, particularmente cuando se aplican sin una adecuada consideración del contexto local.
Certificaciones de edificación sustentable: definición y origen
Las certificaciones de edificación sustentable son herramientas de evaluación que permiten medir y verificar el desempeño ambiental de un edificio en distintas etapas de su ciclo de vida, desde el diseño y la construcción hasta su operación y mantenimiento. Cada sistema de certificación establece criterios técnicos y metodológicos específicos con el fin de promover prácticas constructivas más responsables con el medio ambiente, más saludables para los ocupantes y más eficientes en el uso de recursos naturales y económicos.
Estos sistemas surgen como respuesta a la creciente preocupación global por los impactos ambientales asociados al desarrollo industrial y urbano, preocupación que se intensificó tras eventos catastróficos a nivel mundial, como el desastre nuclear de Chernóbil. Dichos acontecimientos evidenciaron la necesidad de establecer mecanismos de control, evaluación y mejora continua en las prácticas constructivas.
Entre los principales aportes de las certificaciones de edificación sustentable se encuentran la reducción de costos operativos a largo plazo, el uso más eficiente de la energía y del agua, la implementación de estrategias para el manejo responsable de residuos y la mejora de la calidad del ambiente interior. Asimismo, estos sistemas suelen incrementar la plusvalía de los edificios, al posicionarlos como inmuebles con mayores estándares de desempeño ambiental y confort.
Desde una perspectiva técnica, las certificaciones han impulsado un cambio de paradigma en la industria de la construcción, obligando a proyectistas, desarrolladores y operadores a integrar criterios ambientales que históricamente habían sido relegados frente a consideraciones económicas o estéticas.
Limitaciones económicas y exclusión social
A pesar de los beneficios mencionados, uno de los principales cuestionamientos hacia las certificaciones de edificación sustentable radica en sus elevados costos iniciales. El proceso de certificación implica, además del pago de tarifas a los organismos certificadores, la contratación de consultores especializados y la inversión en tecnologías y materiales específicos para cumplir con los requisitos establecidos.
Estos sobrecostos suelen trasladarse al usuario final, ya sea comprador o arrendatario, lo que incrementa el precio de la vivienda o de los espacios de trabajo. Como consecuencia, el acceso a edificaciones sustentables se limita a sectores con mayor poder adquisitivo, mientras que los grupos de menores ingresos permanecen excluidos de estos beneficios.
Este fenómeno contribuye a procesos de gentrificación y profundiza la inequidad social en las ciudades, transformando la sustentabilidad en un privilegio y no en un derecho colectivo.
Homogeneización de criterios y pérdida del contexto local
Otro aspecto crítico de las certificaciones de edificación sustentable es la homogeneización de los estándares ambientales. Al aplicar criterios globales, en muchos casos no se consideran adecuadamente las particularidades climáticas, sociales, culturales y económicas del contexto local.
Para cumplir con ciertos requerimientos, se privilegia el uso de materiales o tecnologías importadas en lugar de recursos locales, lo que incrementa la huella de carbono asociada al transporte y desplaza técnicas constructivas tradicionales que podrían resultar igual o más sustentables.
Esta práctica genera una contradicción fundamental: la búsqueda de un reconocimiento ambiental puede derivar en impactos ambientales indirectos que contradicen los principios de la sustentabilidad. Además, se debilita el arraigo comunitario al desvalorizar conocimientos constructivos locales y prácticas históricamente adaptadas al entorno.
La credibilidad de las certificaciones también ha sido cuestionada debido al riesgo de greenwashing. En algunos casos, los edificios obtienen una certificación al cumplir con los requisitos mínimos en la etapa de diseño o construcción, sin garantizar que el desempeño ambiental prometido se mantenga durante su operación cotidiana.
Si bien existen certificaciones enfocadas en la fase operativa —como LEED O+M— que exigen evidencia de consumos reales durante periodos prolongados, la percepción de incongruencia persiste y afecta la confianza de los usuarios y de la sociedad en general.
En respuesta a estas críticas, han surgido sistemas de certificación que buscan ser más accesibles y contextualizados. EDGE, impulsada por el Banco Mundial, se presenta como una alternativa orientada a países en desarrollo, simplificando procesos y reduciendo costos para facilitar el acceso a la certificación, especialmente en el sector habitacional. Por su parte, BOMA BEST se enfoca en la mejora de las prácticas operativas de los inmuebles, priorizando la gestión eficiente por encima del cumplimiento de estándares ambientales rígidos.
Estas iniciativas representan un esfuerzo por democratizar la sustentabilidad y ampliar su alcance, aunque aún enfrentan el desafío de integrarse de manera efectiva en contextos sociales diversos.
Reflexiones finales: ¿herramienta o contradicción?
Las certificaciones de edificación sustentable constituyen una herramienta valiosa para orientar a la industria de la construcción hacia prácticas más responsables con el medio ambiente. Sin embargo, su implementación no está exenta de controversias.
Cuando se prioriza la obtención de un reconocimiento internacional y el aumento de la plusvalía por encima de las realidades locales, se generan impactos ambientales y sociales que pueden contradecir los principios mismos de la sustentabilidad.
El análisis evidencia que las certificaciones pueden mitigar ciertos impactos, pero también producir nuevos problemas cuando no consideran el contexto ambiental, económico y social de los proyectos. El reto actual consiste en replantear estos sistemas para que integren materiales locales, reconozcan saberes tradicionales, promuevan la justicia ambiental y garanticen accesibilidad social.
