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Category: Proyectos Socioambientales

  • Proyecto Socioambiental Kôriba

    Proyecto Socioambiental Kôriba

     Kôriba es un Proyecto Socioambiental de Paisajismo con identidad nativa

    Reseña del proyecto de titulación de Fernanda García. Generación 2022. Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente.

    Kôriba es una empresa de paisajismo y viverismo,  que se dedica a resaltar y valorar la vegetación nativa en entornos antropizados en la selva baja caducifolia y el matorral xerófilo de climas semiáridos,  Nuestro objetivo principal es contribuir a la conservación de la biodiversidad de estas regiones a través de la integración de especies nativas en proyectos de paisajismo y su reproducción en viveros..  

    Nacemos de la observación de la desconexión que existe entre las personas y la rica biodiversidad vegetal local en entornos urbanos. Esta desconexión se ve agravada por la insuficiencia y falta de calidad en las áreas verdes existentes. 

    Propósito: 

    Nuestro propósito principal es fomentar la conservación de la biodiversidad vegetal del clima semiárido de la Mesa Central de México por medio de la integración de especies nativas en proyectos de paisajismo y reproducción de estas en vivero. Aspiramos a contribuir a la construcción de entornos urbanos que sean saludables, estéticamente agradables y sostenibles desde el punto de vista medioambiental que inviten a los usuarios a conectar y reconocer la importancia del cuidado y conservación de las especies locales.

    Objetivos específicos:
    1. Diseñar proyectos de paisaje a diferentes escalas que incorporen una paleta vegetal biodiversa, adaptada a las condiciones climáticas de la región y a la cultura local utilizando una metodología de diseño participativo que involucre a actores y usuarios para visibilizar la importancia de las especies autóctonas, así como de considerar a otros grupos de interés y entidades asociadas a los proyectos.
    2. Aumentar la disponibilidad de especies nativas de la Mesa Central de México en el mercado.
    3. Desarrollar habilidades de reproducción de estas especies en otros viveros
    4. Implementar talleres, experiencias y estrategias de comunicación efectivas para difundir el conocimiento sobre la importancia de la biodiversidad local
    Contexto y problema socioambiental:

    En México, se ha perdido el 50% de la selva seca original, de la cual la mitad está degradada y la otra mitad está aislada y en riesgo de desaparecer. La Selva Baja Caducifolia (SBC) es una de las más amenazadas debido al cambio de uso del suelo por actividades agropecuarias y megaproyectos. La deforestación ha reducido su extensión significativamente, de entre el 8-14% del territorio mexicano a solo el 3.38% actual. Esta selva, a menudo percibida negativamente por su estacionalidad climática, es vital por su biodiversidad, albergando más del 40% de las plantas endémicas de México y el mayor número de plantas medicinales utilizadas localmente.

    A pesar de que México es un país megadiverso, el uso de especies vegetales en programas de reforestación es muy limitado, empleándose sólo entre 60 y 150 especies, menos del 1% de la diversidad existente. Este problema es especialmente grave en ciudades que originalmente tenían vegetación de la Selva Baja Caducifolia (SBC) en la Mesa Central, donde la forestación urbana se limita a 12-20 especies. Esto desconecta a las personas de la vegetación local y genera desinterés en su conservación.

    Estrategia y Teoría de Cambio:

     La Estrategia y Teoría de Cambio se centra en dos intervenciones principales para incrementar la presencia de especies nativas en el paisajismo urbano:. 

    1. Innovación en el diseño paisajístico:
    • Involucrar a clientes y actores clave para priorizar la vegetación local en los proyectos de paisajismo.
    • Fomentar el uso de técnicas de diseño que favorezcan la biodiversidad y la sostenibilidad.
    1. Aumento de la disponibilidad de especies nativas:
    • Reproducir especies nativas en viveros para facilitar su acceso a los paisajistas.
    • Promover la utilización de estas especies en proyectos urbanos, públicos y privados.

     Esto mejorará los servicios ecosistémicos, como la calidad del aire, la regulación del clima, la conservación del agua y el fomento de hábitats para la fauna urbana, resultando en entornos urbanos más saludables.

    El aumento de especies nativas también conferirá a las ciudades una identidad única y fortalecerá la identidad biocultural, reduciendo la “ceguera vegetal” al conectar a los ciudadanos con la biodiversidad local. Esta apreciación fomentará esfuerzos adicionales para conservar estas especies.

    Además, se propone aumentar las interacciones con las plantas mediante un módulo demostrativo en el centro productivo y un programa de actividades, incluyendo discusiones sobre conservación y exposiciones de arte, para enriquecer la experiencia y concienciar sobre la importancia de la biodiversidad.

    Siguientes pasos:

     Tras la creación de las tres unidades de negocio, se procederá a identificar diversas colaboraciones estratégicas con el objetivo de ampliar nuestro alcance y cumplir con las metas de impacto establecidas. Estas colaboraciones se enfocarán en los siguientes aspectos:

    1. Establecimiento de una red de viveristas y paisajistas: Se creará una red de viveristas y paisajistas comprometidos con la sostenibilidad. Se les brindará capacitación y asesoría para fortalecer sus capacidades y promover prácticas sostenibles en su labor.
    2.  Desarrollo de programas educativos y culturales: Se establecerán colaboraciones con universidades locales que trabajan en el ámbito de la infraestructura verde, como la Ibero, La Salle, ITESM y UNAM ENES León. Juntas, se diseñarán e implementarán programas educativos y culturales que promuevan la conciencia ambiental y la adopción de prácticas sostenibles en la comunidad.
    3.  Vinculación con instituciones internacionales: Se establecerán vínculos con instituciones de renombre internacional, como ONU Hábitat y el World Economic Forum. Estas alianzas permitirán captar fondos, establecer relaciones estratégicas y acceder a redes globales de apoyo y conocimiento.
    4.  Obtención de recursos gubernamentales: Se explorarán y gestionarán oportunidades de financiamiento a través de programas de apoyo gubernamentales como el Programa Desarrollo de la Horticultura Ornamental de SADER. Estos recursos serán fundamentales para impulsar el crecimiento y la sostenibilidad del proyecto.
    5.  Replicación del modelo en otras regiones: Se analizará la viabilidad de replicar el modelo de vivero en otras localidades con clima semiárido. En caso de ser factible, se establecerán viveros especializados en la reproducción de vegetación adaptada a las condiciones climáticas de cada región.

  • Proyecto Socioambiental Xona

    Proyecto Socioambiental Xona

    Reseña del proyecto de titulación de Ana Rosa Gordillo Terrón. Generación 2022. Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente.

    Contexto: 

    El “Proyecto Xona”, surge en 2021, como parte de Hagamos Composta, asociación que tiene como objetivo  reducir la cantidad de residuos producidos en las ciudades a través de un servicio de recolección y transformación de residuos orgánicos. 