Solo así será posible avanzar hacia una edificación sustentable que no solo sea eficiente, sino también incluyente, equitativa y coherente con su entorno.
Parada Rabell, A. G. (2025, 6 de agosto). Certificaciones para la edificación sostenible: ¿Cómo iniciaron y para qué aplicarlas? Universidad del Medio Ambiente. https://uno.umamexico.com.mx/wp69/certificaciones-para-la-edificacion-sostenible-como-iniciaron-y-para-que-aplicarlas/ Hernàndez, L. (2018, 24 de septiembre). Drawbacks for the implementation of sustainable certifications. Zero Consulting. https://blog.zeroconsulting.com/en/disadvantages-sustainability-certifications (blog.zeroconsulting.com Abraham, Y., Greenwood, L., & Schneider, J. (2022). Sustainable building without certification: An exploration of implications and trends. Journal of Sustainable Research, 4(2), e220007. https://doi.org/10.20900/jsr20220007 Autor desconocido. (2020, 4 de enero). Polémica en certificación de edificios. Expansión. https://expansion.mx/obras/pulso-de-la-construccion/polemica-en-certificacion-de-edificios (expansion.mx) Khoshbakht, M., Rasheed, E., & Baird, G. (2022). Do green buildings have superior performance over non-certified buildings? Occupants’ perceptions of strengths and weaknesses in office buildings. Buildings, 12(9), 1302. https://doi.org/10.3390/buildings12091302 Karamoozian, M., & Zhang, H. (2023). Obstacles to green building accreditation during operating phases: Identifying challenges and solutions for sustainable development. Journal of Asian Architecture and Building Engineering. https://doi.org/10.1080/13467581.2023.2280697 Hemmati, M., & Abdoli, N. (2024). Assessing the influence of green building certification programs on energy efficiency and sustainable development in the Middle East. International Journal of Engineering and Applied Sciences, 12(3). Recuperado de https://www.isi.ac/article/assessing-the-influence-of-green-building-certification-programs-on-energy-efficiency-and-sustainable-development-in-the-middle-east
Escrito por Ana Giselle Parada Rabell (estudiante de la Maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sostenible, generación 2025)Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
Dreamstime. (2025). De 2025 a 2026 foto de archivo. (Imagen).1
Adiós 2025
Con el cierre de año podemos experimentar diversos estados de ánimo, ya sea miedo, angustia, tristeza, entusiasmo, alegría, agradecimiento o cualquier otro. A veces se presentan en una suerte de montaña rusa, otras veces como carrusel, o para aquell@s más creativos dejo la personalización de esta metáfora a su propia experiencia e imaginación.
Influencers
Lo interesante es que, en cualquier composición, trayecto, orden o predominancia de tus estados de ánimo, el reto es gestionarlos. En ese proceso electivo y “digestivo” -metafóricamente hablando-, nuestros sentir-pensares tienen una influencia brutal en nuestros comportamientos y actitudes. En consecuencia, también en los resultados que generamos.
Sin embargo, lejos de poner a la razón en el centro del sistema operativo humano, quisiera reflexionar sobre el rol de influencers que juegan el pensamiento y nuestras emociones para generar resultados en nuestra vida. Ante esto, me resulta inevitable recordar la definición de locura que se le atribuye a Albert Einstein, entendida como esperar resultados diferentes haciendo exactamente lo mismo. ¿Alguna vez te has reconocido en ese lugar?
Aun cuando esta introducción pudiera confundirse con un mero ejercicio de autorreflexión, aspira a ir más allá para invitarte a una reflexión-acción reconfigurando tu Mindset 2026 -estado mental– para contribuir proactivamente al bienestar planetario del que eres actor clave.
Bienestar planetario –Planetary Wellbeing en inglés-
Aquel que sostiene la salud y el equilibrio de los sistemas naturales en la Tierra, íntimamente ligado al bienestar de los seres humanos. Estos sistemas nos proporcionan recursos vitales como el aire que respiramos, el agua potable, el alimento o protección, entre otros beneficios.
Luego entonces, si el planeta no está bien, el ser humano tampoco puede estarlo. Este nuevo paradigma nos mueve del enfoque antropocéntrico instalado en nuestra cultura, a uno cosmocéntrico que reconoce la interconexión y el aporte de cada forma de vida en un proceso evolutivo interdependiente.
Desafortunadamente, los desequilibrios en los sistemas naturales son causados predominantemente por nuestra intervención humana, generando exponencialmente problemas ambientales, que a su vez desencadenan problemas sociales.
Los sistemas naturales nos ofrecen recursos vitales finitos, mientras que nuestras necesidades son ilimitadas y no pueden satisfacerse de una vez y para siempre, sesgando nuestra percepción “pasando desapercibido” el hecho de que su extinción representa nuestra propia extinción como humanidad. Lo que cuestiona el entendimiento de los seres humanos como seres racionales “superiores”.
El goce humano y los límites planetarios
Recurro a Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, quien postuló la existencia del inconsciente (finales s.XIX)2 como la parte más profunda y oculta de la mente en donde viven los deseos, impulsos, recuerdos y conflictos reprimidos que influyen predominantemente en nuestra personalidad y comportamiento, operando con una lógica irracional y atemporal.
Freud planteó el goce humano3 entrando al terreno de los excesos, la repetición y, a menudo del sufrimiento vinculado al placer como síntoma. El goce humano se caracteriza por un vacío existencial que impide una satisfacción plena o total y genera la infinitud del deseo.
Luego entonces, ¿la policrisis climática es un síntoma del goce humano?, ¿el ser humano está atrapado entre el placer generado por el consumismo y el sufrimiento causado por la destrucción y muerte a consecuencia del extractivismo, cavando su propia destrucción?, ¿el haber rebasado 7 de los 9 límites planetarios que sostienen el equilibrio de la vida del ser humano en la Tierra es un síntoma que tiene cura?
(Stockholm Environmental Institute, 2025)4 “2025 Planetary Health Check Report”5AQUÍ
Históricamente, el ser humano ha recurrido a la fragmentación para intentar comprender la realidad, por lo que a veces pareciera imposible conectar los puntos para seguir la huella causal de un problema socioambiental, como si estuviéramos completamente ciegos frente a las dolorosas realidades. Sin embargo, el problema es más complejo de lo que parece, pues las causas y los efectos no son inmediatos o los efectos se viven en otros sistemas interconectados. De ahí la importancia de practicar el pensamiento sistémico en la construcción de soluciones integrales.
Otra barrera por superar es la “ilusión de insignificancia” – illusion of insignificance– (Otto Sharman, 2025), es decir, la sensación de que “lo que está pasando en el mundo es tan grande que nada de lo que yo pueda hacer tiene un impacto significativo” tan instalada en el imaginario colectivo, pero recuerda, solo es una ilusión.
Este fin de año regálate 1 DÍA para observar y practicar, desde que amanezca hasta que anochezca, una nueva mirada hacia todas tus interdependencias con otras formas de vida – ya sean humanas, animales, vegetales, con la tierra, el agua, el viento, etc. Anota todo lo que observaste, sentiste, pensaste, o descubriste. Y pregúntate ¿qué necesitas cambiar para contribuir proactivamente al bienestar planetario?
Poder personal y colectivo de transformación
No se trata de añadir eco ansiedada la lista de estados de ánimo, sino ampliar tu poder de influencer en los sistemas naturales en los que participas maximizando tu poder personal y colectivo de transformación al servicio de una causa mucho más grande que tú, imprimiendo propósito a este 2026 y colocando a la ESPERANZA en el centro de tu mente y de tu corazón generando un impacto positivo cada día en tu entorno inmediato.
Alrededor del mundo ya hay múltiples soluciones escalables que han probado que podemos darle la vuelta a esta dolorosa realidad, nuestro reto es sumarnos e incrementar nuestro poder de influencia, escala y velocidad.
¡Hagamos de lo socio ambiental parte de la vida cotidiana este 2026!
Verónica Porte Petit Anduaga. Estudiante de la Maestría de Innovación Educativa para la Sostenibilidad Universidad del Medio Ambiente
FUENTES
[1] Dreamstime. (2025). De 2025 a 2026 foto de archivo. (Imagen). Dreamstime.com: https://thumbs.dreamstime.com/b/nuevo-a%C3%B1o-un-cierre-de-bloques-madera-con-los-n%C3%BAmeros-que-sugieren-una-cuenta-regresiva-para-el-la-imagen-es-perfecta-crear-335429031.jpg?w=360
[2] Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. Obras completas, volumen 4. Buenos Aires: Amorrortu editores.
[3] Freud, S. (1979). Más allá del principio del placer. Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras (1020-1922). Buenos Aires: Amorrortu editores.
[4] Stockholm Environmental Institute (2025). The nine planetary boundaries and their status. Stockholm University: www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html
[5] Postdam Climate Impact. (2025). Official Planetary Health Check 2025 with Johan Rockstrom. (Video). Postdam Climate Impact: https://youtu.be/ndPVcg6uSZc
“Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente”
En la UMA aprendemos a hacer, a aprender y a ser; bajo este enfoque se desarrolló nuestra experiencia en el Seminario de Soberanía Alimentaria. A través de un diagnóstico participativo en campo, observamos, reflexionamos y actuamos junto a la comunidad de Pipiol.
Durante la visita trabajamos con Caín, campesino y ganadero; con Erick, su socio; e Imelda, profesora y parte de la misma sociedad.
Construir conocimiento en comunidad
El objetivo central de nuestra visita fue construir de manera colectiva una respuesta a una pregunta fundamental: ¿cuál es el camino hacia la soberanía alimentaria?
La soberanía alimentaria es un concepto amplio y complejo; no es estático, sino un proceso en constante construcción. Es un camino a través del cual vamos reconociendo nuestras relaciones con los alimentos, la tierra y con nosotros mismos. En este proceso se fortalecen la identidad, la autonomía y la capacidad de generar bienestar colectivo.
Por ello, uno de los aprendizajes fundamentales de la visita a campo y del trabajo realizado fue comprender que este concepto debe abordarse desde las experiencias y los saberes de quienes producen y cuidan el territorio, y que es desde ahí donde debe partir cualquier reflexión o acción.
Para compartir este proceso de aprendizaje y reflexión, se elaboró un cómic que recoge lo vivido, las experiencias, las voces y preguntas que surgieron durante el trabajo en campo. A través de esta herramienta buscamos acercar las ideas que fuimos construyendo colectivamente sobre la soberanía alimentaria.
Resultados del seminario
Les invitamos a leer , compartir y recorrer el cómic como una extensión de la experiencia y aprendizaje vivido, como una forma de seguir dialogando y reflexionando sobre todos los caminos posibles para una soberanía alimentaria; y hacia una relación más justa y consciente con la tierra y con nuestros alimentos.