    En 2020 la población total de Xonacatlán fue de 43,035 habitantes, de los cuales 22% lo componen jóvenes entre 15 y 24 años (INEGI, 2020) que a través de las entrevistas e interacciones que hemos tenido con ellos, han demostrado una apatía generalizada ante los acontecimientos sociales y ambientales de su comunidad. Es importante fomentar la empatía hacia la naturaleza y generar una conexión emocional con ella para poder adoptar comportamientos sostenibles hacia el medio ambiente. 

    Propósito:

    Desde sus inicios, el proyecto ha contado con el apoyo de un grupo de jóvenes residentes en el área donde se realiza la recolección y transformación de residuos orgánicos. Estos jóvenes, además de convertirse en amigos de la iniciativa, han pasado a ser parte fundamental del proyecto. Es por ello que se ha planteado el Proyecto Xona, cuyo objetivo es crear y fortalecer espacios para el desarrollo de habilidades socioemocionales y de liderazgo en los jóvenes de Xonacatlán. A través de una comunidad de reflexión, apoyo y acción, se busca abordar las problemáticas socioambientales de su entorno, con el fin de mejorar gradualmente las realidades sociales y ambientales de la localidad y, en consecuencia, la calidad de vida de sus habitantes.

     Un enfoque integral para el desarrollo personal y social

    Este acompañamiento se enfoca en tres ejes de acción: 

    1. Autoconocimiento: Se incorporan actividades y procesos que permiten a los estudiantes explorar y comprender su propio ser, identidad, emociones, heridas, fortalezas, y sueños para que de esta forma puedan tener un discernimiento sólido y fundamentado en la formulación de sus proyectos de vida.
    2. Tejido social:  Se fomenta la construcción de relaciones sólidas y participativas a través del encuentro, la reflexión, el diálogo y el cuidado mutuo. Se busca que los jóvenes aprendan a colaborar, comunicarse de manera efectiva y resolver problemas de forma conjunta, fortaleciendo así los vínculos con su comunidad. Buscamos que los jóvenes aprendan a colaborar, comunicarse efectivamente y resolver problemas de manera conjunta, a la vez que establecen vínculos sólidos con su comunidad.
    3. Sustentabilidad: Buscamos resignificar la relación que tienen los jóvenes con la naturaleza, a través de la sensibilización y comprensión de los problemas ambientales del mundo y específicamente de su comunidad. 

    Es crucial que la juventud reconozca la importancia de cuidar el medio ambiente y que asuma la responsabilidad de sus acciones y cómo estas pueden afectar de manera positiva o negativa a futuras generaciones

    Un paisaje en transformación: De lo rural a lo urbano

    El municipio de Xonacatlán ha experimentado una drástica transformación en las últimas décadas. Lo que antes era un territorio predominantemente rural, dedicado a la agricultura, la silvicultura y la ganadería, ha dado paso a un paisaje urbano dominado por los sectores de servicios e industrial.

    Según el Plan de Desarrollo Municipal de Xonacatlán (2022-2024), hace apenas quince años, la zona agropecuaria ocupaba el 87.4% del territorio municipal, con un 58.4% dedicado a la agricultura, un 22.5% a los bosques y un 6.5% a los pastizales. El resto del territorio correspondía al área urbana.

    Problema socioambiental: 

    Promueve la comprensión de las diversas realidades socioambientales y la aspiración del bien común. Impulsamos un liderazgo que no se centra en intereses propios, sino que encuentra sentido en el contexto y el trabajo colectivo. Este liderazgo busca la transformación socioambiental y el beneficio de las comunidades (Rincón, 2022)El programa busca generar una conciencia sobre la gravedad de la crisis cultural y ecológica que está viviendo el planeta a la vez que busca resignificar la relación de los jóvenes con la naturaleza a través del fortalecimiento y desarrollo de habilidades socioemocionales, de esta forma se incrementará el cuidado del patrimonio cultural a través del desarrollo de propuestas que mejoren las condiciones ambientales del territorio. 

    De acuerdo a Humberto Maturana (1990) “No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal y la haga posible como acto”, lo que implica que las emociones no solo son reacciones pasajeras o estados de ánimo, sino fuerzas que dan forma a nuestras decisiones, comportamientos y acciones.

    Al reconocer el papel fundamental de las emociones en la motivación de nuestras acciones podemos fomentar cambios positivos y duraderos hacía acciones más sostenibles. 

    Mapa sistémico de la Teoría de Cambio:

    Hagamos Composta no se limita a operar únicamente en Xonacatlán; cuenta con más de 16 sedes en diversas ubicaciones como México, España, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

    Nuestro objetivo es sistematizar la experiencia obtenida en Xonacatlán y replicarla en los distintos terrenos donde operan las otras sedes. Esto se realizará adaptando el enfoque a los contextos y necesidades específicas de cada lugar, pero manteniendo el mismo objetivo fundamental: desarrollar habilidades en los jóvenes para que se sientan capaces de llevar a cabo proyectos autogestivos que beneficien a sus comunidades.

    Para replicar este acompañamiento en los diversos territorios donde opera Hagamos Composta, es fundamental establecer un vínculo estrecho con los habitantes de cada comunidad. Idealmente, se debe realizar un “metadiagnóstico” inicial que nos permita obtener una comprensión más profunda y detallada del contexto.

    Por otro lado, es importante investigar si existen otras iniciativas en el área que estén generando impacto y, de ser posible, colaborar con ellas para evitar duplicar esfuerzos y trabajar en equipo en el fortalecimiento de las acciones existentes.

    Conclusiones: 

    Nuestro objetivo es que este acompañamiento evolucione hacia la autogestión, asegurando su sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, reconocemos la importancia de establecer primero unas bases sólidas, fomentando hábitos y compromisos firmes. Una vez logrado esto, podremos dar un paso atrás y permitir que los jóvenes tomen la iniciativa, asegurando que el impacto del curso continúe y se expanda.

     

     

  • Las semillas de la UMA

    Culminó con éxito mi paso por la Universidad del Medio Ambiente. Esta casa de estudios no me es ajena, pues ya tuve la oportunidad de conocerla al cursar el diplomado en Economía Circular. Estoy seguro de que este no será mi último encuentro con este lugar tan mágico, donde he adquirido valiosas enseñanzas.

    Hace dos años emprendí la aventura de comenzar la Maestría de Proyectos Socioambientales, o como aquí le decimos MAPS. Esa semilla fue plantada y hoy se empiezan a ver las raíces tan fuertes que se han generado en cada uno de los próximos graduados y graduadas de esta generación, todo el fruto que se ha dado y la cantidad de semillas que se siguen sembrando dentro y fuera de la UMA. 