Entrada elaborada por: Daniela LopezNegrete y Melissa Carrera estudiantes generación 2025 de la Maestría en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos.
Pensando en que el espacio construido que habitamos es justo el que nos conecta —o nos desconecta— del entorno en donde nos encontramos, me resulta de interés reflexionar: ¿cómo las decisiones de diseño contribuyen al bienestar del usuario? ¿Qué pasa con nuestro cuerpo cuando el espacio que construimos los arquitectos no contribuye a mantenernos con vida? ¿Cómo podemos lograr que lo construido ayude a mejorar nuestra calidad de vida y la de los nuestros? ¿De qué manera el entorno que diseñamos puede aportar al bienestar integral de nuestra sociedad?
Elaboración propia
En este contexto, el diseño bioclimático y el bienestar humano se presentan como un eje fundamental para comprender la relación entre el cuerpo, el espacio y el ambiente, desde una mirada que prioriza la vida, la salud y el confort.
En el artículo anterior —Hacia el rumbo bioclimático: el habitar en su dimensión espacial— se habló del habitar desde su dimensión espacial, entendiéndolo como “una necesidad que consiste en ocupar con nuestro cuerpo un espacio específico que brinde las condiciones para mantenernos con vida”. Si consideramos que existimos a través de nuestro cuerpo, surge entonces una pregunta clave: ¿cuáles son las condiciones ideales que debería tener un espacio para poder vivir y subsistir?
El cuerpo humano como medio de habitar el espacio construido
Para adentrarnos en el tema, me interesa reducir la escala de análisis y centrarnos en el ser humano. En este sentido, y apoyándonos en la teoría psicológica propuesta en 1943 por Abraham Maslow, la jerarquía de las necesidades humanas tiene como base los aspectos fisiológicos: alimentación, homeostasis, respiración y descanso.
Si bien la arquitectura y el diseño de los espacios habitables pueden influir en distintos niveles de esta pirámide, el enfoque de este texto se centra en la base y en aquellos aspectos donde el diseño interviene de manera directa.
Influencia del diseño en las necesidades humanas. Elaboración propia tomando como base la Pirámide de Maslow.
En una breve conversación con el Dr. Alejandro Canedo Alberto, médico urgenciólogo adscrito al Instituto Mexicano del Seguro Social, se define la homeostasis como “el equilibrio interno del cuerpo para el adecuado funcionamiento y metabolismo celular (temperatura, pH, osmolaridad, etc.)”. Esto sin dejar de lado que el cuerpo humano es un sistema complejo y sofisticado, que emplea mecanismos regulatorios y compensatorios para su propia supervivencia a través de los órganos y sistemas que lo componen.
Además, de acuerdo con la Constitución de 1948 de la Organización Mundial de la Salud, la salud se define como “el estado de completo bienestar físico, mental, espiritual, emocional y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Lo anterior reafirma que se trata de un tema complejo y, al mismo tiempo, subraya la importancia de los factores externos con los que el cuerpo se interrelaciona.
Confort ambiental y bienestar del cuerpo humano
El profesor Víctor Fuentes Freixanet, con maestría y doctorado en arquitectura bioclimática, define el confort como “el estado físico y mental en el cual el hombre expresa satisfacción (bienestar) con el medio ambiente circundante”, considerando que dicho ambiente incluye el entorno natural, social y artificial.
El estado de bienestar puede variar entre lo físico y lo mental, ya que depende de las condiciones particulares de cada persona. Fuentes identifica factores internos —edad, sexo, salud física y mental, estado de ánimo— y factores externos —temperatura, humedad, viento, olores, ruidos, entre otros—. A partir de estos elementos, el confort puede clasificarse según el canal de percepción: térmico, lumínico, acústico, olfativo y psicológico (Fuentes, 1988).
Canales de percepción del confort. Elaboración propia.
Desde una perspectiva fisiológica, el Dr. Canedo señala que lo esencial para mantener la vida es “el sustrato (glucosa y oxígeno) y una adecuada homeostasis”. De ello se infiere que, entre los factores externos, el confort térmico tiene una repercusión significativa, ya que la piel —el órgano más grande del cuerpo— es el principal canal de percepción.
Aunque el aspecto psicológico será abordado en otro artículo, es importante mencionar que este puede compensar ciertas incomodidades fisiológicas. Por ejemplo, “la incomodidad térmica o lumínica puede ser atenuada a través de los factores visuales involucrados en el diseño de los espacios”, como colores, texturas, vacíos y macizos (Fuentes, 1988).
Finalmente, la salud se presenta como el factor fundamental para que un individuo experimente confort. Fuentes señala que “el hombre puede estar incómodo pero saludable; por el contrario, si está enfermo no puede sentirse cómodo”. Sin salud, los canales de percepción y la relación entre el cuerpo y el ambiente se alteran, afectando la interpretación de los estímulos que llegan al cerebro.
Uno de los tres objetivos fundamentales que debe perseguir la arquitectura para contribuir al bienestar humano es, según Fuentes, “crear espacios habitables que cumplan con una finalidad funcional y expresiva, que sean física y psicológicamente saludables y confortables para propiciar el óptimo desarrollo del hombre y sus actividades”.
Estrategias de diseño bioclimático para el bienestar fisiológico
Con una metodología base, durante el segundo trimestre de la Especialidad se retomaron los análisis de sitio y usuario, así como las recomendaciones y normativas asociadas al tipo de clima y edificación. El objetivo fue generar una propuesta de proyecto encaminada al confort y a la eficiencia energética.
Metodología para el diseño bioclimático para el proyecto del equipo 1 de la Especialidad en Arquitectura Bioclimática. Elaboración propia con base en la metodología de ITACA.
Desde esta fase, las estrategias de diseño pasivo se consolidan como la base consciente para guiar el diseño de los espacios habitables en un sitio específico. Entre las principales estrategias del diseño bioclimático se encuentran:
Emplazamiento: identificación de las condiciones ideales del contexto urbano y local.
Agrupamiento y forma: comprensión de la trayectoria solar y del comportamiento del viento para adaptar las edificaciones a las condiciones naturales.
Orientación: definición de la ubicación óptima de los espacios arquitectónicos para cumplir con requerimientos térmicos, de ventilación e iluminación, según su uso.
Envolvente: decisiones de diseño relacionadas con la proporción y materialidad de muros, pisos y techos para mejorar el desempeño térmico de la edificación.
Ventilación e iluminación natural: análisis de la ubicación y operación de aperturas para favorecer el desarrollo óptimo de las actividades del usuario.
La responsabilidad del arquitecto bioclimático se vuelve más compleja conforme se diversifican los requerimientos del usuario. Como se ha comentado en diversas sesiones, uno de los espacios más difíciles de diseñar es la vivienda, no solo por la variedad de necesidades que concentra, sino porque, como refugio, debería ser el espacio que contribuya de manera directa a satisfacer las necesidades fisiológicas, base del bienestar integral del ser humano.
Conclusión: arquitectura, cuerpo y bienestar
Pensar el diseño bioclimático desde el bienestar humano implica asumir una responsabilidad ética, ambiental y social. Cuando la arquitectura responde al cuerpo, al clima y al contexto, deja de ser únicamente un objeto construido y se convierte en una herramienta activa para la vida, la salud y el cuidado del entorno.
Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.
Reseña del proyecto de titulación de Ana Paulina Roldán Máynez estudiante de la generación 2023 de la Maestría en Proyectos Socioambientales y Beatriz Álamo Rojas estudiante de la generación 2023 de la Maestría en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos
Tejiendo comunidad en torno al Parque Dos Conejos en la CDMX
Contexto y problema socioambiental
El Parque Dos Conejos, ubicado en la colonia Romero de Terreros al sur de la Ciudad de México, se encuentra dentro del histórico Pedregal de San Ángel, una zona formada por el derrame de lava del volcán Xitle. Este territorio guarda una profunda riqueza natural y arqueológica, pues en él se han hallado vestigios de uno de los asentamientos humanos más antiguos del país.
A pesar de esta relevancia, hoy el parque se encuentra relegado a un uso recreativo básico, con un acceso restringido y escasa planeación comunitaria. En los últimos años, el parque ha sido víctima del abandono derivado de la desarticulación social entre los vecinos, quienes, fragmentados en grupos polarizados y sin estrategias claras, han perdido la capacidad de organización colectiva.
Este deterioro del tejido social ha provocado que el parque se deteriore aceleradamente: la erosión del suelo avanza, la vegetación muestra signos evidentes de estrés, hay árboles muertos y disminución de la biodiversidad. La falta de infiltración de agua pluvial ha generado además inundaciones en las zonas bajas, mostrando el impacto negativo tanto ambiental como urbano de este descuido.
A esta degradación ecológica se suma una crisis emocional y comunitaria: el parque, al perder su función como refugio verde, deja de ser un espacio de encuentro, salud y recreación. Esto contribuye al desarraigo y al estrés de lxs colonxs, que tienden a responsabilizar a terceros y autoridades sin generar soluciones colectivas.
Se rompe así un ciclo vital donde la calidad ambiental sostiene también la salud mental, la identidad y la cohesión social. Esta desconexión con el territorio perpetúa un círculo vicioso de apatía, pérdida de pertenencia y deterioro ambiental que urge revertir.
Estado actual:
El parque público se encuentra en abandono debido a la desarticulación social en la colonia Romero de Terreros. Existen tensiones y polarización entre grupos vecinales que disputan el control de recursos asignados a la COPACO, lo que ha derivado en amenazas personales, corrupción y una creciente degradación del entorno y de la comunidad.
El parque muestra signos visibles de deterioro: erosión del suelo, falta de riego, vegetación enferma y árboles muertos. La pendiente del terreno facilita el arrastre del suelo hacia el drenaje durante lluvias, agravando el problema.
Potencial futuro:
Imaginamos al Parque Dos Conejos como un laboratorio de investigación activa donde se aplican y perfeccionan prácticas agroecológicas que pueden replicarse en otros espacios urbanos. Su deterioro actual no limita su potencial; al contrario, lo posiciona como un caso ejemplar de transformación comunitaria y restauración ecosistémica.
Gracias a su biodiversidad latente, su topografía variada y ubicación estratégica, el parque podría integrarse como nodo clave dentro de una futura red de corredores biológicos en la Ciudad de México. Este escenario no solo contribuiría a la conservación de la flora y fauna urbana, sino también al fortalecimiento de comunidades organizadas y resilientes, capaces de gestionar de forma autónoma y solidaria el bienestar ambiental y social de sus barrios.