    Por dar algunos ejemplos, se han gestado proyectos que buscan el buen vivir de las personas, huertos educativos en las escuelas, un invernadero que busca rescatar y preservar árboles, se creó una comunidad agroecológica, se están acompañando jóvenes para que puedan ser líderes de su propia historia, etc.  

     La UMA no solo es un lugar de formación, sino también un espacio seguro de encuentro y diálogo, donde se gestan alternativas de vida.

    En estos dos años, he tenido el privilegio de ser instruida por excepcionales maestros y maestras, de una pasión contagiosa por su labor. De igual manera, he enriquecido mi aprendizaje con mis compañeras y compañeros, quienes me han brindado la esperanza de que en este mundo, la bondad supera a la maldad y que todos luchamos por un futuro mejor. Como bien se dice en Chiapas, “anhelamos un mundo donde converjan diversos universos, donde todos tengan un lugar”. 

     La UMA me ha equipado con valiosas herramientas que me acompañarán a lo largo de mi vida, permitiéndome alcanzar mis metas y contribuir a un mundo mejor:

    1. Autodescubrimiento:

      He cultivado la capacidad de identificar mis pasiones y talentos, impulsándome a explorar mi potencial y canalizar mi energía para generar un impacto positivo.

    2. Organización y productividad:

      La elaboración de agendas detalladas me permite gestionar mi tiempo de manera eficiente, dedicándome a las actividades que más me apasionan y me acercan a mis objetivos.

      3. Pensamiento sistémico:

      Los mapas sistémicos me ayudan a comprender la complejidad de los problemas y enfocar mi energía en acciones que tengan un mayor impacto en su resolución.

    3. Pensamiento crítico:

      En un mundo saturado de información, he desarrollado la capacidad de analizarla de forma crítica, discerniendo lo relevante y tomando decisiones acertadas.

    4. Conciencia ambiental:

      La profunda conexión que he establecido con la naturaleza me ha inspirado a cuidarla y buscar soluciones que promuevan la armonía entre el ser humano y su entorno. 

    Al concluir esta etapa, me siento llena de optimismo por el futuro que estamos construyendo juntos y juntas, un futuro donde nuestras acciones y decisiones están alineadas a la creación de un mundo más justo, sostenible y lleno de posibilidades.

    Ana Rosa Gordillo Terrón. Egresada de la generación 2022. 

  • Visitando proyectos socioambientales en México

    Visitando proyectos socioambientales en México

    El presente Blog se trata de la visita a proyectos socioambientales en México, realizada por algunos estudiantes de la G2022 de la Maestría en Proyectos Socioambientales.

    Experiencias inspiradoras:

    Terminando el segundo semestre, tres estudiantes de la Maestría de Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente,  guiades por la la necesidad y la pasión que sentimos por  conectar y construir redes, y de esta manera ejercitar nuestro interés constante de tejerlas.  Planeamos un viaje para visitar diferentes proyectos y emprendimientos que son fuente de inspiración para nosotres.

    Primera parada: Producción de alimentos agroecológicos

    Nuestro itinerario nos llevó a través de diferentes paisajes del Estado de Veracruz. Comenzamos nuestro viaje visitando a nuestro profesor, y ahora amigo, Santiago en Hortín Fortín. Reconocido por su enfoque en la producción de alimentos agroecológicos en Fortín de las Flores. Allí pudimos trabajar en su huerta y aprender sobre las complejidades y bellezas de la agroecología.

    Segunda parada:  Arte para la transformación

    Desde allí nos dirigimos a Los Tuxtlas, donde pudimos aprender de músicos y artistas que comparten y ejercitan el amor por la vida, a través de su música y sus letras. Nos dimos cuenta que hay muchas formas de ser agentes de cambio, y una de ellas es a través del arte, transmitiendo mensajes poderosos que pueden transformar comunidades enteras.

    Tercera parada: Bosque comestible y Cervecería la Brújula

    Luego, continuamos nuestro viaje hacia Xalapa, desde donde nos estuvimos trasladando a diferentes proyectos cercanos. Tuvimos la oportunidad de visitar el Bosque Comestible Chantico, donde la especialidad de la casa son los quesos, que puedes probar ahí mismo, también visitamos la  Cervecería la Brújula, un lugar que fusiona la cultura cervecera con el compromiso ambiental de manera única, y que además es bastante divertido.

    Cuarta parada: sabor a Café 

    Después, nos dirigimos a Finca Coralillo, proyecto de nuestra amiga Mafer Bobadilla, egresada de la Maestría de Agroecología. Esta finca de café se encuentra en un proceso de  transición agroecológica, desde una perspectiva regenerativa que se extiende desde el centro de la plantación hacia su entorno circundante. Durante nuestra visita, exploramos los desafíos y las recompensas que implica cultivar café de manera sostenible, comprendiendo de cerca la interconexión entre las prácticas agrícolas y la salud del ecosistema.

    Quinta parada: Lácteos Flor de Alfalfa

    Al terminar nuestros días en el estado de Veracruz, nos dirigimos hacia Querétaro donde visitamos Lácteos Flor de Alfalfa, un proyecto que destaca por su compromiso con la producción lechera orgánica y sustentable. Conocimos de primera mano su enfoque en el bienestar animal, donde las vacas son criadas en amplias áreas y son alimentadas con pastos orgánicos de alta calidad. Además, aprendimos sobre los desafíos de llevar una producción a gran escala a la vez que se mantienen principios de producción orgánica.

    Sexta parada: Alimentación saludable y sustentable

    Después, siguiendo más al norte, visitamos Via Orgánica en San Miguel de Allende, Guanajuato, donde conocimos a personas dedicadas a promover la alimentación saludable y un futuro sustentable a través de la promoción del conocimiento y la práctica de la agricultura regenerativa orgánica, el comercio justo, la justicia social, la vida sostenible y la protección del planeta. Aprendimos sobre prácticas agroforestales que tienen el agave y el mezquite al centro de la producción, también aprendimos  sobre transformación de residuos orgánicos para alimentar ganado, y sobre cómo han tejido una comunidad que no solo comparte conocimientos y técnicas, sino que también promueve un espíritu de colaboración y apoyo mutuo. 

    Ultima parada: Agave Nativo

    Como último destino, visitamos a nuestra compañera de la maestría de agroecología, Daniela Inzunza, en el rancho La Herrada en Aguascalientes, quien forma parte de un increíble equipo de personas dedicadas a la investigación y reproducción de diferentes especies de agaves nativos para repoblar el estado, que permitan mantener labores culturales como son la producción de pulque y aguamiel. Durante nuestra estancia, pudimos descubrir el papel crucial que tiene la investigación en la conservación de la biodiversidad, y la preservación de especies en riesgo.

    En conclusión

    Nuestro recorrido por los proyectos socioambientales fue una experiencia genuinamente transformadora, pues nos pudimos reconocer como agentes de cambio y fuimos conscientes de que no estamos solos en este camino. 

    La conexión con proyectos que reflejan nuestros valores y principios nos ha fortalecido en esta misión compartida. Este interés insaciable y multifuncional, característico de les estudiantes de la Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente, nos ha guiado a través de paisajes diversos, donde cada proyecto es un capítulo único en nuestra historia. 

    Este viaje no solo ha ampliado nuestros horizontes académicos y profesionales, sino  que ha reforzado nuestro compromiso con un futuro más sostenible y equitativo. 

    ¡El viaje no termina y estamos ansiosos por seguir siendo parte de este tejido de transformación!

    Escrito por María Fernanda García Orozco y María García Madrigal.

    Estudiantes de la generación 2022 de la Maestría de Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente

  • Mirada Apreciativa: El secreto para los proyectos socioambientales

    Algunas reflexiones sobre como la mirada apreciativa es el gran secreto del éxito a la hora de desarrollar proyectos socioambientales planteadas por Ana Gordillo, estudiante de la Maestría de Proyectos Socioambientales de la generación 2022.

    Vivimos en un mundo donde los desafíos socioambientales son cada vez más complejos. La Universidad del Medio Ambiente me ha enseñado a tener una mirada apreciativa, para no solo reconocer estos desafíos, sino también celebrar y construir sobre las fortalezas y posibilidades existentes. 

    ¿Qué significa la Mirada apreciativa? 

    Cada ecosistema y comunidad es un mosaico único de historias, culturas y biodiversidad. Adoptar una mirada apreciativa significa entender y valorar esta riqueza y complejidad. Al apreciar la diversidad, diseñamos proyectos que se alinean y respetan las particularidades locales, lo que resulta en intervenciones más efectivas y respetuosas con el entorno.

    Enfocarse exclusivamente en los problemas puede resultar abrumador. Sin embargo, la mirada apreciativa nos anima a enfocarnos en lo positivo: ¿Qué recursos y estrategias exitosas ya existen en la comunidad? Identificar estos elementos nos permite crear soluciones más creativas y sostenibles.

    ¿Cómo la Mirada Apreciativa contribuye al éxito de los Proyectos Socioambientales? 

    He observado que los proyectos más exitosos son aquellos donde las comunidades locales se sienten involucradas y valoradas. La mirada apreciativa fomenta una participación activa y un sentido de pertenencia, generando así un mayor compromiso y sostenibilidad a largo plazo.

    Al valorar y utilizar los recursos y fortalezas locales, promovemos prácticas más sostenibles. Los proyectos alineados con las dinámicas locales no solo son más eficaces, sino que también contribuyen a la conservación y al uso responsable de los recursos.

    Esta perspectiva también nos prepara mejor para ajustarnos a los cambios. Estar abiertos a aprender de las experiencias locales nos permite ajustar nuestros proyectos de manera efectiva frente a desafíos y cambios imprevistos.

    En conclusión

    Adoptar una mirada apreciativa en los proyectos socioambientales es una elección estratégica, ética y humana. Al reconocer y valorar la diversidad, fortalezas y potencial de las comunidades y ecosistemas, no solo mejoramos la efectividad de nuestros proyectos, sino que también contribuimos a la construcción de un mundo más justo, sostenible y colaborativo. La mirada apreciativa, por lo tanto, es más que una herramienta; es un camino hacia un futuro más prometedor y respetuoso para todos.

    Ana Rosa Gordillo Terrón

  • Laboratorio Socioambiental Itinerante (LABSI).

    Laboratorio Socioambiental Itinerante (LABSI).

    A continuación, presentamos uno de los proyectos de titulación interdisciplinarios, gestados en la Universidad del Medio Ambiente por las estudiantes Daniela Inzunza Choza de la Maestría en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos; y Mariana Obando Arroyo de la Maestría en Proyectos Socioambientales.

    ¿Qué es LABSI?

    El Laboratorio Socioambiental Itinerante (LABSI) es una iniciativa que aspira a convertirse en una metodología para explorar el buen vivir en diversas comunidades, a través de las prácticas agroecológicas, una guía viva y en movimiento, que se adapte al contexto y necesidades de cada comunidad.

    El “laboratorio” es una propuesta para preguntarnos cuál es el significado del buen vivir en nuestras vidas y cómo las herramientas de la agroecología pueden ayudarnos a transitar hacia un estado de mayor plenitud.

    El LABSI busca ser un espacio donde podamos reconocer lo que tenemos en común, construir colectividad, escucharnos, reflexionar, compartir, aprender y organizarnos para caminar acompañadas hacia formas de bien vivir, cuidando la vida dentro y fuera de las personas (cuerpo-territorio).

    ¿Cómo es su metodología?

    Involucra el desarrollo de talleres participativos y procesos de acompañamiento que permitan explorar el buen vivir desde una perspectiva individual y comunitaria, procurando que los procesos que se generen nos lleven a practicar la agroecología en comunidad.

    Durante el 2023 se trabajó en la implementación de un prototipo del modelo de experiencias que se desean desarrollar a través del LABSI, por medio de la creación de una comunidad de práctica de mujeres de Aguascalientes, México y San José, Costa Rica, que deseaban reconectar con la vida y explorar las prácticas de soberanía alimentaria, como elemento inspiracional para liberar su capacidad reflexiva y autogestiva, con el fin de contribuir a incrementar su buen vivir y el cuidado del entorno natural que les sostiene; enfocándose en el re-encuentro con sus recetas tradicionales familiares.

    Foto: Recetario de platillos tradicionales de las familias de la comunidad. Fotografía de Mario Inzunza.

    A través de la implementación de este prototipo, se pretendió identificar la viabilidad del LABSI como un proyecto con el potencial para adaptarse y trabajar en diferentes comunidades, con contextos y problemáticas distintas.

    ¿Cómo fue el proceso de co-diseño?

    El codiseño fue el elemento medular para el desarrollo del proyecto, toda la iniciativa fue construida integrando las voces y visiones de distintas personas, incluyendo las de nosotras,

    Mariana Obando (estudiante de la maestría en Proyectos Socioambientales-MAPS) y Daniela Inzunza (estudiante de la maestría en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos-MASAR), quienes actuamos como grupo de codiseño base y llevamos adelante las etapas de diseño e implementación del proyecto durante tercer y cuarto semestre, respectivamente.

    Se buscó que el proyecto fuera codiseñado entre las maestrías de MAPS y MASAR porque a ambas estudiantes nos interesaba aprender de la otra disciplina, además consideramos que sería un gran complemento. Quisimos poner a disposición el diálogo y los saberes de nuestras maestrías para construir las bases de un proyecto retador, que difícilmente habríamos podido desarrollar si hubiésemos trabajado aisladas.

    Mariana y Daniela. Foto de Edgar Alan Flores Paredes.