Estado futuro deseado como sueño en común:
Este proyecto nace del sueño compartido de vivir en una ciudad que valore y conserve los ecosistemas de sus parques urbanos públicos. Vemos estos espacios no solo como áreas verdes, sino como núcleos fundamentales para el bienestar social, la conexión con la naturaleza y la construcción de comunidades solidarias y autogestivas.
Vemos a la Comunidad Ometochtli encabeza los trabajos colaborativos para la conservación del parque Dos Conejo en la colonia Romero de Terreros de la CDMX, colocándolo como referente de rescate ecosistémico en parque público, habiendo rehabilitado la infiltración de agua pluvial, los servicios ecosistémicos hacia la fauna local y por ser considerado como refugio para la salud emocional, mental y social de sus usuarios y visitantes humanos.
Por lo que se convierte en un referente urbano para restauración de otros parques. Además de ser una muestra del ecosistema de Matorral Xerófilo de Palo Loco típico del área del Pedregal de San Ángel.
Propósito de cambio
Contribuir a la regeneración socioambiental urbana promoviendo, en los usuarios del parque Dos Conejo, Ometochtli, de la colonia Romero de Terreros de la CDMX, la apropiación sana de su espacio público. Esto se busca a través del fomento de la cohesión social y del aprendizaje para trabajar en colectivo, en favor de sanar la tierra de nuestro parque u oasis público. Las acciones se enfocan en obras de restauración ecosistémica orientadas a un manejo óptimo del agua de lluvia, al cuidado de la vegetación actual y endémica, a la recuperación del tejido social y a propiciar la reconexión con la naturaleza y con nuestro entorno.
De este modo, se busca volver a ser capaces de identificar y valorar las potencialidades locales de nuestra comunidad. Asimismo, se propone que la facilitación de actividades didácticas de agroforestería sintrópica, permacultura y agroecología se comparta con otras comunidades.
Esto permitirá crear lazos de alianza que nos tejan con una red más amplia de regeneración urbana y nos conecten con otros barrios. A través de esta propuesta, se generarán conocimientos valiosos a nivel personal y colectivo, promoviendo la convivencia entre colonos, fortaleciendo la autogestión social y enriqueciendo la red.
Objetivos del proceso de transformación
Involucramiento de vecinos en actividades comunitarias de restauración ecosistémica
Aumento de diversidad en vegetación endémica
Goce del espacio y apropiación del espacio público
Pertinencia y conceptualización de las estrategias implementadas
Los principios de la agroecología son altamente pertinentes para un proyecto de restauración ecosistémica en un parque urbano, ya que ofrecen enfoques sostenibles e integradores que, además, fomentan la participación comunitaria. Por ejemplo, la agroecología promueve la diversidad, tanto en el ecosistema como en los saberes locales a tomar en cuenta, permitiendo que se incluyan plantas nativas y adaptadas mientras que a la par se incorpora el conocimiento de la comunidad al trabajo colectivo.
También promueve la gestión eficiente de recursos, como el compostaje comunitario, que cierra ciclos de nutrientes y mejora la calidad del suelo. Además, fomenta la co-creación de conocimiento, combinando ciencia y saberes tradicionales mediante talleres y actividades participativas que fortalecen el vínculo de la comunidad con el parque. La agroecología también resalta la importancia de la resiliencia y las sinergias en los ecosistemas, diseñando espacios funcionales donde la flora, fauna y las prácticas humanas interactúan armónicamente, aumentando su capacidad de adaptación.
Por último, su enfoque inclusivo y orientado a la justicia social asegura que todos los actores se beneficien del proceso, promoviendo una toma de decisiones equitativa y el sentido de pertenencia. Implementar estos principios puede transformar nuestro proyecto en un modelo de restauración urbana participativa que no solo recupere el ecosistema del parque, sino que también fomente la cohesión social y las prácticas sostenibles a largo plazo no solo en este parque, sino en otros barrios de la CDMX.
Estrategia y teoría de cambio
La iniciativa busca crear una comunidad autogestiva vecinal de cuidadores mediante la organización de talleres para la conservación de áreas verdes urbanas con prácticas agroecológicas y el manejo sostenible del parque a través de faenas de mantenimiento a las obras de restauración ya hechas. A través de estas actividades, se pretende capacitar a los vecinos en técnicas como la creación de jardines de lluvia “islas de abundancia”, conocimiento sobre flora nativa y la resignificación de los residuos a través de la composta, fomentando además faenas comunitarias donde puedan colaborar activamente en la implementación de estas estrategias.
Estas acciones no solo contribuirán a regenerar el ecosistema del parque, mejorando la calidad del suelo, la biodiversidad y el manejo del agua, sino que también fortalecerán el tejido social de la comunidad. Se espera que los vecinos reconozcan sus capacidades colectivas para transformar su entorno, fomentando la colaboración y el sentido de pertenencia.
A mediano plazo, se busca consolidar un grupo autogestivo que asuma la planificación, ejecución y mantenimiento de estas iniciativas, generando un modelo replicable de manejo sostenible de áreas verdes urbanas. A largo plazo, el impacto deseado es la transformación del parque en un espacio resiliente y biodiverso, mientras se impulsa una cultura comunitaria de conservación ambiental y se mejora la calidad de vida de los habitantes.