    Por otro lado, el proyecto tampoco hubiera sido posible sin la presencia de un grupo diverso de mujeres que voluntariamente formaron parte de los conversatorios abiertos iniciales donde, en reuniones virtuales, nos cuestionamos juntas los significados relacionados al buen vivir, la agroecología y los temas que nos importaban. Este grupo fue fuente de consulta y posteriormente se convirtió en una comunidad de práctica que se involucró en el codiseño de la experiencia piloto (grupo de codiseño extendido).

    En el grupo de codiseño extendido (comunidad de práctica) participaron María Guadalupe Choza, Cristy Reyes y Bertha María Inzunza, su rol fue el de “miembras de la comunidad de práctica” y “co-diseñadoras de la celebración presencial” (más adelante se mencionará como celebración del proceso vivido). El rol de Mariana Obando y Daniela Inzunza fue el de “miembras de la comunidad de práctica”, “codiseñadoras de la experiencia piloto” y “facilitadoras de las sesiones de trabajo y del proceso en general”.

    Comunidad de práctica de mujeres, Tejiendo Raíces. Fotografía de Edgar Alan Flores Paredes.

    ¿Cuáles fueron los acuerdos para el proceso del codiseño?

    Para trabajar el proceso de codiseño se decidió integrar los siguientes acuerdos:

    1. Escuchamos genuinamente y sin juicios.
    2. Practicamos la empatía y la amabilidad.
    3. Acogemos la diversidad de puntos de vista.
    4. Reconocemos y abrazamos que cada persona es la única experta en su vida.
    5. Honestidad contigo misma, el proceso es para ti misma.
    6. Practicamos rituales de inicio y de cierre para identificar cómo estamos llegando a las sesiones y cómo nos estamos yendo de ellas.

    A los acuerdos previos se integran como sugerencia los siguientes acuerdos adicionales del grupo de codiseño base:

    1. Cosecha de las sesiones y devolución de la información a la comunidad.
    2. Confiamos en el proceso.
    3. Trabajamos a favor del consenso cuando se necesite.
    4. Velamos por el cumplimiento del propósito de cada sesión y del propósito común.
    5. Respetamos los tiempos establecidos.
    ¿Cuál fue la motivación profesional y personal al desarrollar este proyecto?

    Teníamos muy claro que queríamos desarrollar un proyecto de maestría que fuera detonado por preguntas de exploración, la pregunta ¿qué es el buen vivir?, fue la primera que guió la investigación y junto a algunas preguntas adicionales, conforme intentábamos responderlas, el proyecto se fue construyendo.

    Una motivación grande para ambas (Mariana y Daniela) fue dedicarle tiempo a un proyecto diseñado para construirse en comunidad, por lo tanto, aunque éramos quienes planeábamos los hilos conductores entre talleres, nunca sabíamos con certeza qué iba a resultar de cada sesión, porque dependemos de los sentires y pensares de las mujeres de la Comunidad de Práctica. Cada reunión nos dio insumos para la siguiente y fuimos evolucionando en un proceso de mejora continua. Esto fue algo que ambas buscábamos, vivir el codiseño a profundidad.

    Nos entusiasmaba imaginar que la experiencia pudiera generar esperanza y fuerza en las mujeres que participamos, y que nos invita a adoptar prácticas que nos acercaran al buen vivir; como una llama que enciende congruencia, esperanza y libertad, desde la reconexión con la naturaleza, nuestras raíces y la vida misma. Nos unió la necesidad de contar con un espacio seguro para compartir entre mujeres, ya que identificamos que escasean estas oportunidades en nuestros contextos personales.

    ¿Cuál es la posición ética del proyecto?

    La postura ética socioambiental del LABSI tiene una mirada ecofeminista, pues el proyecto surge a través de la unión de mujeres interesadas en los desafíos de la dominación capitalista y patriarcal de nuestros tiempos extractivistas.

    La inspiración del LABSI es la filosofía del buen vivir, la cual es una reivindicación que propone un modo de vida diferente al desarrollo y el crecimiento económico a toda costa, que arrasa con la tierra y lleva al ser humano a despojarse de su conexión con la esencia de la vida para convertirse en un productor/ consumidor alejado de los ritmos naturales de la vida (Rodríguez, 2021).

    Santiago y Mar dibujando un altar a los elementos de la naturaleza y la cocina. Comunidad Tejiendo Raíces. Fotografía de Daniela Inzunza.

    ¿Cuáles son las posturas construidas de manera colectiva?

    Luego de algunos talleres participativos con la Comunidad de Práctica de mujeres (CdP), se materializaron ambas posturas (buen vivir y ecofeminismo), a través de las siguientes acciones:

    1. Ecología profunda: tener un espacio colectivo para dedicar más tiempo a la reflexión sobre la calidad relacional que mantenemos con nosotras mismas y con los demás seres vivientes. Una comprensión sensible de la vida y de la condición de interdependencia que la garantiza (Navarro, 2022).
    2. Agroecología a través de la soberanía alimentaria: derecho de los pueblos a definir su propia alimentación y agricultura (Windfuhr y Jonsén, 2005). Re-encontrarnos con nuestras recetas tradicionales familiares y los insumos locales para saber alimentarnos lejos del agroextractivismo.
    3. Organización comunitaria: tener talleres participativos para intercambiar saberes, recuerdos e historias sobre nuestras raíces gastronómicas. Compartir aprendizajes, co-crear conocimiento (producción colectiva de significados) y organizar una celebración de todo el proceso vivido. La producción de una policitidad ligada al sostenimiento y cuidado de la vida, impulsada por mujeres que desde sus tramas colectivas se esfuerzan por defender y cultivar lo común (Navarro, 2022).

    Todas las acciones mencionadas están relacionadas al concepto de buen vivir colectivo y el propósito de la CdP.

    Trueque de platillos familiares tradicionales. Fotografía de Edgar Alan Flores Paredes.

    En conclusión:

    Consideramos que esta propuesta nos contribuiría en términos de desarrollo profesional, personal y espiritual, pues conecta con nuestros propósitos de vida, con nuestra vocación, con nuestro sentido de congruencia, y con la necesidad de poder contribuir al bienestar de otras personas, de otros seres vivientes, y al propio. Encontramos que ambas teníamos la necesidad de fortalecer el tejido social en nuestro entorno inmediato y crear nuevas relaciones que fueran significativas. Las dos creemos, realmente, en la agroecología como un movimiento, filosofía y forma de vida que tiene la capacidad para conectarnos con el buen vivir y el bien-estar del planeta. Desde esta iniciativa, también nos conectamos con la posibilidad de continuar construyendo una propuesta que nos acompañe por tiempo indefinido.