Siguientes pasos y continuidad del proyecto
1.- Consolidación de una comunidad de práctica:
Reunión inicial con voluntarios y vecinos del parque
Identificación de líderes comunitarios
Talleres de trabajo con la comunidad
2.- Faenas Agroecológicas y mejoras del suelo
Implementación de prácticas agroecológicas, nidos de biodiversidad y faenas completadas
3.- Talleres de composta y resignificación de residuos:
Taller teórico práctico sobre compostaje
4.- Talleres de conservación y flores nativas para polinizadores
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente.
Hace un par de semanas transitaba por una avenida importante de la ciudad donde vivo. Mientras esperaba en un alto observé un espectacular promocionando la escuela donde trabajo. Se podía leer el encabezado con letras grandes: “Educación que transforma”. Avancé un poco más y, nuevamente detenida por el tráfico, tuve unos minutos para leer la publicidad en la calle: “Transforma el futuro de tus hijos”, era un anuncio de otra escuela de renombre en la ciudad.
En todo mi trayecto pude leer al menos 5 anuncios de distintas escuelas promocionando “su educación”. Algunos anuncios más llamativos que otros, sin embargo, el común era: “transforma”, “cambia”, “futuro”. Esta experiencia me hizo repensar si yo, como docente de secundaria, estaba “transformando” algo en mi aula.
En mi búsqueda, decidí releer algunos de los textos que revisamos en la materia “Ruptura epistemológica” y me detuve especialmente en dos: La trascendencia del cuidado y el tacto pedagógico de José Vázquez y El maestro ignorante de Jacques Rancière. En ambos, hay un fuerte cuestionamiento al entendimiento que tenemos del rol docente. El primero, desde una mirada donde el cuidado, el amor y la ternura son el sustento del acto educativo, y el segundo, donde se resignifica por completo qué entendemos por enseñar.
Dice José Vázquez (2024) que en una relación pedagógica (entiéndase de estudiante-estudiante, estudiante-docente, docente-familia, familia-estudiante, estudiante-comunidad, escuela-comunidad), el núcleo es un potencial ético de transformación. Pero, ¿qué se transforma? Esencialmente, lo que debería transformarse es la relación en sí y para ello, si quien acompaña en su rol como docente desea permear eso en el salón de clases, entonces tendría que desplazarse hacia un lugar más amoroso y compasivo, es decir, acompañar con tacto pedagógico y manteniendo un vínculo donde deje espacio para compartir en el aula emociones, afectos, aprendizajes, preguntas, errores, inquietudes, esperanzas.
En este sentido, no solo se cambia la perspectiva de la apuesta educativa, sino se cambia también el rol del docente. En otras palabras, acompañar a un estudiante en el aula es acompañarle, mas no enseñarle, a descubrir y construir su proyecto de vida. Acompañar desde la docencia es dejarse interpelar por las carencias, limitaciones, sueños, esperanzas del estudiante y no bajo la pretensión de poseerlo, sino de aceptar y abrazar su radical alteridad. Tener tacto pedagógico es entonces estar atentos a las búsquedas y necesidades del estudiante.
Para que ocurra lo anterior, la palabra “enseñar” le queda corta al docente. Tendríamos que hablar de posibilitar las condiciones en el aula para que emerja una responsabilidad compartida en el aprendizaje. En otras palabras, quien enseña en un salón de clases no es únicamente aquella persona que asume el título de docente, es también el estudiante que está intentando descubrirse en un mundo incierto. Como narra Rancière (2003), el maestro que no ignora es quien decide despojarse de ese título que, en muchas ocasiones, le impide ver más allá de lo que pareciera ser su escaño: su aula. El maestro que no ignora es quien revierte la lógica de ese sistema educativo donde hay quien explica y quien atiende, quien sabe y quien no sabe, quien está de pie y quien está sentado.
Rancière recupera la historia del controversial pedagogo francés Jacotot quien, en su primer día de cátedra en la Universidad de Lovaina, rompió el silencio diciéndole a sus estudiantes atónitos: “es necesario que les enseñe que no tengo nada que enseñarles”. El maestro que no ignora, es quien apuesta todos los días por aprender y no solo por enseñar.
Entonces, regresando a la pregunta si estoy transformando algo en mi aula, encuentro que sí. Quien se está transformando soy yo, sin embargo, no es un yo que ponga mi experiencia al centro, sino que es un “yo” que encontró eco en un “nosotros”. Es un “yo” que está intentando ceder la primacía al “tú”, al “nosotros”, “a lo común”.
Es una transformación que trata de responder éticamente ante el otro, la otra, lo otro. Es una transformación que está centrada en regenerar el vínculo pedagógico estudiante-estudiante, estudiante-docente, para que éste pueda permear en nuestras otras relaciones. Es un vínculo que prioriza la relación de servicio, de ayuda, de cuidado a la vida, donde, tanto mis estudiantes como yo, estamos acompañándonos y construyendo nuestro proyecto de vida en libertad.
Esta transformación, centrada en regenerar nuestras relaciones, nos implica cuidar la novedad que emerge en el aula todos los días, es decir, esas esperanzas que se van asomando mientras nuestros proyectos de vida se dotan de sentido y, que al ser proyectos sostenidos en la esperanza y en el cuidado, pueden llegar a transformar nuestro mundo en uno más sensible y justo.
Foto: Red Permacultura Málaga
Supongo que la palabra “transforma” en un slogan educativo cumple con sus funciones de marketing, sin embargo, te invito a que la siguiente vez que, así como yo, leas “Educación que transforma” o algo similar, puedas cuestionarte: ¿transformar qué? y, sobre todo, ¿para qué?
Escrito por Daniela Orozco, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad.