    Bibliografía: 
  • Poder de las Prácticas Narrativas en el Empoderamiento Comunitario

    Poder de las Prácticas Narrativas en el Empoderamiento Comunitario

    En un mundo cada vez más interconectado y diverso, el empoderamiento de las comunidades a través de sus propias voces y experiencias se ha vuelto indispensable ya que la manera en la cual una persona, un grupo , una comunidad y un territorio narra su historia – o es narrada su historia- tiene efectos en la capacidad de habitar su vida (A. Ortega, 2021) A través de mi paso por la UMA como estudiante de la maestría de Proyectos Socioambientales tuve la oportunidad de explorar la importancia de las prácticas narrativas como medio para fomentar la identidad colectiva, la resiliencia y el cambio social.

    Las historias que nos contamos a nosotros mismos, y las que otros nos cuentan, moldean los mundos en los que vivimos. Si relato mi historia identificándome como una mujer víctima de violencia, esto tendrá impactos tangibles en mi vida, influirá en mi autoimagen y en cómo los demás me perciben. Por otro lado, si narro mi historia afirmando que soy una mujer que ha confrontado y superado los efectos de la violencia en su vida, la diferencia es profundamente significativa. (A. Ortega, 2021) Este ejemplo ilustra claramente el poder que tienen los relatos en nuestras vidas. Las historias poseen la capacidad de inspirar y motivar, pero también pueden encasillarnos en roles de víctimas y generar problemas adicionales.

    Además, las prácticas narrativas pueden facilitar la colaboración y el diálogo entre diferentes grupos e intereses dentro de un grupo/comunidad. En mi caso, así fue la experiencia que tuve al implementar las practicas narrativas dentro de mi grupo de trabajo en la institución donde colaboraba. A través de lo narrado pudimos crear una planeación en común donde cada perspectiva y opinión fue tomada en cuenta y plasmada en el proyecto. Esto fue esencial para fomentar un sentido de pertenencia y responsabilidad compartida dentro de la Institución.

    Como agentes de cambio, es crucial disponer de diversas herramientas que potencien los proyectos que deseamos implementar en comunidades, instituciones y otros entornos. Estas herramientas deben ser capaces de otorgar voz y establecer una conexión significativa con las personas destinatarias del proyecto. En este contexto, las prácticas narrativas emergen como recursos valiosos. Ellas nos facilitan la realización de diagnósticos comunitarios, la planificación estratégica, la resolución de conflictos, y la inspiración hacia la acción colectiva. Además, contribuyen al fortalecimiento de la identidad, y otorgan un marco interpretativo a las experiencias personales y comunitarias, entre otras aplicaciones.

    Ana Rosa Gordillo Terrón.

     

    Referencias: Ortega A. (2021, 29 de julio) Prácticas narrativas para (re)narrarnos desde la dignidad https://chat.openai.com/c/42f51ba0-a8e9-4f9e-8df0-d9d7fc24fbde

  • Tejiendo aprendizajes

     

    A continuación describiré la forma el la cual se tejen los aprendizajes de los diferentes seminarios en la Universidad del Medio Ambiente

    Mi proceso de aprendizaje en la Maestría de Proyectos Socioambientales

    Actualmente estoy estudiando la Maestría en Proyectos Socioambientales (MAPS), lo cual significa que tengo la posibilidad de elegir mis seminarios especializados entre las opciones de las maestrías de: 

    • Administración de Empresas Socioambientales
    • Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos
    • Arquitectura, Diseño y Construcción Sustentable
    • Derecho Ambiental y Política Pública
    • Innovación Educativa para la Sostenibilidad. 

    Es una gran libertad que conlleva responsabilidades. Ya que es importante considerar los intereses personales, las pasiones y entusiasmos, los temas que despiertan interés a la mente y al corazón, y finalmente lo que abona a los proyectos que estamos queriendo construir e implementar en el transcurso de la maestría. 

    Honestamente, desde que estaba en la universidad había buscado un programa de estudios como este, que desde la libertad, el interés y la vocación, me permitiera elegir lo que va sumando a mi proceso profesional y personal, sin embargo, hasta ahora en la Maestría de Proyectos Socioambientales encontré esta opción que ofrece la UMA. 

    Foto por: Ismael Jiménez

    ¿Cómo se tejen los aprendizajes en la Universidad del Medio Ambiente?

    Si bien, suena maravilloso este esquema, algo interesante y retador que se plantea cada cierre de semestre, es generar un Trabajo Final Integrador (TFI), en el cual se deben entrelazar los aprendizajes, temas y reflexiones de las materias elegidas y las de tronco común. Esto es algo que todas las maestrías realizan, sin embargo, desde MAPS se cuenta con un grado más de complejidad, ya que se requiere interrelacionar temas de materias provenientes de maestrías distintas. 

    Es importante mencionar y reconocer que la Universidad del Medio Ambiente hace un gran esfuerzo por relacionar todo lo que los estudiantes aprendemos cada semestre. Esto se evidencia desde el diseño curricular, las materias, las maestrías, los temas que se conectan, y que sin importar la maestría que se esté cursando, todos estamos relacionados desde las diversas trincheras, hacia lo que se estará abordando en el tronco común. Con eso, definitivamente se facilita el proceso del diseño de cada TFI. 

    Cada TFI será completamente distinto, incluso contando con las mismas rúbricas y habiendo revisado los mismos temas ya que, nuevamente desde la libertad, cada estudiante debe buscar aplicar lo abordado durante el semestre en algún tema de interés. 

    Foto por: Ismael Jiménez

    ¿Cómo he aplicado tejer aprendizajes en mi vida profesional?

    En mi caso, me ha resultado sumamente interesante y apasionante poder aterrizar los aprendizajes, conceptos y reflexiones en mi tema principal de trabajo que es la economía social. Esto, me ayuda a afianzar conceptos, a encontrar espacios claros y concretos para aplicar lo aprendido en la maestría directamente en mi actividad profesional. 

    Por supuesto, que primero se requiere un tiempo significativo de diseño y planeación del TFI. Encontrar las conexiones, la articulación y finalmente las formas de aplicación de lo aprendido durante el semestre. Ya sea para profundizar en temas abordados o colocarlos directamente en las realidades que habitamos. 

    Desde los ejercicios de los dos TFI que he realizado, he notado que aumenta mi capacidad de identificar las interconexiones.

    Ha sido un gran entrenamiento para poner en práctica mi capacidad de pensar de manera distinta, desde la comprensión de lo complejo y de los sistemas en los que nos encontramos inmersos. El TFI es una excusa para poner en práctica no solo lo aprendido en el semestre, sino las herramientas que se nos van dotando durante toda la maestría. 

    Escrito por: Mary José Torre, estudiante de tercer semestre de la Maestría en Proyectos Socioambientales de la Universidad del Medio Ambiente

  • El papel de la educación ante la crisis civilizatoria

    El papel de la educación ante la crisis civilizatoria

    ¿Qué es esto de la crisis civilizatoria?

    Feo et. al (2020) mencionan que la crisis civilizatoria es la crisis del modelo occidental capitalista de consumo y producción insostenible, que están amenazando con la vida del planeta. La relación extractivista que tenemos con nuestro entorno, ha provocado un deterioro progresivo que está afectando nuestras formas de vivir. 

    Esta crisis civilizatoria es continuamente delimitada como: “crisis ambiental”, en la que los problemas ambientales son categorizados en otra área. Sin embargo, ha sido debido a nuestras formas de consumir y producir que se ha causado, en primer lugar, la crisis ambiental. Es de nuestra formas de vivir como civilización que estamos afectando los ecosistemas y por lo tanto, se trata de revisar lo que somos para hacer cambios reales. 

    Al ser de carácter civilizatorio, la única forma de evitar el colapso requiere un cambio profundo y desde la raíz de “nuestras formas de vivir, relacionarnos, producir y consumir” (Feo et al., 2020). 

    Esto significa entonces, que el problema a resolver no es tan ajeno como pensábamos. Porque tiende a pasar que grupos globales indican la urgencia de hacer cambios externos en lugar de revisitar desde dónde hacemos lo que hacemos. Es decir, no se trata de sólo cambiar las prácticas sino los paradigmas que sostienen esas dinámicas. 

    Una educación desconectada

    Reconozco que antes veía la educación con ojos de rencor. Había perdido la fé en que la educación realmente tenía un rol transformador, pues lo veía más como un cómplice de un sistema desconectado del mundo al grado que lo estaba destruyendo. No entendía cómo esa ”educación”, que fue en varios momentos mi prisión de ansiedad, estrés y culpa, podía transformar una sociedad. 

    Pues en mi experiencia, si bien, aún en una posición que llamarían privilegiada por estar en instituciones privadas, encontraba que las formas de enseñar me preparaban para funcionar en una civilización altamente desconectada con su sensibilidad, cotidianidad y necesidades. Por ende, al terminar la licenciatura, me enfrente a un mundo al que conocía de acuerdo a los paradigmas que me habían mostrado. Un sistema desconectado del estudiante, produce entonces estudiantes desconectados de sí mismos, de su comunidad y de su mundo. 

    Sin embargo, mi perspectiva ha cambiado, gracias a los espacios que he compartido con los maestros de los seminarios de Innovación Educativa para la Sostenibilidad. Me he dado cuenta que es en este tipo de educación en la que quiero creer, proponer y acuerpar.

    Una educación radical 

    Ser radical es atacar las cosas en la raíz, pero para el hombre la raíz es el hombre mismo.” – Marx (1965) citado por Holloway (2011)

    Desde mi perspectiva, el papel de la educación es el de llegar a la raíz. Se trata de que el facilitador en la época actual —o quizás desde siempre— elija el rol de acompañar el proceso de practicar la libertad, y por lo tanto habilitar espacios que promuevan el rompimiento de paradigmas que opriman o violenten. Es decir, brindar herramientas para que el estudiante pueda elegir aquello que le ayude a sostener su vida, vínculos y relación con el mundo. 

    La educación, tiene varias facetas. Yo experimenté una, que no me terminó de convencer, y sin embargo ahora con las experiencias de la UMA he podido resignificar el concepto. Encontrar que la educación es justo esa plataforma viva, liberadora y transformadora que es un rol de todos y cada uno.

    Puesto que como lo vi en clase de Rupturas Epistemológicas impartidas por Nuria Ortega: “toda interacción es un acto educativo”. En esencia, la educación es esa mediación con el mundo, en el que intercambiamos experiencias y aprendizajes que nos ayudan a buscar formas más enriquecedoras de relacionarnos con lo que somos y con los otros. 

    Formas de educar

    Entonces, si vivimos en una sociedad que se ha encargado de separar el cuerpo de lo racional, también lo ha venido fomentado desde el sistema educativo que está subsumido a los intereses económicos. Se ha convertido la educación en una industria que produce trabajadores que mantienen y sostienen el sistema.

    Eso significa que la educación que se basa en la ansiedad, perfeccionismo, culpa y vergüenza es la misma que mantienen la lógica de producción y consumo insostenibles de hoy en día. Por lo tanto, se trata de posicionar nuestras formas de educar desde lugares que vengan del cuidado, amor y regeneración.

    La educación para renarrarse desde la raíz, necesita volver a sentir la realidad. Eso significa aprender a moldearse en contextos diversos, entender la interseccionalidad de los sujetos, personalizar el proceso y proponer estructuras que acompañen al sujeto desde la práctica de la libertad . Puesto que solo ahí, se podrá redefinir en los términos de lo que realmente necesitamos. Precisamente, en estos tiempos dolorosos, lo que más necesitamos es sentir lo que duele y reconocerlo como una fuerza movilizadora para crear otras realidades.

    El cambio profundo y radical 

    Entonces, la pregunta que podríamos plantear es: ¿Qué tipo de conversaciones y narrativas, necesitamos visibilizar, desde una práctica de la libertad, para que los sujetos puedan elegir ese cambio profundo y radical que se requiere para desafiar el colapso civilizatorio?

    Como verás, esta pregunta no enuncia “cuál” es ese cambio que se necesita, puesto que cada sujeto en su colectividad determinará lo que requiere para transformar. Estos procesos de transmutación al estar cargados de incertidumbre requieren de propuestas educativas que desafíen los estándares del desarrollo, e inspiren valentía para practicar nuevas formas de vivir que contengan en esencia una lógica-sensible basada en la sostenibilidad. 

    Acompañarnos para llegar a la raíz

    Es por ello que considero que la educación de hoy necesita acompañar la ruptura de nuestras formas de vivir/saber, a través del diseño de estructuras de acogida para que transitar la incertidumbre, el dolor o el miedo sean un proceso regenerativo y potencializador.

    Esto significa, que la crisis civilizatoria es un llamado a regresar a la raíz, a darnos cuenta que estamos sosteniendo con nuestro propio cuerpo la forma en que llevamos nuestra vida.

    Empezar a poner en el centro la vida en lugar de la mercantilización de la misma, implica aplicarlo primero en nuestro propio sistema personal. La educación no es quien tiene las respuestas, pero si tiene la sensibilidad para acompañar estas nuevas exploraciones y, por lo tanto, brindar el espacio para hacer la pregunta y detonar la conversación movilizadora.

    Yo creo que el papel del facilitador es el de potenciar que cada persona llegue a su raíz, y le acompañe en el proceso de elegir (continuamente) desde donde quiere formar parte de este mundo, y cómo quiere compartirse en él. 