Referencias
Rancière, J. (2003). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Editorial Laertes. Barcelona. Vázquez Álvarez, J. (2024). La trascendencia del cuidado y el tacto pedagógico en la atención a las necesidades del alumnado: un estudio exploratorio. Universidad de Málaga.
Son innumerables los casos en lo que, apelando al interés legítimo, vecinos, comunidades indígenas u organizaciones de la sociedad civil, han tenido acceso al amparo, logrando así la defensa de su derecho a un medio ambiente sano.
Hoy con la iniciativa presentada por la titular del Poder Ejecutivo, no son pocos los que se preguntan si esta iniciativa atiende al principio de progresividad de los derechos humanos o, todo lo contrario, es una regresión que restringe el acceso a la justicia.
¿Qué es el interés legítimo?
En el 2013 se incorporó en la Ley de Amparo el concepto de interés legítimo. Anteriormente, solo podía ser parte en el juicio de amparo quien fuera titular de un derecho subjetivo, esto es, quien tuviera una afectación inmediata y directa en su esfera jurídica, a esto llamamos interés jurídico.
En ese año, el acceso se amplió a quienes tuvieran un interés legítimo individual o colectivo, dando oportunidad a que muchas personas físicas o jurídico colecticas hicieran valer sus derechos a través de esta figura.
El interés legítimo se entiende como una afectación indirecta al individuo que se encuentra en una situación especial. Un ejemplo de esto sería una comunidad indígena que promueven un juicio de amparo por la emisión de títulos de concesión para la explotación industrial de aguas superficiales y que consideran que tales actos transgreden su derecho al medio ambiente.
¿En qué consistió la propuesta?
La iniciativa de ley fue enviada al Senado el 15 de septiembre del año en curso. Estaba inspirada en la tesis de jurisprudencia P/J 50/2014 que trata sobre el contenido y alcance del interés legítimo en el juicio de amparo. Las modificaciones que se propusieron al artículo 5° de la Ley de Amparo fueron:
Texto Anterior
Iniciativa
Artículo 5. Son partes en el juicio de amparo: La persona quejosa, teniendo tal carácter quien aduce ser titular de un derecho subjetivo o de un interés legítimo individual o colectivo, siempre que alegue que la norma, acto u omisión reclamados violan los derechos previstos en el artículo 1o. de la presente Ley y con ello se produzca una afectación real y actual a su esfera jurídica, ya sea de manera directa o en virtud de su especial situación frente al orden jurídico.
Artículo 5.…Tratándose del interés legítimo, la norma, acto u omisión reclamado deberá ocasionar en la persona quejosa una lesión jurídica real, actual y diferenciada del resto de las personas, de tal forma que su anulación produzca un beneficio cierto, directo y no meramente hipotético o eventual en caso de que se otorgue el amparo.
En teoría el objetivo de esta reforma es evitar ambigüedades para la aplicación del interés legítimo por parte de los operadores jurídicos e incorporar criterios de jurisprudencia (Senado, 2025).
Sin embargo, los detractores a esta reforma señalan que se aumentan los requisitos para acceder al amparo y que en lugar de ser una reforma pro persona, es una reforma pro gobierno.
En opinión de la ministra en retiro y ahora legisladora Olga Sánchez Cordero, el interés legítimo debió continuar como un concepto indeterminado, para tener la flexibilidad de ser valorado caso por caso por el juez y no restringirse a la definición de la ley (Mejía,2025).
Créditos de imagen: Pixabay
Versión Final
Los legisladores después de varias discusiones y con el voto en contra de la oposición, realizaron algunas modificaciones al proyecto inicial, para quedar de la siguiente forma:
Artículo 5. Son partes en el juicio de amparo:
(…)
Tratándose del interés legítimo, la norma, acto u omisión reclamado deberá ocasionar en la persona quejosa una lesión jurídica individual o colectiva real, actual y diferenciada del resto de las personas, de tal forma que su anulación produzca un beneficio cierto, directo y no meramente hipotético o eventual en caso de que se otorgue el amparo.
Esto es, se agregaron las palabras individual o colectiva y se eliminaron las palabras actual y directo. Estas últimas modificaciones se consideran positivas, puesto que como es sabido las afectaciones al medio ambiente no necesariamente tienen un efecto actual o inmediato y muchas de las organizaciones o comunidades que solicitan el amparo es para obtener un beneficio indirecto.
Finalmente, la reforma a la Ley de Amparo entró en vigor el pasado 16 de octubre.
Créditos de imagen: Pixabay.
Conclusión
En síntesis, ahora son más los requisitos que se solicitarán por ley para acreditar el interés legítimo. Hay personas que consideran esto como un acierto, toda vez que señalan que hubo excesos y que se utilizó el interés legítimo para la obtención de suspensiones.
Sin embargo, resulta evidente que con esta reforma se estrecha la puerta de acceso al juicio de amparo para los defensores del medio ambiente y que el renovado Poder Judicial estará a prueba para ver si aplica la interpretación pro persona.
Escrito por Mónica Garrido Martínez estudiante de la Maestría en Derecho Ambiental y Política Pública.
“Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente”.
https://bit.ly/47IIQPg
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente
Maestría con validez oficial. RVOE: 205200000/556/2011
Bibliografía
Senado de la República. (2025, 1° de Octubre). Dictamen de las Comisiones Unidas de Justicia; de Hacienda y Crédito Público; y de Estudios Legislativos.