    Digo, pero al final de cuentas, si toda interacción que tenemos es un acto educativo, implica entonces una continua relación con el otro y por ende lo convierte en un acto ético en esencia. Vivir en colectividad es un proceso de educarnos unos a otros, de acompañarnos a llegar a la raíz y permitirnos formar parte del mundo desde lugares que nos cuiden y sostengan. 

    Escrito por Mitzi González, estudiante de la Maestría en Proyectos Socioambientales por la Universidad del Medio Ambiente, ubicada en Acatitlán, Valle de Bravo, México

  • Educar es permitirse ser humano

    Educar es permitirse ser humano

    Reflexiones del documental “La educación prohibida” visto en clase de Rupturas Epistemológicas

    Imagen 1. Poema: Educación desalmada por Mitzi González

    La educación que cuida lo espontáneo

    A lo largo de las sesiones que he tenido en este primer año de maestría, tuve la oportunidad de reformular lo que representa la educación para mí. Anteriormente, la tenía catalogada como una cómplice, indefensa e insegura de sí misma que sólo mantenía el status quo.

    La educación es el futuro de una sociedad y a lo largo de los años me sentí ligeramente traicionada por la gran promesa educativa y el resultado de lo que viví en el proceso. No me había dado cuenta siquiera de la mala impresión que tenía de la educación, puesto que en mi experiencia la “educación real” había sido la que recibí en una escuela con métodos tradicionales.

    Salgo de la universidad y me da más oportunidad de darme cuenta de cosas que según la educación que recibí sería suficiente para prepararme. Solo que me di cuenta que me prepararon para el mundo del trabajo y la eficiencia, pero no del cuidado y la paciencia.

    Me enseñaron a ser productiva, pero no a saber qué hacer con mi ocio. Ha estar conectada y pendiente de tareas del trabajo, pero no ha estar conectada con mi entorno, mi comunidad viva o con mis emociones. Es más, me sentía atemorizada del mundo porque no lo entendía, y según había recibido lo que necesitaba desde primaria hasta mi licenciatura. Eso me generó cierto recelo, duda, angustia y enojo hacia la promesa educativa que me había enseñado a encajar y tener miedo de no caber en el sistema. 

    ¿Sería esta la educación que es el futuro? ¿Esta educación es la única respuesta?

    En las grietas del sistema, se delatan las oportunidades para transformarlo. Pareciera un error o una imperfección de la gran orquesta. Desentonar, pintar fuera de la línea o enunciar una palabra en medio del silencio son en esencia actos que vienen desde un deseo profundo por transformar.

    El documental de la “La Educación Prohibida” propone un espacio de cuestionamiento hacia la educación moderna para invitar a pensar en otro paradigma educativo. Te comparto 3 frases clave que vislumbre en el documental y me hicieron pensar muy diferente de la educación y su potencial. 

    Aprender es natural: “No puedes no aprender”

    Una de las frases mencionadas en el documental de la “La Educación Prohibida”, evidenciando como está en nuestra naturaleza esencial la capacidad de aprender. Una cuestión que no es tan diferente como la necesidad de respirar. Puesto que aprender es el acto de apropiarnos de nuestra interacción con el mundo. Ser sujetos en interacción con lo otro. Esos atributos humanos de: interesarse, curiosear y alojar esperanza son esenciales para sostener nuestra vida en este mundo caótico. Sin embargo, me parece que hasta cierto punto, se ha desnaturalizado el aprendizaje al desprenderse de lo que somos. 

    Se le ha encadenado en una caja en la que apenas cabe, al punto en que la educación parece mecánica, casi muerta, desalmada. Yo creo que no es más que el reflejo de lo que nos venimos haciendo a nosotros mismos. La educación está viva tanto como nosotros y encontrarle su respiración, sus latidos y su alma es encontrar la nuestra. 

    El gozo: “Si no se disfruta el aprendizaje no hay auténtico aprendizaje”

    Un elemento esencial que rescato de la lectura es la importancia que tiene el gozo en el aprendizaje. El acto de interactuar con el mundo y adquirir conocimiento al apropiarnos de la experiencia requiere de momentos de descubrimiento que estén empapados de emociones poderosas que se vinculen a lo genuino. Disfrutar se vuelve un aspecto crucial, que al fungir como medio logra conectar a la persona con el proceso. El gozo incentiva la curiosidad y la convierte en un deseo propio que empuja al sujeto a querer interactuar. Es decir, que es más propensa una persona a elegir, desde su libertad, aquello que disfruta que aquello que sufre. 

    Imagen 2. Poema: Educación viva por Mitzi González

    Docente: “¿Qué estoy sintiendo yo cuando estoy educando?”

    En el documental de la “Educación prohibida” mencionan que: “un maestro para ser maestro tiene que estar en continuo proceso de autodesarrollo”. El docente suele ser un personaje que así como la educación del sistema actual trata a los alumnos como productos en una manufactura, los docentes igualmente son tratados como operadores de una parte del proceso que están desconectados del estudiante. 

    “Si no eres feliz mientras educas no estás educando” (Educación prohibida).

    Cuando hablamos de gozo y disfrutar, no sólo es para el alumno, sino para todos los involucrados. Usualmente se hace una dicotomía entre maestro y alumno, el que enseña y el que aprende, el que habla y el que escucha. Borrar esas líneas y dar la libertad de que los involucrados puedan quizás elegir un rol o navegar entre ellos, puede ser un abordaje que habilite a que toda la comunidad sea capaz de generar y compartir conocimiento. 

    Permitirnos ser posibilidad

    En conclusión, rescato que la educación “tradicional” tiene la intención de mantener el control. Quizás con finalidad de propósitos nobles como el bien para la gran mayoría. Sin embargo, sean cuales sean las intenciones, se ha hecho a costa de lo que nos hace humanos y vivos. La educación tradicional es tal cual parte del proceso de crecimiento que hemos tenido como humanidad. Ha tenido su rol esencial y supongo que es momento de considerar otras opciones. 

    Por eso veo en la educación la posibilidad de ser un acto de amor, que acoge la práctica de la libertad, es compasiva y atenta a las necesidades que tiene un ser humano. Para poder ser atenta al otro, se necesita de sensibilidad y una capacidad en continuo autodesarrollo de amor propio. La educación al final, somos nosotros mismos, pues en cada interacción que tenemos estamos convocados a vivir el acto educativo. 

    Por ende, esta experiencia en la UMA me invita a aprender lo importante que es la educación como una entidad viva. Porque, ¿cómo una educación controladora, tan mecánico, asustada e indiferente puede habilitar el desarrollo de la potencialidad de lo que está vivo, dinámico, en movimiento y sensible (humano)? 

    Educar requiere la valentía de permitirse ser humano y por lo tanto ser posibilidad.  

    Escrito por Mitzi González, estudiante de la Maestría en Proyectos Socioambientales por la Universidad del Medio Ambiente, ubicada en Acatitlán, Valle de Bravo, México